Cultura

Traidores de España

Traiciones para la invasión mora

Uno de los episodios más ilustrativos en términos de traiciones patrias lo refleja el relato histórico que se ha establecido sobre la derrota del rey Rodrigo y la deslealtad sufrida por parte de un grupo de aristócratas que le despreciaban

El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete pintado por Bernardo Blanco, 1871
El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete pintado por Bernardo Blanco, 1871 La Razón La Razón

Se cuenta que la invasión musulmana de la península fue gracias a una doble traición. No voy a entrar aquí si existía España en el 711. Solo entro en cómo se contó la derrota del rey Rodrigo cuando se empezaron a historiar las cosas de nuestro país. Aquí me voy a referir a lo que cuenta la leyenda y la historia tradicional sin entrar en debates historiográficos. No todos los datos son exactos, pero sí dignos de una serie de televisión. No se sabe si el rey Rodrigo murió en Guadalete. Tampoco creo que aquella invasión fuera un castigo de Dios por la corrupción visigoda, como señaló Juan de Mariana en el siglo XVII. En las crónicas astures del siglo IX se señala el pecado de lujuria del rey Witiza y del propio Rodrigo. Esta historia pecaminosa se reforzó con el relato de la agresión sexual a Florinda, o La Cava, hija de un aristócrata. Hay quien dice que fue Witiza, e incluso que no hubo violación, sino que se trató de una «fake news» para socavar la imagen del último rey godo o disculpar la derrota con una traición.

La tradición cuenta que el conde Don Julián, padre de Florinda y gobernador bizantino de Ceuta, traicionó al rey visigodo por violador y permitió la entrada de los musulmanes en España. La agresión a la mujer se habría producio en Toledo. Don Julián había enviado a su hija a educarse a la corte. Allí el rey se encaprichó de ella, cuenta el romancero, y la violó. Al enterarse el bizantino, cambió de bando y favoreció el paso de los ejércitos del Califato Omeya. La recompensa a la traición de Don Julián fue ser nombrado gobernador también de la zona gibraltareña. No acabó aquí la traición. La leyenda cuenta que dos familiares de Witiza, su hermano Sisberto y el prelado sevillano Oppas, tramaron un plan con los Omeya. Los traidores creían que los musulmanes venían a saquear, y que una vez consiguieran su botín volverían por donde habían venido.

Pensaban que se produciría una batalla entre moros y cristianos, lógicamente, y que en ella podría morir el rey Rodrigo. El acuerdo lo selló Sisberto en el monte que ha pasado a llamarse «Calderino», que en árabe significa «monte de la traición». También se dice que los hijos de Witiza estaban en el ejército de Rodrigo y que le traicionaron. La realidad es que los dos hijos de Witiza, muerto con 25 años, eran pequeños, no tenían edad para encabezar un ejército, y, además, habiéndose excluido su familia de la corte, no es probable que Rodrigo les encomendara liderar parte de su tropa. Lo conocido es que al enterarse del desembarco omeya, Rodrigo encabezó su ejército desde Toledo a Córdoba por la vieja calzada romana. Los efectivos pudieron ser entre 12.000 y 14.000 hombres. Se encontraron con los musulmanes en el río Guadalete, en la que hoy es provincia de Cádiz. Los musulmanes, bereberes en su mayoría, eran unos 10.000. Ante la diferencia de fuerzas, Rodrigo atacó. Y fue entonces cuando se produjo la traición.

Una parte del ejército cristiano se retiró en plena batalla, desequilibrando la contienda a favor del bando invasor. Los traidores fueron un grupo de aristócratas celosos del poder del rey Rodrigo, y que le despreciaban. Algunos nobles llegaron a acuerdos con los invasores para mantener su poder económico y social, con lo que el reino visigodo se descompuso por los traidores. De hecho, la mayor parte del avance musulmán se debió a capitulaciones y acuerdos. Si los aristócratas no hubieran traicionado a Don Rodrigo en el campo de batalla, otra hubiera sido la suerte de la batalla, y probablemente de la historia de España. El ejército cristiano estaba mejor pertrechado y tenía caballería, cosa de la que carecían los bereberes. Solo tras la victoria de Guadalete dispusieron de esos caballos que aceleraron la invasión.