Cultura

Morante pellizca y Ginés se abandona como para pasar en paz un invierno

El de La Puebla corta una oreja del primero y Marín dos del sexto que le abren la Puerta Grande

Ginés Marín sale a hombros tras cortar dos orejas en el sexto
Ginés Marín sale a hombros tras cortar dos orejas en el sextoZipiEFE

Lo curioso no era que no hubiera una puñetera entrada por ningún lado ni que la reventa hubiera hecho su agosto en octubre. Tampoco que fuera una de esas (maravillosas) tardes en las que antes de pasar algo o no, ya se vivía la expectación y la ilusión. Pero lo que de verdad era curioso, por no decir inverosímil y un huracán de emociones, fue que Morante dibujó una verónica por el pitón derecho del toro que resultó un fogonazo de los que quitan aliento mientras el animal se rebrincaba entre las telas. Lo repitió una y otra vez hasta cuatro tal vez. Madrid rugía como solo ruge Las Ventas. Quitó a la verónica y una fue tan monumental como la plaza. Por gaoneras al paso se llevó el toro al caballo y se caía Madrid, porque Madrid también es de Morante. Y Morante es del mundo. Se emborronó López Simón en el quite y a punto estuvo de prenderlo.

Una explosión

El comienzo de faena del de La Puebla fue la constatación de su aquí y ahora. Bestial. Una explosión cada muletazo, los del desprecio... Tan íntegro como asentado a la arena para llevárselo al mismo centro, porque allí era el lugar y estaba dispuesto. Fueron dos o tres tandas más, antes de que el toro se consumiera. No le aguantó el envite, que era mucho, que era todo. Morante este año habla con Dios cara a cara cada tarde. La tanda de naturales, ya con la espada buena, fueron un regalo de torería, de entrega, de verdad, de bien torear, porque hay muchas formas de hacerlo, pero esta es eterna. Luego vino lo de la espada y el trofeo, pero casi casi ¿qué más da?

Espectacular comienzo de faena de Morante al primero FOTO: Zipi EFE

Tragedia griega fue que el cuarto resultara manso de libro. E imposible. No pasaba ni por aquí ni por allá. Y no hubo más resquicio para poder ver a Morante.

Brindó López Simón al segundo y en el centro se quedó para comenzar por estatuarios. No perdonó el manso, que había huido del caballo, pero cogió al torero con una violencia espantosa: para lanzarle por los aires y después perseguirle en la arena. Una barbaridad. Se lo trajeron los compañeros desmadejado. Inaudito fue que le echaran agua y acabara por reponerse para volver de nuevo a la cara del segundo, que no regaló nada y en más de una ocasión amenazó por cogerle de nuevo. Lo intentó Alberto Simón de principio a fin y la estocada fue perfecta. Sin más.

Lo bordó Morante en el quite por chicuelinas al tercero y replicó Ginés. Era un papelón. Lo solventó. Quiso en la muleta, pero el toro no superó su informalidad y la estocada fue sublime.

Tremenda cogida de López Simón por el segundo de la tarde FOTO: Zipi EFE

Manseó también el sexto. Una pena. El suflé que tanto habíamos gozado con ese trofeo de Morante en los albores se nos fue bajando toro a toro, manso a manso. Pasó lo suyo la cuadrilla para ponerle los palos y ya quedó a Ginés Marín el trago final. El de Alcurrucén sacó ese resquicio que llevaba dentro y Ginés fue capaz de exprimirlo y firmar naturales gloriosos. Nadie lo esperaba, pero lo que hizo estaba al alcance de pocos, tan despacio y tan largo que hubo alguno que fue decididamente el final de la tanda y bien podría haber sido el final de los tiempos. Lo gozó y los gozamos cuando creímos la tarde perdida. Ginés Marín se abandonó al toreo y los naturales resultaron antológicos. Tanto como para perderte en la mitad de su vuelo, porque no solo los detuvo en el tiempo sino que los prolongó. Otra historia. Ginés volvió a conquistar Madrid. Ginés volvió. Nos comerá el invierno de nuevo, pero de otra manera.

Ficha del festejo

► LAS VENTAS (MADRID). Se lidiaron toros de Alcurrucén. El 1º, noble y a menos; 2º, complicado y sin entrega; 3º, informal y sin emoción; 4º, manso imposible; 5º, sin clase ni fuelle; 6º, bueno. Lleno de «no hay billetes».

Morante de la Puebla, de turquesa y oro, estocada desprendida (oreja); dos pinchazos, estocada corta (silencio).

López Simón, de azul marino y oro, estocada (saludos); estocada caída (silencio).

Ginés Marín, de malva y oro, estocada buena (saludos); estocada (dos orejas).