Esquí

Blanca buscó desde su móvil sacos de dormir

La búsqueda de Blanca continúa
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El tercer día de búsqueda de la medallista olímpica Blanca Fernández Ochoa terminó ayer sin éxito. Las tareas se centran en dos escenarios totalmente distintos. Por un lado, sobre el terreno, la búsqueda activa de la deportista y, por otro, la pura investigación policial, que se concentró ayer en el análisis de los dispositivos electrónicos de la mujer de 56 años. En este sentido, tras el permiso de la autoridad judicial que lleva el caso, los agentes de la Policía Nacional se centraron ayer en analizar el móvil y el ordenador de la mujer. Buscan cualquier dato que pueda ser de utilidad para la investigación: últimas búsquedas en Google, la geolocalización del terminal en las últimas semanas (por si pudiera guiar a los agentes hacia el lugar donde se encuentra) o fotografías en enclaves que pudieran resultar ahora relevantes. No obstante, como ya adelantó la familia desde el principio, Blanca no era demasiado amiga de los móviles y no solía llevarlo encima durante sus frecuentes pateos por el monte.

Apenas llevaba la comida para pasar el día y, si tenía pensado hacer vivac (dormir al raso) llevaba saco solo los meses fríos. En este sentido, según se desprende de la investigación, la deportista (muy en forma a sus 56 años) se interesó por un modelo de sacos de dormir y los agentes, por no dejar absolutamente nada sin comprobar, han estado las últimas horas preguntando en tiendas de la zona de la Sierra especializadas en montaña por si pudiera haber adquirido (y, sobre todo, cuándo) el saco que había mirado por Internet. Hasta el momento, parece que no ha habido resultado positivo. Y es que todo parece indicar que la mujer llegó al parking de Las Dehesas no con la intención de pasar varios días, por lo que solo llevaría la equipación para pasar una jornada, si es que esa era su intención. La familia de la esquiadora está convencida en que vino a pasar el fin de semana del 24 de agosto y el lunes 26 le pilló la enorme tormenta que asoló buena parte de la Comunidad de Madrid, lo que pudo haberle ocasionado un accidente y que no lograra resguardarse del frío. En concreto, insisten en que es la zona de Siete Picos, la preferida de la familia y también de Blanca, donde creen que está. Y es allí donde los profesionales buscan desde la tarde del lunes. Porque ayer se mantuvo el impresionante dispositivo de Policía, Guardia Civil y Bomberos de la Comunidad que, según la Delegación del Gobierno es el mayor de la historia de la región.

A ellos se volvieron a unir voluntarios, más experimentados que el lunes y menos cantidad. Eran unos 70. Estos volvieron a peinar las doce rutas que salen desde el aparcamiento donde dejó el coche Blanca. Se trata de la calzada borbónica hasta Fuenfría; hacia el este, un camino que llega a la zona de miradores; al sureste, por la llamada vereda de la Cancha; al oeste, por el camino viejo de Segovia y, por el sureste, hasta la Peñota. Aquí, en esta cima, al igual que en toda la zona de Siete Picos (ayer ya se barrieron 5 de los 7) se introdujeron drones. Fue la principal novedad de la jornada de ayer. Dejar a un lado los helicópteros e introducir estos aparatos que llevan cámaras de mucha precisión. Las cámaras que incorporan estos aparatos permite ver el tiempo real las imágenes desde el centro de control instalado en la zona de Las Dehesas. Si apreciaran algo relevante, los expertos en montaña de Guardia Civil (Greim) y de los bomberos de la Comunidad de Madrid (Gera) descenderían rapelando desde el helicóptero hasta el punto.

Por otro lado, los profesionales de alta montaña son los únicos que están haciendo las cimas de Siete Picos. Los más experimentados (Greim, Gera y Geos) se están centrando en la cara sur por ser la más complicada y vertical. Todas estas cumbres superan los 2.000 metros (menos el pico Majalasna), ya es alta montaña, y a partir de los 1.800 estas montañas ya son todo granito. La dificultad es la cantidad de agujeros, cuevas y riscos que hay: complicadísimo comprobarlos uno a uno.

Pero hoy seguirán en ello hasta dar con Blanca. Entre los voluntarios que participaron ayer volvía a estar la propia familia de la esquiadora. Su hermana Lola, de hecho, llevaba una de las garrotas de Blanca para andar por la montaña a modo de fetiche y tenía muchas esperanzas puestas en el día de ayer. «Tenemos que encontrarla ya, entre hoy y mañana, si todavía está bien», decía antes de iniciar la ruta. Al terminar, volvió con el ánimo «un poquito más bajo». «Al principio el teniente nos ha dirigido por una zona que no pensábamos que pudiera ir Blanca y al terminarlo el corazón nos mandaba ir a Siete Picos. Al final nos hemos quitado la espinita de ir allí, donde nos hemos tomado tantos bocadillos con ella este verano pero no ha habido suerte», dijo visiblemente cansada.

Quien ha abandonado las batidas es la hija de la desaparecida, Olivia, que se ha incorporado a la concentración de la selección de rugby aunque ha llamado todo el rato a su tía hasta «agotarle la batería», según comentó Lola que, a pesar de todo, no pierde el humor.