Juan Eslava Galán: «La memoria del nazismo se banaliza cuando conviertes en turismo los campos de concentración»

Publica una «Enciclopedia nazi contada para escépticos» donde expone todos los términos del Tercer Reich y explica sus ideas, términos y trata de aclarar cómo pudo emerger su gobierno de terror

El escritor Juan Eslava Galán
El escritor Juan Eslava GalánDAVID JAR

Juan Eslava Galán recorre el Tercer Reich desde su líder, Hitler, hasta los reservados del Salón Kitty, un burdel de lujo frecuentado por jerarcas alemanes y atendido por unas chicas políglotas y guapas que fueron ensalzadas por Dionisio Ridruejo. Su «Enciclopedia nazi contada para escépticos» (Planeta) da cuenta de las ideas que consolidaron ese régimen que propició una guerra mundial y alentó el Holocausto. Las mismas palabras que el nazismo aventó para extender su terror sirven hoy para juzgarlo mostrar su miseria y mezquindad.

¿Es una enciclopedia sobre la maldad?

Mi planteamiento era entender el nazismo y dar al lector una composición histórica. Pero estoy de acuerdo de que también es una enciclopedia de la maldad porque el nazismo es intrínsecamente perverso.

¿Qué concepto le asusta más?

Casi todos lo que usaron estaban en el ambiente o los habían sacado de ideas anteriores. En esto eran poco originales. Pero existe un tema en el que he puesto el foco: cómo se pasa en tres meses de una democracia a una dictadura ante la aquiescencia del pueblo.

¿Y cómo sucedió?

Con el incendio del Reichstag se aplicaron medidas excepcionales para, se supone, proteger a la democracia. Esto condujo a la vez a otra media excepcional y luego a otra... no se puso freno. Es impresionante cómo una democracia se deslizó hacia una dictadura sangrienta.

Y no hubo reacción.

El pueblo alemán está agraviado por la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Versalles resultó una venganza de los franceses y un abuso. Hitler fue capaz de verbalizar el malestar y Hitler, que poseía una oratoria devastadora, convence al pueblo de su país. Además, tiene de su lado la batalla de la propaganda. Esta se hace con dinero, pero cuenta con el apoyo de la banca y la industria, que están asustados frente al comunismo, el tigre que recorre el mundo en ese momento. Hay que ser consciente de que la Revolución Rusa es muy reciente y que en Alemania residen muchos comunistas. Estas personas pensaron que había que favorecer al nazismo y porque eran los únicos que se enfrentan al comunismo. Esto unido a una propaganda convincente, que estaba en manos de Goebbels, logró instaurar el terror. Siempre, decían, que lo hacían todo para protegerte del comunismo, claro.

¿Nada más?

A partir de ahí, los nazis conducen a algunos a campos de internamiento, que empiezan desde el principio. Todavía no son exterminio, pero pasar ahí una temporada debe quitar las ganas de todo. En el fondo lo que aplican es un conjunto de normas sobre el pueblo alemán. Algunos ciudadanos piensan que puede sacar beneficio y otros, en cambio, se repliegan. No hay una oposición y cuando empieza la guerra, por un chiste, te fusilaban. El nazismo pasó de ser muy amado por el pueblo en 1938, cuando Hitler fue elegido hombre de año según «The Times», a ser temido. Las democracias de alrededor se habían encogido también, porque no podían iniciar una carrera de armamento. Los horrores de 1914 son recientes, no se han olvidado y los políticos saben que si inician un rearme, los electores no les van a votar. Pero Hitler es un dictador y se metió en esa carrera demencial de lleno.

¿Qué debe la propaganda política de hoy a Goebbels?

La propaganda política tiene en Goebbels un antes y un después. Desde entonces, la izquierda y la derecha imitan su propaganda. Los políticos de todas las épocas lo imitan. El aprendió el uso de los carteles de la Revolución Rusa. Pero él innovó. La radio despegó en los años veinte. Goebbels se preocupó de que desde principios de la década de los treinta hubiera en todos los domicilios una radio. Y también de que se colocaran altavoces en los paseos y las fábricas. A través de ellos se retransmitían los programas propagandísticos nazis.

¿Qué idea que queda viva del nazismo?

El racismo y el nacionalismo. El nacionalismo tiene que ver con el racismo, porque los nacionalistas defienden que son mejores que los demás. El resto son inferiores a ellos y hay que mantenerlos a raya, porque, afirman, vienen a invadirnos. Es una idea básica del nazismo y todavía lo percibimos en los nacionalismos modernos.

¿Se banaliza el nazismo con el turismo de los campos de concentración?

En el momento en que transformas un campo de concentración en un espectáculo turístico, lo banalizas. En los campos de concentración, el alambre de espino es nuevo y las cámaras de gas fueron reconstruidas porque los alemanes las volaron. Estas son cosas se han hecho para hacer memoria, pero la memoria se banaliza cuando haces turismo, cuando llegan los niños con latas de Coca-cola en la mano para ver dónde mataron a los judíos. Eso supone un riesgo: el de insensibilizar a la gente.

En nuestras democracias se han adaptado medidas de excepción por nuestra seguridad, sobre todo a partir del 11-S.

