El inicio de la era nuclear

«Little boy» y «Fat man» cambiaron el orden mundial y las potencias comenzaron a desarrollar material atómico como arma disuasoria. ¿Quién pulsaría antes el botón rojo?

Jamás un arma ha desatado tanto miedo y ha generado a la vez tanta cultura a su alrededor. Los ataques de Hiroshima y Nagasaki supusieron un antes y después en la historia de la humanidad. Ni siquiera la irrupción del gas, la artillería, las ametralladoras, los aviones y los tanques, que tantas huellas psicológicas dejaron en los soldados de la Primera Guerra Mundial y que cambiaron para siempre la manera de afrontar los conflictos bélicos por parte de las naciones, habían desatado tantos temores en el colectivo de las distintas sociedades. Aquel 6 de agosto de 1945, el mundo conocía una manera de devastación como jamás antes se había imaginado y suponía la puerta de entrada en una nueva era, la era nuclear. Ya nada volvería a ser como antes.

Cuando los norteamericanos arrojaron a «Little Boy» y «Fat Man», como se conocían a las bombas que se lanzaron sobre estas dos ciudades niponas, las únicas poblaciones civiles que han conocido hasta hoy esta clase de devastación, se terminaba con una guerra, pero, en realidad, lo que suponía era el inicio de un orden estratégico totalmente diferente y desconocido hasta entonces. Estados Unidos completaba su arsenal con un armamento que lo convertía en la potencia militar hegemónica. Las naciones del planeta se dividieron en ese momento en dos bloques: el americano, conocido como el del mundo libre, y el soviético.

La Guerra Fría, con capital en Alemania, iniciaba una larga partida de desgaste que solo concluiría con la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Washington contó con la ventaja inicial, pero no sospechaba que los rusos no tardarían tan poco en desarrollar sus propias ojivas nucleares. Una de las prioridades de Stalin y los generales rusos durante la toma de la sede del Tercer Reich en abril de 1945 era precisamente hacerse con el agua pesada que Hitler almacenaba en uno de sus laboratorios. Con ese material, los comunistas iniciaron su carrera nuclear.

Cuando los estadounidenses fueron conscientes de que sus adversarios rusos también habían desarrollado una bomba atómica, el miedo se apoderó de la gran potencia americana. Las armas nucleares son principalmente disuasorias y, salvo al final de la Segunda Guerra Mundial, jamás se han empleado con posterioridad a pesar de la infinitud de conflictos que se han sucedido después, como la Guerra de Corea, Vietnam, Afganistán o las dos de Iraq, por mencionar solo algunos de esos conflictos. Pero existieron dos momentos donde la población mundial temió que se desencadenara una Tercera Guerra Mundial de consecuencias imprevisibles.

El auge en la Guerra Fría

La primera fue la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962. La pretensión de Fidel Castro de colocar misiles balísticos de medio alcance, contó con la aprobación de Nikita Jrushchov. Esto suponía una amenaza inmediata para las principales ciudades de Estados Unidos, y Washington no estaba dispuesto a tolerar que se instalaran cabezas nucleares a apenas unos minutos de los principales puntos neurálgicos de sus instituciones. Los hermanos Kennedy, con mucha diplomacia, mano izquierda, y sujetando a los halcones de su gabinete de generales, consiguieron un acuerdo para que Rusia frenara los barcos que transportaba el armamento.

La segunda ocasión es menos conocida, pero fue el momento que más cerca estuvo el mundo de enfrentarse a una destrucción nuclear. Los ejercicios militares Able Archer 83, desarrollados por la OTAN el 11 de noviembre de 1983 en Europa Occidental, fueron interpretados por la Unión Soviética como una iniciativa real y no como una simulación. Una idea que los espías del KGB consideraban cierta debido a intención por parte de EEUU y sus aliados de situar misiles de Pershing II en esos territorios. La reacción de los rusos fue declarar el estado de alerta nuclear en Alemania y Polonia. La escalada militar terminó cuando la OTAN decidió concluir esos ejercicios.

Desde 1945, se han llevado a cabo en el mundo 2.153 explosiones nucleares

Pero eso no ha supuesto que la neurosis de una explosión militar haya desaparecido del horizonte de la población. Ese miedo continúa. Y con razón, porque desde 1945 se han llevado a cabo en el mundo 2.153 explosiones nucleares. Según los países iban adquiriendo la tecnología para desarrollar estas armas aumentaron las detonaciones. Son especialmente numerosas durante los años de la Guerra Fría, cuando más países quisieron experimentar con esas armas. Incluso España especuló con la posibilidad de hacerse con una durante el franquismo. Esto ha generado todo tipo de reacciones en la población. En Estados Unidos se enseñaba a los alumnos que acudían a los colegios a protegerse debajo de los pupitres en caso de un ataque ruso. También se idearon búnqueres para sobrevivir a una posible lluvia radioactiva. Un pánico que fue alimentado desde películas como «El día después» (1983), pero también ridiculizado en cintas como «Teléfono rojo, volamos hacia Moscú» (1964), de Stanely Kubrick.

Las detonaciones que Francia realizó en atolones del Pacífico dio pie a que el cine inventara criaturas como Godzilla. Ni siquiera la desaparición de la Unión Soviética calmó el ánimo. Al revés, dio pie a novelas y películas que especulaban con la posibilidad de que un grupo terrorista robara una ojiva nuclear de la extinta URSS o robara códigos secretos de estos misiles para hacerlos explotar en una ciudad. Lo curioso es que estas armas, ideadas para destruir al hombre, también podrían suponer su salvación. La NASA especula que estos misiles podrían ser empleados para desviar de su trayectoria a esos meteoritos que podrían colisionar contra la Tierra.