Cervantes: la penúltima víctima de la “estatuafobia”

La estatua del escritor en el Golden Park de California ha sido vandalizada y pintada en ella la palabra «bastardo». El presunto revisionismo histórico en Estados Unidos no distingue entre eximios escritores, militares confederados y mercenarios de esclavos

La muerte del afroamericano George Floyd en Mineápolis a manos de la policía el pasado 25 de mayo ha derivado en la mayor ola de protestas raciales vivida en Estados Unidos desde la muerte de Martin Luther King en el Memphis de 1968. Una crispación que se extendía poco después por todo el país, reabriendo viejas heridas y movilizando a cientos de miles de personas contra el racismo y el abuso policial. De manera paralela a estas masivas protestas, las grandes ciudades y otra veintena de localidades declararon durante varios días consecutivos el toque de queda, al que dieron lugar saqueos a múltiples establecimientos, incendios de material urbano y algunos focos puntuales de violencia contra las fuerzas de seguridad y entre los manifestantes.

Ahora, casi un mes después del inicio de las protestas raciales, la crispación manifestada en repetidas convocatorias, por lo general pacíficas pero con algún aislado caso de violencia, se han ido transformando en una serie de actos vandálicos contra la memoria histórica de EEUU. Y es que estatuas y monumentos que recuerdan momentos clave de la historia y cultura del país están en el punto de mira: una veintena de ellas han sido derribadas en las últimas semanas. Una de las que más ha llamado la atención por su falta de connotación política es la emblemática escultura dedicada a Cervantes en el Golden Gate Park de la ciudad de San Francisco, que aparecía destruida con pintadas de símbolos fascistas y el grabado insulto «bastardo». ¿Por qué Cervantes?

Defensa y respeto

«La cultura, idioma, historia y herencia hispana deben ser defendidas y respetadas», lamentaban en un comunicado desde el Think Tank español que promueve las relaciones entre España y en EEUU, The Hispanic Council. Y es que, también en California, la escultura del misionero español Fray Junípero Serra fue derribada en Ventura. «Asistimos con tristeza al derribo de la estatua. Lejos de ser un “genocida” o un racista, este franciscano mallorquín representó todo lo contrario», añadió The Hispanic Council. Las primeras obras en ser destruidas unos días antes fueron las de Cristóbal Colón, de manera permanente en el punto de mira del revisionismo histórico. Consideradas por activistas como símbolos racistas, las estatuas en Massachusetts, Minnesota, Florida y Virginia, así como la de otros líderes del ejército confederado, han sido objeto de la ira de radicales que han participado en las recientes protestas contra el racismo.

Los actos vandálicos tras las impactantes imágenes de la asfixia a la que fue sometida el afroamericano George Floyd por un policía blanco, hecho que ha desatado la creciente cólera en el conjunto de la sociedad estadounidense pero especialmente entre los ciudadanos de raza negra, se están multiplicando por otras grandes y pequeñas ciudades del país. Los símbolos de la Confederación, un grupo de estados del sur que lucharon para mantener a esclavos afroamericanos durante la Guerra Civil estadounidense, entre 1861-1865, se encuentran entre los objetivos principales.

Colón decapitado

De hecho, muy cerca del lugar donde se produjo la muerte de Floyd, una estatua de Colón de tres metros de altura fue derribada en la localidad de Saint Paul, adyacente a Mineápolis. También otro monumento del explorador europeo, alzado en un pedestal en pleno centro de Boston, fue decapitado con furia. En Virginia, una estatua que recordaba la figura del presidente de los estados confederados, Jefferson Davis, fue derribada en Richmond. Cristóbal Colón es recordado tanto en los libros de Historia como en las calles de todo el mundo como el marino que lideró la expedición española en la conquista del Nuevo Mundo, llegando por primera vez al continente americano en 1942. Pero algunos activistas y nativos americanos se han opuesto durante décadas a honrar su memoria, alegando que sus expediciones llevaron al genocidio de sus antepasados.

Pero los personajes históricos extranjeros no son los únicos blancos de los ataques. Una estatua de George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, también fue derribada por manifestantes que participaron en las protestas raciales en la ciudad de Portland, en el estado de Oregón. Según las imágenes que mostraron diversos medios de comunicación, los responsables prendieron fuego a su cabeza, pintaron la estatua con mensajes como «colonialista genocida», «estás en tierras nativas» y «1619» en referencia al año en que los primeros esclavos llegaron a EEUU. La policía de Portland confirmó que no hubo detenidos porque los causantes de los daños salieron huyendo. Durante la popular celebración de Juneteenth el pasado viernes, que conmemora el fin de la esclavitud en EEUU, otro grupo de manifestantes tiró y quemó la figura del general confederado Albert Pike en la capital estadounidense. Unos hechos criticados con dureza por Trump, quien dijo que «esta gente debería ser inmediatamente arrestada. ¡Una desgracia para nuestro país!», etiquetando a la alcaldesa de Washington en su Twitter.

Algunas autoridades locales y estatales, así como otras organizaciones, están promocionando eliminar aquellos símbolos confederados que se asocien con el racismo y la desigualdad social. El gobernador del estado de Virginia, por ejemplo, anunció hace unos días que la estatua del general confederado Robert E. Lee sería retirada de la ciudad de Richmond, aunque la decisión fue revocada por un juez, que canceló por ahora la orden de Ralph Northam. Por su parte, el presidente Trump rechazó el cambio de nombre de las bases militares estadounidenses nombradas en honor a generales confederados al considerarlas parte de la herencia del país. «Los Estados Unidos de América entrenaron y desplegaron a nuestros HÉROES en estos terrenos sagrados y ganaron dos guerras mundiales. Por lo tanto, mi administración ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias», anunció Trump en Twitter.

Un tema, el de la memoria histórica, a debate y de la más rigurosa actualidad con la creciente crispación que su recuerdo está despertando ahora, y que promete convertirse en foco de mayor atención durante los próximos cinco meses de campaña electoral hacia las presidenciales de noviembre.

Un “revisionismo pueril” cada vez más violento
«Lamento y condeno este revisionismo pueril, simplificador y dogmático. Pena. Mucha pena». Quien ha escrito esto en su cuenta de Twitter es el ministro de Cultura, Rodríguez-Uribes ante los actos vandálicos con las estatuas de Fary Junípero Serra y Cervantes, aunque semanas antes ya había sido Colón blanco de las iras de la masa enfebrecida. Suenan ahora proféticas las palabras de Cervantes en «La Galatea», cuando decía: «Juicio del vulgo, peligroso y casi siempre engañado».