Fútbol

Huesca-Real Madrid (1-2): Varane al rescate

El defensa francés remonta el gol del Huesca con dos tantos. El equipo de Zidane mostró su mejor cara y ocasiones cuando se vio contra las cuerdas

Marco Asensio contra Gaston Silva en el Huesca-Real Madrid de LaLiga Santander
Marco Asensio contra Gaston Silva en el Huesca-Real Madrid de LaLiga SantanderALBERT GEAREUTERS

Remató Benzema como cuando hacíamos de pequeños: un punterazo, puede que hasta con los ojos cerrados, a dos metros de la línea de gol y Álvaro Fernández, el portero del Huesca, que estaba medio caído o medio levantándose, agitó las manos por hacer algo, por llenar más espacio y la pelota, el trallazo le dio en el pecho. Lo paró, aunque puede que aún no sepa cómo. Paró eso y varios más y casi para al Real Madrid, que se dejó la vida para remontar, que estuvo a punto de llevarse por la desesperación porque no marcaba, pese a sus méritos. Entonces apareció Varane, de delantero centro, que rescata los balones que se pasean por el área y marcó los dos goles de la merecida victoria.

Tan merecida como sufrida. El Madrid es una agonía constante, pero en Huesca demostró que va a luchar contra la mala suerte, el cansancio, los goles en contra y la lesiones. No se puede criticar a Zidane por los cambios, tampoco tenía muchas posibilidades. Acabaron jugando Marcelo, Marvin y Mariano. Sólo le quedaba Chust como jugador de campo en el banquillo. Con los tres, Zidane cambió el dibujo del equipo, para irse a por la victoria sin mirar atrás, con la valentía que da la desesperación.

Si en la primera mitad, el Madrid dominó a su ritmo habitual: con más balón que ocasiones, con demasiada paciencia, como si no hubiese prisa para nada, en la segunda cambió de ritmo, recuperó las buenas sensaciones y terminó con buena cara. Puede que todo lo provocase el tanto del Huesca. El equipo de Pacheta tuvo diez minutos de gloria en el choque: al salir del descanso. De repente, el equipo que apenas había inquietado antes, sin balón, refugiado atrás y con el único objetivo de no sufrir. Lo logró.

Por eso pilló a contrapié al Madrid en ese comienzo de la segunda mitad. Fue una tormenta, un palo, un gol y otro palo, ante un rival asombrado, fuera de lugar en las contras y sin saber cómo detener la movilidad de Rafa Mir y la izquierda de Galán, el autor del gol y un futbolista que no necesita estar cerca del área para poner unos excelentes balones en el área.

El gol del Huesca era la excusa perfecta del Madrid para dejarlo. No sería extraño, no sonaría raro. Con siete jugadores lesionados, en un día de fría y lluvia, con Zidane enfadado, con LaLiga tan complicada, pues podría haberlo dejado estar.

Sin embargo, no lo hizo. Fue a por el partido como no lo había hecho antes. Y lo que imaginaban Kroos y Modric, que durante la primera parte moría en el área, esta vez tenía continuación. Benzema por fin encontraba su sitio, ayudaba al resto y lanzaba buenas faltas. Asensio volvía a lucir sus eslalon y Vinicius, que había empezado el choque como lo hace él, tan atrevido como desacertado, eligió mejor sus operaciones. pareció menos, pero lo hizo con más criterio, que es como tiene que ser. El Huesca se agazapaba a la espera de alguna ocasión. La tuvo, pero ahí estuvo Courtois. Zidane fue cambiando para que el equipo creciera en ataque. No había manera, pese al buen juego y por fin el vértigo. Tuvo que llegar Varane para rematar dos veces y tranquilizarlo todo.