En el nombre de la realidad, el pasado no siempre vuelve

El orto, el mediodía y el ocaso de bares y restaurantes se pueden acelerar con el huracán del precio de los alimentos, la sombra del desabastecimiento, la resaca de las restricciones de la sexta ola y las significativas idas y venidas del coste energético

El aumento de precios o la falta de productos pueden suponer el talón de Aquiles para algunos bares
El aumento de precios o la falta de productos pueden suponer el talón de Aquiles para algunos bares FOTO: La Razón La Razón

La historia de la restauración se escribirá este mes de abril con la métrica de la (in)certidumbre mientras nos refugiamos, literalmente, bajo el palio del deseo a la vuelta a la normalidad. No podremos ganarnos el futuro como pitonisas para averiguar el presente de la restauración, tal y como está la situación, aunque las predicciones se cumplan al pie de la letra. Tampoco debemos exagerar ni edulcorar la realidad.

El orto, el mediodía y el ocaso de ciertos establecimientos se pueden acelerar con el huracán de la subida de los alimentos, aceites y resto de materias primas, la sombra del desabastecimiento y la resaca de las restricciones de la sexta ola. Estos episodios marcarán el devenir de la hostelería y pueden convertirse en el talón de Aquiles de algunos bares y restaurantes. Estarán de acuerdo que, irremediablemente, al hablar de la restauración se aconseja ser prudentes, transparentes y empáticos del futuro a corto plazo.

La incertidumbre es una glotona y se alimenta de cualquier clase de dudas. Por eso hay que robarle tiempo al tiempo en busca de la esperanza. Créanme la comparación no es azarosa ni el kit de reflexión incluye ninguna cuestión de fe. Y es ahora, sobre esta valoración sobre las que quiero extender mis consideraciones, sin negar que el daño puede volver a ser severo.

La única terapia de apoyo al sector es que no vuelvan las medidas restrictivas y se solucionen las significativas idas y venidas que planean sobre el precio de algunos productos y el coste del gasto energético para poder mantener los negocios abiertos. Esa es la clave para garantizar la viabilidad y preservar su existencia con el fin de evitar una nueva performance fatídica de persianas bajadas.

Los peligros por desgracia los tienen bien presentes y las oportunidades tendrán que descubrirlas. El rodaje de la vida hostelera cotidiana permanecerá con los mismos decorados pero distinto guion y diferentes diálogos entre clientes y camareros. La primavera real habrá que abordarla con magras expectativas y menguantes miedos. Aunque la vida de los bares y restaurantes tras los dos años vividos no será un «la la la», parafraseando parte de la letra de otra canción inolvidable que interpretaba Lina Morgan «agradecidos y emocionados, solamente podemos decir, gracias por…. sobrevivir». De la operación triunfo del ayer pasamos a la operación constancia de la legitimidad del presente con la esperanza de que no se desborde un supuesto río caudaloso de inconvenientes mientras chapotea la villana incertidumbre con fruición en la ciénaga de posibles cierres, ceses de actividad y traspasos.

En hostelería, no se puede afirmar que nunca… es nunca jamás como tantos episodios del pasado reciente, pandemia incluida, han confirmado. La crisis volverá a rondar, pasará revista y esperemos que no toque a la puerta. No hace falta ser un profeta para reconocer que en la hostelería no todo está en quiebra, pero parte de lo que está puede pasar a la categoría de cuestionado. No es momento de trasladar teorías sin poso, ni chascarrillos científicos sin contenido, ni especular con la (im)prudencia ajena, suerte y paciencia a los que han sufrido en parte las consecuencias señaladas. Mientras algunos vaticinan un abril marcado por el termómetro hostelero a alta temperatura, ojalá sea así, la confianza y el optimismo no deben faltar. En el nombre de la realidad, el pasado no siempre vuelve.