Cultura

“Los últimos Gondra (memorias vascas)”: El conflicto que no acaba ★★★☆☆

"Los últimos Gondra" cierran la trilogía familiar de Borja Ortiz de Gondra
"Los últimos Gondra" cierran la trilogía familiar de Borja Ortiz de Gondra FOTO: Luz Soria

Autor: Borja Ortiz de Gondra. Director: Josep Maria Mestres. Intérpretes: Ylenia Baglietto, Sonsoles Benedicto, Marc Bosch, Fenda Drame, Aizpea Goenaga, Samy Khalil, Markos Marín, Antonio Medina), Joaquín Notario, Borja Ortiz de Gondra, Lander Otaola, Pepa Pedroche, Victoria Salvador, Cecilia Solaguren y José Tomé. Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), Madrid. Hasta el 21 de noviembre.

No parece tener fin el interés del dramaturgo Borja Ortiz de Gondra por explorar, a través de su propia familia, la división ideológica que se fue fraguando en la sociedad vasca desde los tiempos del carlismo, que luego se acentuó trágicamente en los años de Eta y que, aún hoy, sigue presentando algunas ramificaciones indeseadas. Si la primera parte de la “Trilogía de los Gondra” ofrecía, por medio de acertadas analepsis, una visión muy panorámica, y asombrosamente clarificadora, del conflicto vasco, lo que la segunda parte reflejaba eran las huellas que ese conflicto había dejado en el presente. Ciertamente, los dos trabajos eran suficientemente completos y potentes para concluir con ellos la historia familiar.

El intento ahora de “Los últimos Gondra”, la obra que cierra el ciclo, es desplazar el argumento hacia el futuro; pero, claro, ese futuro no lo podemos conocer; así que el autor ha tomado como punto de partida una suerte de fantasía onírica del protagonista que permite sostener –sin realismo, pero con verosimilitud, que es lo importante– todo el desarrollo de la trama. El recurso es ingenioso; el problema es que, sobre esa base, recargada ahora de simbolismo, la autoficción no puede seguir evolucionando a menos que eche mano, como finalmente hace, de lo cierto, de lo real; es de decir, del pasado. Y ese pasado, como decía antes, ya estaba perfectamente contado en las dos entregas anteriores.

Como consecuencia, la obra resulta repetitiva en su conflicto dramático y carece de la autonomía que tenían las otras, lo cual no es óbice para que el espectador disfrute de una historia bien construida y bien contada, merced, entre otras cosas, a algunos buenos actores –Pepa Pedroche, Sonsoles Benedicto, Joaquín Notario o Antonio Medina– y a la eficaz dirección de Josep Maria Mestres, que vuelve conciliar muy bien en su puesta en escena la agilidad dramática y la sensibilidad poética.

Lo mejor

La capacidad de Mestres para solapar planos, jugar con el movimiento y servirse de la bonita música de Iñaki Salvador.

Lo peor

La obra resultará confusa a quien no haya visto las anteriores, porque está argumentalmente supeditada a ellas.