Carlos Sainz, mucho más que un piloto en busca de su cuarto Dakar

Desde el día 1 afronta el rally que ha ganado ya en tres ocasiones. Lo hará con un nuevo vehículo impulsado por motores eléctricos. Su labor como representante de su hijo en la F-1 es alabada de forma unánime

Carlos Sainz, en su comparecencia ante los medios antes del arranque del Dakar
Carlos Sainz, en su comparecencia ante los medios antes del arranque del Dakar FOTO: HAMAD I MOHAMMED REUTERS

Cuando se escucha el nombre de Carlos Sainz, erróneamente, algunos piensan todavía en el tema de la mala suerte de un piloto y el mítico «trata de arrancarlo». Nada más lejos de la realidad. Muchos querrían la suerte que ha tenido, aunque esta suerte hay que buscarla y trabajarla. Como dice él mismo: «Cuanto más trabajo, más suerte tengo». Detrás de todo hay una obsesión por hacer las cosas bien que le ha llevado a las cotas más altas del automovilismo y con casi 60 años se mantiene en la élite en especialidades como el Dakar que arranca el día 1. Pero no sólo eso. También dentro de la F-1 porque su labor como padre y representante de su hijo, piloto de Ferrari, está siendo un ejemplo.

En 2022 Sainz afronta una nueva edición del Dakar, la prueba más dura del mundo, y lo hace con un nuevo vehículo, un Audi impulsado con motores eléctricos que regeneran parte de su energía durante las frenadas. Todo un reto tecnológico cuyo funcionamiento es una incógnita. Las posibilidades del madrileño para lograr su cuarto triunfo en esta mítica carrera son un misterio. Se podría decir que es pronto para que Sainz haya puesto, a su eficaz manera, el coche a punto, pero nunca se sabe. Audi entra en el Dakar y lo hace para ganar, aunque eso signifique un proyecto a medio plazo.

Desde su retirada del Mundial de Rallys no ha parado. Son conocidas sus victorias en el Dakar, pero también ha hecho trabajos de desarrollo de coches como el VW Polo R-WRC. Sin embargo, su labor más delicada la ha realizado ejerciendo como representante de su hijo en la F-1.

El bicampeón del mundo de rallyes desconocía la selva que es la Fórmula Uno y, al principio, confió en Red Bull como tutores de su hijo. Fueron ellos los que le ficharon para Toro Rosso y le apoyaron como miembro de su cantera, aunque en este tiempo coincidió con Max Verstappen, que muy pronto se convirtió en la apuesta de la compañía energética…

Cuando el futuro empezó a complicarse, Carlos Sainz padre se apoyó en Luis García Abad, representante de Fernando Alonso desde 2003 y curtido en mil batallas y negociaciones. Sainz dejó Toro Rosso a finales de 2017 después de mantener una silenciosa batalla contractual con Red Bull y marchó a Renault, donde disputó las dos últimas carreras del año y una temporada más. Después ocupó el puesto de Alonso en McLaren una vez que el asturiano anunció su retirada y sus resultados (y sus gráficas) le valieron para que Ferrari se fijara en él.

Como en la F-1 no siempre un buen rendimiento es suficiente para ascender –como en la vida misma–, la labor silenciosa de su padre ha valido para proporcionar ese extra que todos los pilotos necesitan para escalar. Con todo lo que eso significa porque, en primer lugar, es padre, y en segundo, su representante, una función que no siempre es agradable porque se trata de tomar decisiones de futuro. Sainz no pertenecía a las canteras de Mercedes, Renault o Ferrari y huyó de Red Bull cuando se dio cuenta de que le dejarían tirado. No pertenece a ninguno de los clanes que hoy mueven la F-1 como el bando de Toto Wolff (Mercedes), el de Helmut Marko (Red Bull) o los propios promotores (Liberty). Sin embargo, ha sabido moverse bien y la consolidación ha llegado estando en Ferrari, donde para sorpresa de los propios italianos ha caído de pie.

Ha sabido rodearse de conocedores de esta industria, entre ellos el propio Luis García Abad, pero también de otros como Carmelo Ezpeleta. El capo de la MotoGP es amigo de Sainz padre desde hace más de cuatro décadas. Un círculo de confianza en el que también está Carlos Oñoro, que acompaña a Sainz en cada carrera de Fórmula Uno y gestiona todos sus asuntos en el día a día. La negociación con Ferrari en pleno confinamiento y vía Skype estuvo llena de dificultades, incertidumbre, días que se hicieron larguísimos... y que acabaron con un final feliz como lo volverán a hacer en breve.

Ahora Carlos Sainz padre está enfrascado en pleno Dakar y cada noche recibirá la llamada de su hijo para saber cómo ha ido la etapa y conocer todos los detalles técnicos y deportivos. «Un pesado», como dice el padre del hijo. Claro que fue el hijo quien lo aprendió del padre.