La última Rosa María Sardá: una apasionada y luminosa amante

Ángeles Reiné dirige “Salir del ropero”, una comedia protagonizada por Verónica Forqué y la recientemente fallecida actriz

En el corazón de Rosa María Sardá cabían muchos personajes, multitud de nombres, diversos géneros, infinitas pasiones. Antes de dejar huérfanos los escenarios y las tablas y marcharse definitivamente por culpa de una destructiva enfermedad llamada cáncer el pasado 11 de junio, la polifacética intérprete dejaba unas palabras y una película. El primero de los legados lo pronunció en su última entrevista televisiva con un tono impregnado del cariz luchador que de forma continua definió su trayectoria: “No todo está perdido si de verdad alguien pone hilo a la aguja, si de verdad arrimáramos el hombro. No todo está perdido si de verdad fuésemos un país unido y solidario”. El segundo, aterriza ahora en las salas en forma de homenaje involuntario al recuerdo de la intérprete de la mano de la directora Ángeles Reiné.

En esta ópera prima coral cuyo título, “Salir del ropero”, ya advierte de la temática del relato, la Sardá se pone en la piel de Celia, una mujer que pese a su ya experimentada edad está viviendo en libertad, después de años de silenciamiento y discreción, una sincera historia de amor con Eva (interpretada por una honesta y siempre en perfecto equilibrio con el universo Verónica Forqué). Pero quererse no les basta. También quieren casarse. Entre simpáticos malentendidos, escarceos inesperados, alguna que otra moralina y rupturas de convencionalismos transcurre esta historia de aceptación y amor ubicada en los inspiradores paisajes de Lanzarote.

Reiné reconoce el enorme privilegio que supuso trabajar con la catalana: “Siento mucha gratitud hacia la vida por haberme dado la oportunidad de conocerla. Le gustó tanto el personaje de Celia desde el principio... Me dijo que tenía un arco interpretativo muy interesante para una actriz. Era un gran ser humano”. En efecto, las aristas de Celia son muchas, igual que la de la mayoría de los personajes que componen la cinta, a cada cual más distinto y encasillado al mismo tiempo en su propia particularidad. “Juzgamos continuamente a los demás. Incluso a nosotros mismos. La familia de la cinta está llena de diferencias y de libertades porque la vida funciona de verdad cuando se basa en estos dos elementos”, concluye.