Cultura

“La omisión del si bemol 3″: Adorada y salvaje criaturita ★★☆☆☆

Imagen de la obra “La omisión del si bemol 3″
Imagen de la obra “La omisión del si bemol 3″ FOTO: Archive

Obra: La omisión del si bemol 3. Autora y directora: Denise Despeyroux. Interpretación: Maya Reyes y Antonio Romero. Teatro Quique San Francisco. Desde el 11 de diciembre de 2021 hasta el 9 de enero de 2022.

Preocupados por el futuro de su bebé, y empeñados en desarrollar todo lo posible sus aptitudes cognitivas y artísticas, unos padres primerizos emplean en la educación de su hijo una técnica encontrada por internet que permitiría estimular sus aptitudes auditivas a través de la reinterpretación del legado de Mozart. La acción se desarrolla en plena pandemia de Covid, en un estado de confinamiento parcial que obliga a reducir las relaciones sociales de los individuos -y por tanto también la educación- al ámbito de la familia.

En ese contexto, tan suyo, de realidad deformada, sitúa Denise Despeyroux este trabajo que se mueve, como otros anteriores, dentro de las coordenadas de una comedia negra en la que se funden con naturalidad las situaciones más reconocibles y las más extravagantes. El problema es que la trama de La omisión del si bemol 3 es demasiado esquemática, y la autora y directora no consigue hacerla evolucionar con la frescura y agilidad necesarias. Del desconcierto inicial que suelen provocar sus argumentos, esta vez no termina de brotar el humor, ni en las propias situaciones ni en las interpretaciones que los dos actores hacen de ellas; como consecuencia, tampoco puede empapar al espectador toda la crítica que subyace en ese humor, y que sería tanto más reveladora cuanto más corrosivo fuera este. Por desgracia, esa crítica, que apunta al núcleo familiar, a la insultante manera de mimar y malcriar a nuestros hijos, y al aburguesamiento de una sociedad crédula y caprichosa que se empecina en atender estupideces cuando sus verdaderas necesidades vitales están de sobra colmadas, solamente se puede intuir, más o menos, a partir del fatigoso desarrollo de la acción, en el que hay escenas estiradísimas; pero no se ve plasmada con fuerza ni claridad en el conflicto que determina el curso de esa acción.

Lo mejor: La polivalente escenografía de Eduardo Moreno, que sirve a la perfección para las dos obras programadas en esta sala.
Lo peor: El ritmo de la acción es muy lento y las escenas se alargan demasiado.