Literatura

Agustín Cerezales Laforet: «Es un enigma que “Nada” se escribiera con 23 años»

Aprovechando el centenario del nacimiento de Carmen Laforet, el hijo de la autora publica «El libro de Carmen Laforet», donde aborda su universo literario y su vida personal

Agustín Cerezales Laforet, escritor e hijo de Carmen Laforet
Agustín Cerezales Laforet, escritor e hijo de Carmen LaforetDestino La Razón

Escritor, traductor y periodista, Agustín Cerezales Laforet, luce con orgullo (no es para menos) un título del que pocos pueden presumir, el de ser hijo de doña Carmen Laforet. Y como tal no duda en celebrar el aniversario del nacimiento de su madre por todo lo alto. Un centenario en el que, dice, no hay ningún reproche: «No echo nada en falta. Se está haciendo todo magníficamente bien». Además, a final de mes saldrá un título que él mismo firma en Destino, «El libro de Carmen Laforet», donde relata la vida y la obra de la escritora.

–¿Cuál es el legado de su madre?

–Nos dejó una visión limpia y clara del mundo. Una perspectiva profunda y perspicaz que, a la vez, nos ayuda a vernos a nosotros mismos.

–¿Lograr ese reflejo es el principio para hacer que una obra no tenga fecha de caducidad?

–Sí. Realmente es un clásico y los clásicos nos acompañan siempre. Por experiencia, he conocido mucha gente para la que la lectura «Nada» supuso un momento importante en sus vidas. Y eso, siendo hijo de la autora es un buen motivo de orgullo.

–¿Cuándo se dio cuenta de que su madre era una figura de las letras españolas?

–Es cierto que lo de «figura» es correcto, pero, aun así, no cuadra con su manera de ser. No iba de estrella. Como supe desde pequeño que era escritora, automáticamente yo me consideré escritor. La literatura y mi familia van de la mano.

–¿Recuerda la primera lectura de «Nada»?

–No, pero sí puedo decir que la he leído en distintos momentos de mi vida.

–¿Muchas veces?

–Tampoco en innumerables ocasiones, cuatro o cinco.

–Si tuviera que escoger una sola obra de la factoría Laforet sería...

–Es muy difícil elegir entre sus cuatro grandes novelas. Me gustan todas por unos motivos u otros. Guardan una relación muy fuerte conmigo pese a ser mundos distintos. Quizá haya algo en «La insolación», su última novela, que hace que me encante más que las otras... [Se queda pensando] Pero «La isla y los demonios»... [Resopla] No puedo elegir... ¡Y «La mujer nueva», por supuesto! Esta por su complejidad; «La isla y los demonios» por su frescura y limpieza; «La insolación» porque parece que estás escuchando el rumor de la vida adolescente; y «Nada» porque es obvio.

–¿Cómo fue el terremoto que provocó «Nada»?

– Azorín fue de los primeros que celebraron la aparición de la obra. Lo hizo con mucho entusiasmo. Él, que fue un grandísimo escritor y lector, dijo que marcaba la novela como hicieran Galdós y Baroja. Entendió que era la nueva forma de escribir. El cine tuvo su correspondiente influencia en el salto que dio la novela. Juan Ramón Jiménez también dijo que era un título de «hoy, mañana y siempre». Y si los grandes lo percibieron rápidamente, el público no fue menos. Fue unánime.

–¿Si Andrea, protagonista de la obra, es «hija» de su madre, usted la considera una hermana?

–Es un personaje completamente vivo. Hace tiempo que salió del libro. Pertenece a todos. Si la vemos por la calle la reconoceremos sin problemas.

–¿Cómo se logra un texto tan redondo con apenas 23 años?

–Es un gran enigma. Pero he llegado a la conclusión de que se debe a varios factores. Uno: fue precoz desde niña, a los diez años ya había leído a Galdós en los «Episodios nacionales». Dos: tenía una gran inteligencia, maduró muy rápido por una adolescencia difícil en la que su madre murió y su padre se casó con una madrastra de cuento. Se fue a Barcelona recién terminada la Guerra Civil y las experiencias fuertes la hicieron madurar. Y tres: era poeta, tenía otra dimensión. No había voluntad de ser poeta, sino que simplemente lo era.

–¿Laforet nos ayuda a día de hoy a comprender/vivir la posguerra?

–Sin duda es un documento muy vivo de los efectos de la guerra como puede comprobarse.