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José Manuel Cruz: «La economía se presta a la perfección al género negro»

José Manuel Cruz / Economista y escritor

Ha publicado su tercera novela, «El enclave», en la que une sus dos pasiones, la ficción y los entresijos de la economía financiera mundial con un resultado casi premonitorio: corrupción en paraísos fiscales y realidad social se dan la mano en la obra.

  • José Manuel Cruz
    José Manuel Cruz

Tiempo de lectura 4 min.

22 de mayo de 2016. 21:56h

Comentada
22/5/2016

José Manuel Cruz es un economista que ha logrado compartir su trabajo como asesor financiero con sus dos grandes pasiones: la literatura y el cine. En 2013 se inició como escritor de novela negra con «Sin tregua se consumían nuestros ojos», con la que inició la saga del inspector Tomás Silva y su equipo. A ésta le siguió «El día en que paró la música». Sus novelas retratan la situación de crisis y corrupción económica y política de estos años: especulación inmobiliaria, abusos bancarios, burbuja financiera y corrupción política. En «El enclave» (De los Cuatro vientos), su tercera novela publicada en Argentina –en España saldrá en otoño–, se adelanta a los papeles de Panamá y a los paraísos fiscales. Una filtración que se produce en un país asolado por la crisis económica e inmerso en un tenso proceso electoral.

–¿Está la economía para escribir novela negra?

–Hay circunstancias que ayudan. El problema de base en estos años de crisis es de cultura colectiva y moral cívica. Ciertos comportamientos al margen de la legalidad y de la ética se prestan a la temática de la novela negra, entre la luz y la sombra, lo legal y lo ilegal, el bien y el mal... Esa frontera se presta a ser reflejada bien en el género negro.

–¿Qué hace un economista escribiendo este tipo de novelas?

–La literatura y el cine siempre me han encantado. Pienso que nuestro problema no sólo es material, sino de valores, y escribir me permite expresarlo. Así que, aunque parezcan cosas distanciadas, busco incidir sobre el aspecto fundamental que nos está afectando y nos impide salir del atolladero. En economía, el aspecto cultural y de mentalidad influye mucho.

–¿Qué lugar ocupa en su vida su faceta de escritor?

–Al principio escribí como «hobbie», pero vi que disfrutaba y me permitía enfocar temas que como economista no podía. Así que cada vez me ocupa más tiempo. Ahora hay un equilibrio 55-45 % a favor de la economía. Con la literatura no me alejo de ella, lo que hago es llegar por una vía distinta.

–¿Todas sus novelas comparten el mismo tema?

–Todas abordan la crisis económica y la corrupción, pero hay un segundo nivel de lectura relacionado con valores. Cómo determinadas mentalidades arrastran a los personajes a una situación sin poder impedirlo. Cómo, por su visión de la vida, van derechos a un precipicio y, aunque lo lógico sería parar, acaban cayendo. Estas novelas pretenden explicar qué mecanismos psicológicos y sociales llevan a incurrir en esta conducta.

–Con el inspector Tomás Silva.

–No estaba pensado como una saga, sino como personaje de una sola novela, pero me encariñé con él y con algunos que lo rodeaban y vi que había recorrido para ampliar y seguir.

–En «El enclave» anticipa los papeles de Panamá. ¿Es futurólogo o tenía información?

–Salió en Argentina en marzo y lo de Panamá en abril. No es casualidad, es que el análisis en que se basa no era equivocado. Se sabe que los paraísos fiscales existen y esto hace necesario, obviamente, a una estructura que lleve los fondos desde distintos países hasta ellos sin dejar rastro.

–¿Por qué hemos llegado a esta orgía de la corrupción?

–Adam Smith, en «Teoría de los comportamientos morales», defendía su idea de la mano invisible. El mercado era eficaz para regular el comportamiento económico, pero necesita para ello un fundamento ético sin el cual ni la economía ni la sociedad funcionan. Schumpeter dijo que la economía de mercado podía morir de éxito porque llevaba al individualismo y al materialismo y esto rompía la base ética que necesita. Creemos que olvidándonos del bien común podemos sobrevivir, es decir, «ande yo caliente y ríase la gente», pero si estoy bien a costa de otros es que estamos degenerando.

–Lo malo es que no son casos aislados.

–Lo grave es que esté institucionalizada. La corrupción genera un problema de ineficiencia económica brutal. Una economía no puede funcionar adecuadamente con ese nivel de corrupción, porque supone pérdida de recursos. Detrás de la corrupción siempre hay medidas antieconómicas.

–¿Adónde lleva esto?

–Al descrédito de la política y las instituciones. La sociedad se siente indefensa, sus problemas no se resuelven mientras exista este espectáculo público. El peligro es la aparición de «los iluminados», los populismos que surgen con la desilusión social y la frustración. Con ideas simples que parecen salvadoras, la opinión pública se entrega.

–¿Qué habría que hacer?

–Adoptar medidas ejemplarizantes. Que se visualice que se están tomando medidas eficaces y contundentes para acabar con la corrupción. Es urgentísimo, un prioridad absoluta por encima de cualquier color político.

–¿Estamos al final del túnel?

–Estamos en un cambio de época, pero del túnel no hemos salido. No es un problema de números, sino de estabilidad para hacer planes de futuro. No se sabe cuánto puede durar el trabajo. Perderlo ahora puede ser dramático. Hay miedo y el estado de ánimo invita a pensar que seguimos en el túnel.

–¿La realidad supera la ficción?

–La realidad siempre supera la ficción. Ésta la sometes a reglas y una es que no puedes caer en excesos porque resulta inverosímil. La realidad, en cambio, acaba siendo excesiva, se atreve a llegar a extremos a los que la ficción no se atreve.

El lector

«Sí, soy lector de periódicos y me gusta leer un amplio espectro para ver distintas opiniones. LA RAZÓN es uno de los que leo habitualmente. Me gusta su diseño, que me parece moderno y atractivo, y sus colaboradores de opinión, a los que leo, y en especial a Irene Villa. Al ser economista, la sección de Economía es la que más sigo, junto a la de Cultura», dice el escritor. «Me gusta seguir el cine, que tratáis muy bien, y también la literatura».

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