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Flower power: el día que la música paró la guerra

Las protestas comenzaron en los campus, se reforzaron con los objetores fiscales y tomaron como símbolo a los monjes quemados a lo bonzo y a personalidades como Muhammad Ali hasta que el Verano del Amor puso banda sonora y mensaje a la oposición antibelicista.

  • Una joven ofrece una flor en símbolo de paz a un oficial de la Policía militar en una concentración ante el Pentágono el 21 de octubre de 1967, en pleno auge de las protestas antibélicas
    Una joven ofrece una flor en símbolo de paz a un oficial de la Policía militar en una concentración ante el Pentágono el 21 de octubre de 1967, en pleno auge de las protestas antibélicas

Tiempo de lectura 8 min.

04 de marzo de 2017. 21:43h

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4/3/2017

«La guerra es una blasfemia contra todo lo que Estados Unidos representa» proclamó Martin Luther King, premio Nobel de la Paz y líder de la lucha por los Derechos Civiles, el sábado 25 de marzo de 1967, frente a una manifestación de unas 5.000 personas reunidas en Chicago para protestar contra de la Guerra de Vietnam. Hasta entonces, Luther King, no se había implicado en la lucha contra la intervención militar de su país en el Sudeste Asiático, pero en las siguientes semanas y hasta el final de su vida, un año después, sería uno de los portaestandartes antibelicistas.

Días después, el domingo 2 de abril, durante el oficio religioso, destacó la inmoralidad de la guerra y 15 de abril se hallaba en la cabecera de la mayor concentración antibelicista en la historia estadounidense: unas 400.000 personas reunidas en Central Park de Nueva York para repudiar la intervención en Vietnam. Durante la manifestación, 175 soldados quemaron sus cartillas militares, siendo éste el primer acto multitudinario del género. Luego expresaron su repulsa ante la sede de las Naciones Unidas. Ese mismo día, en EE UU hubo muchas otras manifestaciones, la más relevante de ellas congregó a 100.000 personas en San Francisco.

La escalada

La intervención en Vietnam se inició con un falso incidente en el Golfo de Tonkín, en el verano de 1964. El presidente Lyndon B. Johnson, en la cumbre de su popularidad (75%), obtuvo del Congreso la autorización para incrementar los bombardeos contra Vietnam del Norte y el número de los «asesores militares» que pasaron de unos 16.000 a más de 60.000. Así comenzó la escalada militar. En 1965, Washington tenía en Vietnam unos 200.000 hombres, que pasaron de «asesores» a combatientes; un año después, 380.000. No eran suficientes: en 1967 solicitó refuerzos y ya eran medio millón de soldados en 1968.

Las protestas crecieron en paralelo con la escalada militar hasta convertirse en un clamor nacional. Las primeras, en 1964, fueron poco más que simbólicas, pero en 1965 se propagaron a 35 campus. Pronto surgieron las demostraciones multitudinarias: en Washington, en Berkeley o en Nueva York salieron a la calle entre 25.000 y 50.000 personas. En Cincinnati, una organización pacifista propuso oponerse a la guerra mediante la resistencia fiscal: al finalizar 1965 contaba con unos dos centenares de centros y en 1966, había más de tres mil objetores fiscales.

También circulaban imágenes aterradoras de monjes vietnamitas budistas (bonzos) convertidos en antorchas, que fueron imitados por algunos estadounidenses, acuñándose la frase de «quemarse a lo bonzo» que hoy figura en el diccionario («Quitarse la vida rociándose de líquido inflamable y prendiéndose fuego en público, en acción de protesta o solidaridad», RAE). La octogenaria Alicia Herz se inmoló así en el centro de Detroit el 16 de marzo y en noviembre, saltaron otros dos casos: uno ante el Pentágono, frente a la ventana del despacho del Secretario de Defensa, Robert McNamara y otro, ante la sede de la ONU. Al concluir 1965, la popularidad de Johnson superaba el 60%; las encuestas mostraban que el 48% de los estadounidenses apoyaban la guerra y sólo se oponían a ella un 28%; y los partidarios del envío de tropas eran el 60%; los contrarios, el 24%.

Mientras la guerra se enquistaba, subía la marea antibelicista: la popularidad presidencial descendió al 45%; los partidarios de la guerra bajaron al 41%, los opositores subieron al 37%. Y los jóvenes de 21 a 29 años, los que tendrían que luchar, eran contrarios en un 71%. Y los que podían se escaqueaban. Más de cien mil jóvenes eludieron la guerra, bien como objetores de conciencia –y cumpliendo penas de cárcel–, bien huyendo al extranjero antes de ser llamados a filas, bien desertando. También hubo enchufados que gracias a sus poderosas familias obtuvieron veredictos médicos eximentes o desempeñaron cómodos destinos en la Guardia Nacional, caso de tres presidentes: Donald Trump, Bill Clinton o George W. Bush jr., que sin saber pilotar militó como teniente en un grupo aéreo. El senador republicano John McCain que combatió en Vietnam y cayó prisionero, ironizaba: «Dormía más tranquilo en las prisiones de Hanói sabiendo que Bush defendía las costas de Texas de la invasión».

