Cultura

Los rusos ya pueden enseñar sus esvásticas

La abolición de la Historia, así a lo bruto, ha sido y es el objetivo último de todo régimen autoritario. Lo demás son minucias frente a la reescritura, cuando no la supresión, de los hechos contrastables y cualquier noción de pasado. Antes del photoshop, los técnicos estalinistas, como los trabajadores del orwelliano Ministerio de la Verdad, dieron buena muestra de su pericia a la hora de retocar cuantas fotos del Amado Líder lo pudieran poner en entredicho, ya fuera junto a un jerarca caído en desgracia como (y no es un decir) un simple ciudadano que le indicara con un dedo al viejo Stalin el camino a seguir. ¡Dónde va a parar! En 1995, Rusia, recién descompuesta y ardiendo en deseos de celebrar lo que fuese entre la carestía y la inflación, tomó una medida draconiana con motivo de los fastos de la victoria soviética contra los nazis: prohibir «en todas sus formas» la simbología nazi. Aunque fuera para escarnio del enemigo.

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El problema de borrar la Historia es que caen justos por pecadores y las balanzas se equilibran en el olvido. La restrictiva ley rusa lleva décadas generando controversia. Por ejemplo, según cuenta el portal ruso de noticias «RT», solo el año pasado 1.600 personas fueron multadas (150 en arresto administrativo) por saltarse la norma. Pero es que algunos de los casos son sencillamente kafkianos, como el del señor que publicó en las redes una foto de esvásticas arrojadas al suelo de la plaza Roja tras la victoria soviética en 1945. El buen hombre había rescatado la foto precisamente de un libro escolar de aquellos tiempos, pero aún así tuvo que pagar 1.000 rublos (unos 15 euros).

Otro ciudadano fue pillado, también en la red, por intentar vender insignias nazis ¡sin pixelar! Las artes (cine, literatura, etc...) vienen topándose con una medida que pone en un brete a quienes quieran simplemente recrear aquellos tiempos de la Gran Guerra Patriótica. Finalmente, la Duma rusa ha decidido levantar este veto totalizante acuciada por una nueva celebración: los 75 años de la victoria soviética contra los nazis.

«Nuestra gente quiere honrar la memoria de sus antepasados y defender el legado de la Gran Guerra Patria, pero hacer esto a través de medios visuales, evitando cualquier símbolo nazi, es casi imposible. Los rusos querrán mostrar vídeos, carteles, fotos antiguas para recordar a sus abuelos y bisabuelos», explica la diputada Elena Yampolskaya. La ley deja claro que esta exhibición «carece de fines propagandísticos o de enaltecimiento del nazismo» y que en todo momento se debe señalar que, en fin, ellos son los malos y nosotros los buenos. O, como resume más ajustadamente la señora diputada: «uno nunca debe olvidar cómo son sus enemigos». Al menos ahora podrán verles las caras.