Stalin, el hombre que impidió que España entrara en la ONU

Contó con el apoyo de Truman, pero él fue el responsable de que se aislara a nuestro país después de la Segunda Guerra Mundial

“Hago este viaje decidido a ganar la paz. Haré cuanto pueda por salvar a los pueblos hambrientos y esquilmados por la guerra (...). Ésta es la única política aceptable”, escribía Truman, presidente de los Estados Unidos, durante su travesía atlántica a bordo del crucero Augusta, que llegó al puerto alemán de Bremerhaven el 14 de julio de 1945. Harry S. Truman (Lamar, Missouri, 1884, Kansas City, Missouri, 1972) se dirigía a una cita histórica, la Cumbre de Potsdam, que debía rematar la Segunda Guerra Mundial y resolver los problemas suscitados por ella. Truman, de fuertes convicciones morales y religiosas, hijo de campesinos, no pudo acceder a la Universidad por falta de medios y tuvo que abrirse camino en la vida a dentelladas, alcanzando un escaño senatorial a sus 50 años, mostrándose trabajador incansable, íntegro y discreto.

Virtudes, que, a falta de un candidato más brillante, le llevaron a la vicepresidencia acompañando a Franklin D. Roosevelt en las elecciones de 1944, desde la que alcanzó la presidencia por la muerte de Roosevelt el 12 de abril de 1945. ¡Inmensa carambola!: “Harry S. Truman había sido ignorado en las grandes ocasiones. Cosa increíble, Roosevelt sólo había hablado con él una vez entre la convención demócrata de 1944 y la investidura de 1945. En resumen, cuando estrenó la presidencia nadie conocía sus cualidades ni podía prever que ese hombre modesto tendría el valor para tomar tres de las más grandes decisiones de la historia estadounidense: la primera bomba atómica, el Plan Marshall y frenar a los comunistas en Corea” (John Gunther, “El hombre de Missouri”).

Tres decisiones clave

Pero, primero, le aguardaba una confrontación morrocotuda con dos políticos excepcionales: Winston Churchill y Iósip Stalin, Premier británico y Secretario General del PCUS, respectivamente. Churchill llevaba treinta años en la cima política; Stalin dominaba dictatorialmente la URSS desde 1922. Un trabajo abrumador: calmar las suspicacias de Churchill a causa de su inexperiencia internacional y frenar a Stalin en su codiciosa dominación de Europa Central. Pero tenía varios ases: dinero, alimentos y la bomba atómica, que fue probada durante su viaje a Alemania.

Truman abrió la Cumbre el 17 de julio poniendo sobre el tapete las grandes cuestiones pendientes: un Consejo de Ministros de Exteriores que estudiara los tratados de paz con los vencidos; la administración de Alemania; el reconocimiento de los derechos democráticos de los países damnificados por la guerra y el apoyo a su reconstrucción; la paz con Italia y su ingreso en la ONU. Churchill respaldó el cuestionario, pero Stalin, tenía otros intereses: reparto de la flota alemana, indemnizaciones de guerra, relación con los satélites del Eje y fijar las fronteras de Polonia.

Fue trabajosa la creación de un Consejo de Ministros de Exteriores. Truman proponía que lo constituyeran los Cinco Grandes, pero Stalin anuló a China y Francia entro con oposición soviética. En la administración de Alemania cada potencia sería soberana en su zona; Alemania dependería de la Comisión de Control compuesta por los cuatro ocupantes, que tendrían derecho a veto. Respecto a la democratización alemana, lo prioritario era desnazificarla; lo segundo, limitar sus funciones a las municipales; del conjunto administrativo y político se ocuparía la Comisión de control, que encadenó los desacuerdos durante toda la Guerra Fría.

España entra en juego

El tercer punto se pasó de refilón por la sideral la distancia que separaba las ideas occidentales de las soviéticas respecto al funcionamiento de los países liberados del nazismo. Italia suscitó poco debate: los occidentales, que la ocupaban militarmente, garantizaban su democratización; los soviéticos esperaban cambiarlo todo con el triunfo del PC. Italiano, concediendo, incluso, su acceso a la ONU, que, sin embargo, se negó a España. Por lo que nos afecta hay que añadir que la situación española respecto a la ONU ya venía malparada desde la conferencia de San Francisco del 26 de junio anterior por la moción contraria de Australia y México pero Stalin fue decisivo en Yalta negándose a la admisión de España “sine die” con el apoyo de Truman y Atlee. Esa decisión de Postdam impidió el ingreso español en la ONU hasta 1955, tras sus acuerdos con Washington.Una jugada que contribuyó a nuestro posterior aislacionimo.

Polonia provocó múltiples problemas: fijación de fronteras con la URSS y con Alemania, donde Moscú impuso que esta perdiera sus mejores tierras realísticas, lo mismo que su control político, determinante para el futuro comunista polaco. Respecto a las indemnizaciones se impuso la cifra estadounidense de 20.000 millones de dólares, a distancia sideral de la realidad: la URSS se quedó con el 50%, además del saqueo del territorio alemán que ocupaba, de donde se llevó hasta los clavos. Finalmente, desde allí Truman envió a Japón el ultimátum de la bomba atómica. En Potsdam había tantas cosas que solucionar, tantas divergencias respecto a cómo hacerlo y tantos intereses enfrentados, que muy pocas cosas se resolvieron. Durante toda la década siguiente y aún después, los asuntos no solucionados perturbarían el escenario internacional. Tras esa cumbre, los tres grandes se despedirían para no volverse a reunir.