Juegos Olímpicos

¿Es el relevo de la antorcha olímpica un símbolo de la propaganda nazi?

El relevo comenzó ayer en Fukushima y la llama será portada durante 121 días hasta el encendido del pebetero en el Estadio Olímpico de Tokio el 23 de julio. ¿Conoces sus oscuros orígenes?

El relevo de la antorcha olímpica arrancó ayer en Fukushima
El relevo de la antorcha olímpica arrancó ayer en FukushimaArchivoLa Razon

El relevo de la antorcha olímpica para los Juegos de Tokio arrancó ayer en la prefectura de Fukushima (noreste de Japón), con la llama portada por las integrantes de la selección nipona femenina de fútbol.

El relevó comenzó en las instalaciones de entrenamiento J-Village, que anteriormente sirvieron de base logística para la crisis nuclear de Fukushima de 2011, y tras una ceremonia que contó con participantes limitados y sin público para prevenir contagios de coronavirus.

La futbolista nipona Azusa Iwashimizu fue la encargada de prender la antorcha a partir de la llama olímpica que permanecía preservada en un candil en Japón desde hace un año, y comenzó el relevo recorriendo los campos de césped del J-Village acompañada de otras integrantes de las “Nadeshiko”, la selección que fue campeona mundial en 2011. Tras esta jornada inaugural en Fukushima, la antorcha será transportada durante 121 días a manos de unos 10.000 corredores en un recorrido que atravesará las 47 prefecturas del país, y que concluirá con el encendido del pebetero en el Estadio Olímpico de Tokio el próximo 23 de julio.

Con esta ceremonia se da el pistoletazo de salida a los Juegos Olímpicos de Tokio pero ¿Sabías que el relevo tiene su origen en el aparato de propaganda de la Alemania nazi?

Su oscuro y discutido orígen

El encendido de la llama en la Antigua Olimpia de Grecia se convirtió en uno de los grandes símbolos olímpicos pero fue en la antesala de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 cuando surgió la idea de crear un recorrido que atraviese diferentes ciudades. Una llama olímpica ardió por primera vez en los Juegos de Amsterdam de 1928, pero no fue hasta 1936 que se optó por el relevo de la antorcha olímpica, bajo el régimen nazi y del organizador deportivo Carl Diem, presidente del Comité de los Juegos Olímpicos Berlín.

Una llama fue encendida en Olimpia utilizando el sol y un espejo parabólico, luego ésta fue transportada hasta el estadio de Berlín por corredores cuyo trayecto había incluido Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia, países que más tarde caerían bajo el dominio nazi.

El fuego era un símbolo del régimen nazi de Hitler y las procesiones con antorchas fueron una característica de ese período.

Símbolo del poderío nazi

Más allá del circuito que finalizó el 1 de agosto del 36 en el estadio Olímpico de Berlín cuando el atleta alemán Fritz Schilgenn fue el último relevista y se encargó de encender el pebetero en el Berliner Olympiastadion, el relevo sirvió para mostrar el crecimiento del poderío nazi en Alemania y el resto de Europa.

Consciente de los beneficios propagandísticos que el deporte había dado al pujante fascismo mussoliniano, el propio Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich y uno de los hombres más cercano a Hitler, se encargó de la estrategia integral. Una estrategia con la que además, el régimen totalitario reinventaba la historia y reivindicaba la Grecia clásica como patrimonio de la raza aria. De modo que para el nazismo los Juegos eran germánicos, porque eran griegos, y la civilización griega era en origen germánica.

La antorcha llegó al Estadio Olímpico de Berlín en manos del atleta Fritz Schilgen, rodeado por 110.000 espectadores brazo en alto que cantan el Deutschland Uber Alles y el himno nazi Horst Wessel, y con Adolf Hitler, el conde de Baillet-Latour, presidente del COI y Pierre de Coubertin en la tribuna. Fritz Schilgen fue elegido por la propia Leni Riefenstahl por la estética de sus movimientos, y superó en un casting previo al decatleta Hermann Lemperle y al discóbolo Erich Reymann.

Durante dos semanas en agosto de 1936, la dictadura nazi de Adolf Hitler camufló su carácter racista y militarista mientras era anfitrión de las Olimpíadas de Verano. Dejando de lado su agenda antisemita y los planes de expansión territorial, el régimen explotó las Olimpíadas para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen de una Alemania pacífica y tolerante. Alemania promovía hábilmente las Olimpíadas mediante coloridos pósteres y anuncios a doble página. Las imágenes de los atletas relacionaban a la Alemania nazi con la antigua Grecia. Dichas representaciones simbolizaban el mito racial nazi que sostenía que la superior civilización germana era la legítima heredera de una cultura “aria” de la antigüedad clásica. Los esfuerzos propagandísticos concertados se extendieron mucho más allá de las Olimpíadas con el lanzamiento internacional, en 1938, de “Olympia”, el controvertido documental sobre las Olimpíadas realizado por la cineasta Leni Riefenstahl.

¿Debería suprimirse?

Aunque fue utilizado para una estrategia Nazi, el relevo de antorcha se ha mantenido a los largo de los años. Jules Boykoff -ex atleta estadunidense y periodista de la NBC- escribió en un articulo publicado recientemente que se debería de suprimir para futuras ediciones, debido a lo que llegó a representar hace 85 años.