La música y las flores

Caso aparte fue el del campeón mundial de los grandes pesos, Mohamed Alí. Fue llamado a filas con 24 años, en 1966 y se declaró objetor de conciencia por motivos religiosos; sus alegaciones fueron rechazadas, pero logró aplazamientos hasta 1967. El Supremo le conminó a presentarse el 28 de abril de 1967, cosa que hizo pero negándose a responder a las preguntas que se le hicieron en la oficina de reclutamiento, por lo cual fue condenado a cinco años de prisión y una multa de 10.000 dólares. Aquel año, mientras se luchaba y moría sin esperanza en Vietnam –por donde pasaron en siete años cerca de tres millones de norteamericanos, en períodos de un año– aumentó el rechazo a la guerra dentro y fuera del país. En mayo, el Tribunal Russell, fundado en 1966 por el Nobel de Literatura y uno de los filósofos más destacados de su época, Bertrand Russell, acusó a EE UU y sus aliados de crímenes contra la Humanidad. La acusación no tenía resultado material alguno, pero mortificaba a Washington.

Todo ello iba gestando un fenómeno político, social y cultural que estallaría en la primavera de 1968, «El verano del amor», en el que se popularizó una frase millones de veces repetida por pegatinas, pins, camisetas y carteles: «Haz el amor y no la guerra». Ese verano, The Mamas & The Papas, popularizaron la canción de Scott McKenzie, «San Francisco» («Be Sure to Wear Flowers in Your Hair»), que fue la favorita de los hippies y una de las más escuchadas de aquellos años («Si vas a San Francisco lleva flores en el pelo. Si vas a San Francisco conocerás a gente amable con los visitantes. Allí, el verano será un amor»). Fue creciendo una inmensa ola anti belicista. Uno de sus fondos sonoros fue la canción de The Beatles «All You Need Is Love», convertida, también, en una de las banderas musicales de la contracultura del momento por su canto a la libertad y a la unidad, que tuvo muchos otros protagonistas como Pink Floyd, Janis Joplin, Jimi Hendrix o Joan Baez. Se estaba gestando el estallido revolucionario del 68 y un cambio radical en la Guerra de Vietnam.

«La manipulación de los pobres»

En protesta contra la pobreza y los programas gubernamentales abandonados a causa del multimillonario gasto militar, Martin Luther King pronunció el domingo 30 de abril de 1967, en su iglesia bautista de Ebenezer, en Atlanta, uno de sus sermones más celebrados y entonces más denostados, al que pertenecen estos párrafos: «Y entonces supe que América nunca invertiría los fondos necesarios para la rehabilitación de sus pobres mientras aventuras como la de Vietnam siguieran absorbiendo hombres, capacidades y dinero, como un tubo de succión demoníaco y destructivo. (...) Se estima que gastamos 50.000 dólares por cada soldado enemigo que matamos, mientras que se gastan solo 53 dólares en cada pobre, que en su mayor parte van a salarios de personas que no son pobres. Eso me ha obligado a considerar la guerra como un enemigo de los pobres y a atacarla como tal». Y proseguía:

«(...) Se me hizo evidente que la guerra estaba haciendo algo peor que aniquilar las esperanzas de nuestros pobres: enviar a sus hermanos, sus hijos y sus esposos a luchar y morir en una proporción extraordinariamente grande en relación al resto de la población. Mandamos a los jóvenes negros, ya arruinados por la sociedad, a 8000 millas de aquí, para garantizar en el Sudeste asiático las libertades que no disfrutan en Georgia o al Este de Harlem. En televisión se reitera una cruel ironía: vemos a jóvenes negros y blancos matando y muriendo juntos por una nación que no ha sido capaz de sentarlos en los mismos pupitres. Los vemos en una solidaridad brutal, quemando juntos las chozas de míseras aldeas, pero sabemos que no podrían vivir juntos en la misma calle de Chicago o Atlanta (...) Ya no puedo callar ante tamaña manipulación de los pobres...». Se estima, en el momento en que Luther King pronunció este sermón o discurso, la población negra en USA era del 12% y los soldados afroamericanos en Vietnam, el 20% y los oficiales de esa etnia apenas llegaban al 2% del total de los «marines».

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