Lo importante es participar

Joane Somarriba y los tres diplomas para la sucesora de Indurain

La ciclista vizcaína acumuló cinco grandes vueltas por etapas y un Mundial contrarreloj, pero nunca se subió a un podio olímpico

Joane Somarriba ganó tres diplomas olímpicos
Joane Somarriba ganó tres diplomas olímpicosAgencia EFE

Justo después de la dominación de Miguel Indurain, el Norte produjo a la mejor ciclista española en ruta de todos los tiempos. Joane Somarriba, tan vasca como su Guernica natal, se construyó un palmarés impresionante que pasó casi desapercibido por la escasa consideración que se tenía entonces del deporte femenino. Conquistar tres Tours, dos Giros y tres medallas mundialistas –un maillot arcoíris entre ellas– es una gesta enorme. La corredora vizcaína persiguió durante toda su vida, en vano, la gloria olímpica que se le negó, en alguna ocasión, por un puñado de segundos.

Joane Somarriba comenzó a preparar desde muy jovencita los Juegos Olímpicos de 1992 al calor del Plan ADO. El mayor revés de su carrera le llegó en aquel periodo, antes de cumplir los veinte años, cuando una hernia discal degeneró en una infección en la columna que no sólo la dejó sin correr en Barcelona sino que estuvo a punto de postrarla de por vida en una silla de ruedas.

Ese percance retrasó su irrupción al máximo nivel, pero forjó su carácter, ya que muy pronto se convirtió en una máquina de rodar que aplastaba a la competencia nacional. En 1999, tras su debut olímpico en Atlanta 96 (21ª en fondo y 13ª en contrarreloj, prueba en la que Indurain y Abraham Olano firmaron un histórico doblete), se enroló en el Alfa Lum, uno de los escasos equipos profesionales del pelotón femenino. Allí, cuando comenzó en verdad a vivir como una atleta de élite, se convirtió en una de las mejores ciclistas del planeta.

En su primera temporada en Italia, Somarriba ganó el Giro. Al año siguiente, en el olímpico 2000, reincidió y añadió el Tour, de modo que se presentó en Sídney como una de las favoritas al podio en la modalidad sobre la que construía sus triunfos, la contrarreloj. Fue decimocuarta en el fondo, en el seno de un grupo cabecero de veinticuatro, y se tomó esa carrera como un ensayo del esfuerzo individual que tendría lugar cuatro días más tarde.

Estaba claro que el oro sería para la neerlandesa Leontien Zijlaard, una máquina de ganar con seis medallas olímpicas y ocho títulos mundiales en su palmarés. Se contaba también con la incombustible leyenda francesa Jeannie Longo, aún competitiva con 42 años, que fue bronce con 14 segundos de ventaja sobre la española. A quien nadie esperaba, era que se colasen la local Anna Wilson y a la estadounidense Mary Holden, sorprendente plata que confirmó un mes más tarde con el título mundial. Esa quinta plaza, todo lo meritoria que se quiera, supo a derrota y a rayos.

Cuatro años más tarde, llegó a Atenas como vigente campeona mundial contra el crono, aunque consciente de que el extremo calor de la capital griega no la favorecía. Obtuvo dos séptimos puestos de distinto signo, honorable el de fondo decepcionante el de contrarreloj, y se despidió para siempre de los Juegos con un botín de tres diplomas. En 2005, anunció su retirada por sorpresa al término del Mundial celebrado en Madrid, en el que terminó de abrillantar su palmarés con una plata.