“Matar cansa”: Mi idolatrado psicópata ★★✩✩✩

Autor: Santiago Loza. Director: Alberto Sabina. Intérprete: Jaime Lorente. El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid. Hasta el 22 de noviembre.

El estreno hace tres años de “He nacido para verte sonreír” fue prácticamente la carta de presentación en nuestro país de Santiago Loza, un autor argentino del que nos habían hablado maravillas los que conocían sus textos. Ahora llega a Madrid otra obra suya que, igual que la anterior, ha encandilado a los profesionales que se han ocupado de llevarla a escena, pero que, como aquella, no termina de entusiasmar en el mismo grado a los espectadores que son ajenos a la producción.

Escrita en forma de monólogo y dirigida por Alberto Sabina, “Matar cansa” cuenta básicamente la admiración de un individuo por un asesino en serie, y parece fundamentar su literatura en cómo el tipo en cuestión es capaz de tener y expresar sentimientos hacia el criminal muy parecidos a los que cabría atribuir a una relación de amor o fascinación al uso, es decir, a una relación aceptable moralmente. El problema es que tras el valiente punto de partida no se vislumbra mucho más: la obra, por desgracia, no llega nunca a pisar un terreno intelectualmente fértil tras su incómodo y provocador planteamiento. Como consecuencia, uno se aburre más de lo debido en su butaca y se pregunta, a mitad de función, qué le quieren contar y cuándo se lo van a contar; después, a la salida, concluirá que, ciertamente, mucho no ha sido. Y ello a pesar del meritorio trabajo interpretativo.

No obstante, el joven Jaime Lorente –conocido por series como “La casa de papel” o “El secreto de Puente Viejo”– habría sacado más partido a su personaje si este no estuviera –entiendo que por decisiones de dirección– subsumido a un permanente estado de pasmo ante las fechorías del asesino. Un estado que, por ser tan ajeno a cualquier espectador normal, se convierte en un obstáculo para que este pueda comprender dramáticamente al protagonista; para que pueda entrar a fondo en su alma.

Al margen de la interpretación, cabe destacar el trabajo de David Picazo en el diseño de la iluminación, con un bonito manejo de las sombras en algunas escenas que parece rendir homenaje al cine clásico de terror.

Lo mejor

El interés de Jaime Lorente por embarcarse como productor en un trabajo tan teatral y tan ajeno al circuito comercial

Lo peor

Hay un perfume de efectismo en toda la obra que dificulta una conexión verdadera entre personaje y espectador