Lea Vicens: «¿Animalista? No, yo respeto al animal, no quiero humanizarlo»

La rejoneadora, que ha pasado el confinamiento en el campo, afronta la temporada más rara de toda su trayectoria "es lo más parecido a estar jubilada después de 14 años entrenando a tope"

Lea Vicens vive en el campo, entre animales, es mujer y torea a caballo. Por la crisis sanitaria ha cambiado los planes de esta temporada 2020. Se adapta y reinventa. Sorprende.

-Está metida en el campo, pero le podremos ver a través de Tauroten...

-Sí, estoy participando en la plataforma digital con otros cinco toreros y pretendemos trasladar a los abonados parte de nuestra cotidianidad. Creo que el mundo del toro necesita ser contado y aquí tenemos una gran oportunidad. El público ve el espectáculo, pero no conoce, siempre, lo que hay detrás.

-Si pusiéramos título de película a este año sería...

-La temporada más rara, más triste o más caótica de la historia.

-¿Cómo ha llevado el confinamiento?

-He tenido la suerte de no notarlo tanto, porque vivo casi confinada de manera habitual, encerrada en el campo, pero es un privilegio hacerlo en la naturaleza y no en un piso.

-¿Sigue entrenando igual que una temporada normal?

-Cuando empezó el estado de alarma, la incógnita del virus, toda esta pandemia tan brutal, me vine abajo y me relajé en la intensidad de los entrenamientos. Sigo montando todos los días, pero dejé de presionarme por tener que montar a los quince caballos todos los días y culpabilizarme si no lo hacía. Cuando se empezaron a anunciar los primeros carteles ya me cambió la cabeza.

-¿En qué se ha hecho especialista durante el confinamiento?

-He desarrollado nuevas aficiones, una de ellas es la apicultura, me encanta, voy todos los días a ver a las abejas, aprendo mucho de ellas y de su estructura, de cómo se organizan... He descubierto una pasión. Y otra de las cosas que he descubierto que quiero hacer es ofrecerme para hacer una actividad turística en la finca para enseñar mi mundo desde dentro.

-¿A quién pondría en cuarentena?

- No soy nadie para poner en cuarenta, pero creo que a nivel político deberían preguntarse si están haciendo bien las cosas.

-Su sector ha tenido un estado de alarma movido.

-Ha sido vergonzoso cómo dejan de lado a la tauromaquia. Creo que en este caso han sido los políticos los que nos han toreado. Es una pena que la tauromaquia se politice, porque es un auténtico tesoro.

-¿Es feminista?

-Considero que hay que trabajar la igualdad, pero no comparto nada una ideología militante ni politizar el feminismo. Defiendo los valores de cada uno de manera igualitaria.

-¿Qué le diría a Pablo Iglesias?

-Le pediría respeto. Él pide eso permanentemente, pero no lo pone en práctica con aquello que no le gusta.

-¿Y a un animalista?

-Que se vengan una semana conmigo, sin hablar. Y luego que me digan su opinión.

-¿Se siente animalista?

-No, no me siento animalista, porque como feminista, y casi todo lo que acaba en «ista», tiene una connotación militante y no me gusta. El animalismo tiene un concepto de bienestar animal totalmente humanizado. Piensan que el animal está feliz si lo tratan como un humano y ya el concepto de felicidad me escama. Yo respeto al animal sin cambiar la naturaleza de su especie. Vivo entre animales. Siempre. ¿Cuántos de los que se llaman animalistas lo hacen?

-¿Qué es el valor?

-Valor es dominar el miedo y ser uno mismo en cada situación.

-¿Le molestan los piropos?

-Me encantan, siempre que tengan arte y no sean pesados. Me encantan que me digan bonita, guapa y qué bien lo haces. A nadie le incomoda un halago.

-¿Qué se escucha en una plaza de toros?

-A todos. Desde el que está en barrera al último de arriba.

-¿Y qué ha oído?

-Hay cosas muy graciosas, en pleno momento de concentración te puede caer un «cásate conmigo».

-¿Da tiempo a visualizar por si interesa?

-¡Qué va! Ni a ubicarlo (ríe).

-¿Cómo es el miedo antes de jugarse la vida?

-Yo tengo varios miedos. El más grande es el físico, el que te sube las pulsaciones, se te ponen las piernas flojas y se me dispara cuando veo que el piso de la plaza está mal. Mi cuerpo no lo domina porque la cabeza hila las ideas y sé que el caballo se va a caer y va a haber una tragedia. Luego está el miedo al toro, yo le tengo mucho respeto, pero miedo físico no, porque he trabajado para dominarlo. Y luego está el escénico en el que entra el juego el temor al fracaso.

-¿Cómo vive ahora sin asomarse a esos miedos?

-Como si estuviera jubilada. Me estoy asomando al futuro. Llevo 14 años entrenando a tope con mucha presión y es la primera vez que me he permitido bajar la guardia un par de meses.

-Cuando se abra la veda de los conciertos, ¿a quién irá a ver?

-Tengo muchas ganas de ver a Ben Harper en directo.

-¿Qué canción le ronda ahora?

-El silencio y los pájaros, es una buena melodía cuando estás en el campo.

-¿Cuáles son las vacaciones idílicas?

-No soy de vacaciones, porque mi vida son unas vacaciones.

-Afortunada...

-Me lo he currado tela, no ha venido Papá Noel a traerme nada. Pero sí, me considero una afortunada porque me dedico a lo que me apasiona.