La democracia siempre está en riesgo. La democracia tiene que buscar acomodo entre la libertad del individuo y la protección de comunidad. La tendencia del individuo es ceder a la libertad por seguridad. Cuando entregamos muchas parcelas de nuestra libertad, das un paseo y te graban cinco cámaras, tus cuentas bancarias y sentimientos están expuestos al Gran Hermano, que ya existe, obviamente has renunciado a parte de ella. En democracia, la tendencia es que vayamos a una forma de dictadura soterrada por la seguridad. El nazismo aspiraba a controlar. Hitler dijo una vez: «Me resulta indiferente lo que usted piense, porque tengo yo a sus hijos». Tenía razón. Desde el nacimiento educaban a los niños en sus escuelas y al crecer los enviaban a las juventudes hitlerianas. Él decía que iban a seguir forjando ciudadanos hasta el final.

Pues la educación hoy falla. ¿Es peligroso?

Se crean ciudadanos sumisos en el momento en que no se desarrolla su criterio y cuando no se les enseña a pensar. Si no se estimula la rebeldía sana que debe haber en los ciudadanos jóvenes, estos se van acomodando a la vida y se les quitan las ideas. Ahora han suprimido la filosofía y otras asignaturas por una tecnología que está en el ambiente y que el niño va a captar de igual manera.

Sorprende que ningún nazi fuera ilustrado.

Hitler, en los discursos, es devastador. Pero, en cambio, fuera de ellos era un pobre hombre, en todas las facetas de su vida. No tiene apenas cultura, tampoco musical, salvo cuatro operetas y Wagner. Solo le gustaban las novelas del Oeste y en pintura no entiende las escuelas modernas. En su época está la Bauhaus, pero Albert Speer desarrollas, sin embargo, una arquitectura anquilosada, fría, pero, eso sí, de un tamaño sobrenatural para apabullar, aunque sin esencia. Los nazis eran unos indocumentados.

Esto nos enseña que los políticos deben estar formados.

El político debe estar preparado. Recuerdo la imagen patética de Rodríguez Zapatero en Bélgica. Todos hablaban idiomas en la UE, menos él. Y ahí estaba, sin enterarse de lo que sucedía a su alrededor. Un político debe saber al menos ingles, que es el idioma común. En España se da una curiosa contradicción. Para ser barrendero se requiere ser graduado escolar, pero para representar a la ciudadanía dentro del Parlamento no se necesitan estudios. Nadie te los va a pedir.

¿Cómo pudieron rebasar todas las barreras morales?

Uno se acostumbra al horror. Cuando los nazis se ponen a exterminar a los judíos, existe un grupo que van fusilándolos. El problema es que esto afecta a algunos. Tienen que inventar una industria. El exterminio en proporciones industriales se hace para separar el individuo y lo que el individuo hace. Aquí, las personas metían a los judíos y otros en las cámaras de gas y luego sacan los cadáveres. ¿Qué responsabilidad hay? Al principio, no sabían dónde iban los judíos. Se decía que los llevaban a Polonia, Ucrania. Pero en 1943 ya se conoce que los están asesinando. Hay 200.000 alemanes trabajando en los ferrocarriles. Saben que los trenes van llenos de judíos y que regresan vacíos. Los soldados han visto o participado en los horrores. Al final todos los alemanes conocen lo que se oculta. Los que vivían en la proximidad de los campos, olían la carne quemada, que es un olor característico, que no se olvida. Cuando Eisenhower mete a los habitantes de una aldea en una campo de exterminio, estos dijeron que no sabían nada. ¿Es que no olían? Es evidente que existe una responsabilidad. Lo que sucede es que al final del conflicto, se plantea ya la Guerra Fría. No se puede castigar a todo el mundo y se decide enjuiciar a unos pocos y dejar al resto. Los oficiales de la Gestapo pasaron a integrar la policía democrática. Y no pasó nada.

¿Muchas empresas colaboraron con los nazis?

Todas, incluso IBM. Lo único que hicieron al final de la guerra fue separar los grandes trust y continuar como empresas independientes. Después se reunieron con otros nombres. No cambió nada. El planteamiento de los norteamericanos, para que no volvieran a liarla los alemanes, era permitirles el gasto de energía que tenían en 1932. Pero la amenaza de Stalin, les emplazó a idear un estado tapón. Aquí se inventan una curiosa división: los malos son los nazis; los alemanes son buenos. De esta manera perdonaron todo y muchos de estos oficiales nazis se colocaron los primeros en la senda de la Constitución... Pero la complicidad del capital con el nazismo fue absoluta. El nazismo no hubiera podido ser alentado sin el capital de Wall Street, aunque yo comprendo que aquellos banqueros de Nueva York no tuvieran ni idea del efecto que iba a causar eso.

También tenían el Salon Kitty.

Los nazis tenían una moralidad muy estricta, pero eran unos hipócritas. Les gustaba el sexo igual que todos, pero tenían que dar otra impresión. Consideran que la mujer debía quedarse en casa para criar niños robustos y que no se debía degenerar la raza manteniendo relaciones con otras mujeres que no fueran arias. Pero los alemanes, en Rusia, cometieron centenares de violaciones, en la mayoría de las ocasiones, seguida de muerte. Las mujeres son las que sufren siempre durante las guerras y después, debido a que sus maridos han muerto o están prisioneros. Son ellas las que retiran los escombros para sacar el país hacia adelante.

Lo peor de este libro

Escribir sobre los campos de exterminio. Quise hacerlo con distanciamiento para explicar todo, cómo funcionaban, cómo eran... Y hacerlo sin sentimientos, pero resultó muy duro. Fue la parte más... jodida.