Cuando una secta cree que un niño cura con las manos

Nickolas Butler traza en su nueva novela, «Algo en lo que creer», la psicología del fanatismo basada en un caso real

Nickolas Butler
Nickolas ButlerNickolas Butler

El 23 de marzo de 2008, Kara Neumann, una niña de 11 años de edad, terminó por morirse. La pequeña estaba enferma, pero su familia le decía que rezase para curarse porque de todo padecimiento se sale con la fe. Sus padres rezaban junto a ella hasta que murió. «Para mí fue algo horripilante, porque esa noción de que una niña de 11 años esté enferma porque haya fracasado en su religión, porque su fe es débil o la de su familia, cuando en realidad todo lo que pasaba era que tenía diabetes... me devastó. Todo lo que tenían que hacer sus padres era ponerle una inyección de suero, porque la niña murió de deshidratación. Estaba en todas las noticias y cuanto más leía, más me convencía de que era algo sobre lo que valía la pena escribir», dice Nickolas Butler sobre la trama de su nueva novela, «Algo en lo que creer» (Libros del Asteroide).

Butler, que se define como agnóstico puro, no fue educado en un entorno especialmente religioso, sino en una iglesia luterana «bastante progresista». Por eso, tuvo que llevar a cabo una cierta investigación sobre el funcionamiento de una de esas comunidades más fanáticas. «Estaba decidido que no iría a una de esas iglesias a, no sé, infiltrarme en ella como una especie de detective, porque no me parecía ético. Esta gente cree sinceramente en algo y, ¿quién soy yo para estar tomando notas ahí, en su lugar de culto? No me sentía bien con eso. Pero lo bueno de vivir en 2020 es que tienes YouTube y estas comunidades lo cuelgan todo. Además, vivo en una parte del país donde la radio religiosa es bastante popular y basta con escuchar y experimentar todo ese material», explica el autor del éxito «Canciones de amor a quemarropa», su debut literario. En la historia, un «pastor» charlatán cree que un niño puede curar con la imposición de las manos.

El miedo y la fe

Lo que no deja de resultar chocante es que sucesos como ese tengan lugar en el país más rico y poderoso del mundo. «Este es el país más rico pero la historia completa es que a decenas de millones de personas no les va nada bien en mi país. Y, por otro lado, la verdad es que la gente cree en cultos absurdos en todas partes del mundo. Es una cuestión universal». Lo que hace a estas iglesias casi una secta son otros elementos, como qué es lo convierte en miembro aceptable a alguien. «Se basan en el miedo. Cuando algo va mal en tu vida, es que tu fe es débil y de esa manera te van atrapando más y más para cambiar eso. Pero claro, así es difícil que consigas arreglar tus problemas y cada vez tienes más miedo a vivir. Y eso me parecía muy interesante».

Sin embargo, esto no es un reportaje de investigación, sino una historia de personajes que, aunque puedan resultar arquetípicos, no representan a nadie en realidad más que a sí mismos. «Pensaba en la religión como una forma de magia, porque creo que la ficción es mejor así. No me interesa plasmar solo los hechos, como un científico. Los ateos y los agnósticos también pensamos en qué habrá cuando la vida se termina», explica. Por esa razón, Butler no mira con condescendencia o menosprecio a personajes que creen en la curación por la imposición de las manos o por el aliento, por muy aberrantes que nos puedan resultar esas creencias a los demás. «Desde luego, no se trata de juzgar a esos personajes ni percibirlos como idiotas, sino de entenderlos», afirma el autor.

Otro de los malentendidos que se apresura a despejar Butler es el de tomar el libro como el retrato del Medio Oeste americano. «No se puede presentar el Medio oeste de dos brochazos, porque es una región enorme de América. Puede que sí hable de Wisconsin, pero no sé, Chicago tiene seis millones de habitantes y el paisaje, la gente, todo es muy diferente de lo que estoy describiendo. Mineapolis es puro Medio Oeste, está cerca de la tierra de la que hablo, y, sin embargo, hay una población musulmana gigante. Así que hablar del Medio Oeste de una manera no funciona. No es preciso».

Pues en Europa, la prensa se ha inflado a publicar reportajes sobre la «América de Trump», ya se sabe, con sus paletos, sus supersticiones y su ignorancia. «(Algo molesto) Mira, mi mujer y yo vivimos en el campo. Yo tengo una camioneta pick up que me hace sentir culpable acerca del medio ambiente, pero bueno, es así. Mi pareja es abogada y la persona más inteligente en cualquier contexto que conozco. Viajamos por todo el mundo y la verdad es que no encajamos en esa categoría. Es más complicado que eso. Y la otra cuestión, recogiendo lo que decías, Trump ganó en algunos estados como Wisconsin por 30.000 votos, y Hillary Clinton no lo visitó ni una sola vez. ¿Quiere eso decir que en Wisconsin vive una pandilla de paletos o que alguien la jodió en la campaña? ¿O sucedió porque, bueno, hay mucha desinformación en Facebook y en ese momento nadie era consciente ni estábamos preparados para esas campañas masivas de intoxicación? Creo que son preguntas pertinentes y pienso que para entender la realidad no vale decir sólo: esta gente no parece que sean muy inteligentes».

«No es una novela de ideas, sino de personajes»

Butler no ha escrito una novela de tesis en contra de las creencias. En la historia, la fe sirve a los personajes a superar una grave pérdida. El problema es cuando se cae en el fanatismo. «En la historia hay un espectro de creencias, todos los personajes las tienen, pero de maneras diferentes. Puedes tenerlas, pero ¿cómo encajan las cosas en las que crees con la religión organizada? Y después está muy presente la idea de las comunidades. No escribí la novela pensando en ideas, sino en personajes. Y luego permití que las ideas se filtrasen», explica el autor