Fútbol

García Cortés: «Tiré la cinta de vídeo del partido por la ventana»

El ex defensa del Real Madrid recuerda la final de la Copa de Europa de 1981. Contra el Liverpool y en París, como ahora

Cunningham disputa un balón de cabeza con Phil Thompson, capitán del Liverpool, en la final de la Copa de Europa de 1981
Cunningham disputa un balón de cabeza con Phil Thompson, capitán del Liverpool, en la final de la Copa de Europa de 1981 FOTO: Archivoi

«Nadie se enteró de que lloré pero yo estuve llorando en el vestuario. Me metí en la ducha y el agua me caía encima y nadie se enteró. Allí estuve como una Magdalena. Has perdido un partido de esa envergadura, después de tantos años que el Madrid no llegaba a la final de la Copa de Europa, la decepción fue importante», recuerda Rafa García Cortés. Él, que ahora trabaja en la Fundación del club, era uno de los que daba nombre a aquel Real Madrid de los García que jugó la final de la Copa de Europa en 1981. En París y contra el Liverpool, como ahora.

A Rafa no le gusta mucho eso del Madrid de los García. «A veces me da la sensación de que es peyorativo, parece que pasábamos por ahí por la puerta del estadio y nos decían “¿queréis jugar?” “Venga, pasad”. Y la verdad es que no es eso. La gran mayoría llevábamos muchos años ahí trabajando, con un recorrido. Habíamos ganado alguna Liga y alguna Copa del Rey. No éramos cualquiera que pasaba por la puerta», explica el ex defensa.

La decepción después de la derrota era más grande para él, que había fallado en la jugada del gol. «El balón botó mal, yo creo que fue la raya, porque entonces las rayas no eran lisas como ahora, eran montículos, fui a dar al balón y no le di. Ni me volvió a pasar antes ni me volvió a pasar después», explica. Tan grande era la decepción que no quiso volver a ver la final. «Llegué a casa, que tenía el partido grabado, y cogí un día, me cabreé y lo tiré por la ventana. Yo vivía en un primero, me asomé y la tiré contra la acera y reventé la cinta. Luego con el tiempo la conseguí de Televisión Española. Y ahí la tengo en vídeo, que ya no tengo ni vídeo para verla», confiesa.

Aquel curso no había empezado bien para el Real Madrid. En pretemporada fue a jugar un amistoso contra el Bayern de Múnich en el que acabó goleado por 9-1. «Aquello no sé a quién se le ocurriría, pero era un despropósito total. El Bayern llevaba mes y medio entrenando y no sé si había jugado ya el primer partido de liga o iban a jugarlo esa semana. Nosotros íbamos a Holanda, a un sitio que se llama Zeist, a hacer la pretemporada, y a la semana de estar entrenando nos dicen que vamos a ir a jugar contra el Bayern de Múnich. Fuimos allí y nos pegaron un repaso de cuidado, nos pasaron por encima. Fue estrepitoso porque veíamos en el campo que ellos eran aviones y nosotros éramos elefantes», recuerda García Cortés. Después de aquel partido Vujadin Boskov, el entrenador del Real Madrid, dijo una de sus frases más célebres: «Prefiero perder una vez por nueve goles que nueve veces por un gol».

«Boskov era un grandísimo entrenador. Ha sido el mejor entrenador que he tenido sin duda alguna. Luego en el banquillo tenía sus dificultades porque veía poco, se guiaba por lo que le decían los que tenía al lado. Pero era un adelantado a su época. Para mí ha sido el mejor con diferencia de los que yo he tenido», dice Rafa.

Aunque algunas decisiones del entrenador yugoslavo no fueron las mejores en aquella final. «Había compañeros que no estaban en condiciones de jugar al máximo nivel porque tenían algunas cositas y Boskov se empeñó en sacarlos aunque no estaban en condiciones físicas aceptables para jugar una final de la Copa de Europa», recuerda. «Eran un delantero y dos de medio campo. Y alguno de ellos con anestesia. Hasta ahí puedo leer», añade.

No fue la única dificultad antes del partido. «Era la primera vez que el equipo vestía Adidas. Y alrededor de eso también había un poco de mercadeo. Te decían “ponte unas botas mías y te damos 100.000 pesetas o 50.000 y te mando dos raquetas a casa”. Fue la parte que me gustó menos, yo creo que nos apartó un poco de lo que era la final realmente. Estábamos más preocupados de la camiseta y de las botas», cuenta Cortés.

El Real Madrid no tenía miedo al Liverpool, que ya había ganado sus dos primeras Copas de Europa en una época en la que el fútbol inglés dominaba el continente. «Veníamos de jugar en Milán, que allí sí que nos habían dado patadas, nos habían tirado de todo. Y esto era una fiesta, era el remate final. Íbamos a pasarlo bien, a disfrutar y a ganar el partido», dice Rafa.

Pero después llegaron la derrota y el silencio en el vestuario. «Un vestuario que pierde es muy triste. Se oye poco, no se oye nada. Siempre hay alguno que quiere despertar a los demás y animarlos. En ese caso creo que Juan estaba muy por la labor, pero era un vestuario triste, con pocas palabras y mucha cabeza agachada. Muy triste. Yo me fui a la ducha rapidito y me metí allí y estuve media hora», recuerda García Cortes. A rumiar la derrota mientras el agua de la ducha disimulaba las lágrimas.