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Nadal vence a Khachanov en un agónico partido y se mete en octavos

El número uno sobrevive a los cañonazos del joven ruso y se enfrentará a Basilashvili

  • Nadal vence a Khachanov en un agónico partido y se mete en octavos

Tiempo de lectura 2 min.

01 de septiembre de 2018. 01:04h

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Francisco Martínez 1/9/2018

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Rafa Nadal ya sabe lo que es sufrir en el Abierto de Estados Unidos. Y de qué manera. Por momentos, la derrota parecía el destino del partido de tercera ronda que disputó contra el ruso Khachanov. Eran varios los síntomas: su rodilla derecha, dolorida, tuvo que ser vendada; los gestos eran de contradicción y el ruso estaba rompiendo la pelota. Pero la palabra «rendirse» no está en el diccionario del español. Sobrevivió a los cañonazos del rival y esperó sus momentos, los pequeños resquicios que le dejaban, para hacerse fuerte y llevarse el partido (5-7, 7-5, 7-6 (9/7) y 7-6 (7/3). Muchas veces ha conquistado duelos así el balear.

Las dudas le llegaron al tenista ruso precisamente con su mejor arma. «Mi servicio es mi cañón... Y mi ruina», podrá pensar. Porque si llegó a las 22 saques directos, y muchos más que Rafa tocaba, pero sin éxito; también con ese primer golpe facilitó la tarea del español. Parece contradictorio, pero no. El segundo set lo perdió Khachanov al sufrir una ruptura en un juego en el que hizo dos dobles faltas. En el «tie break» del tercer parcial fueron tres. El ruso había regresado de un 6-3 que parecía definitivo, pero de nuevo un error en el saque le puso 8-7 abajo, que ya no levantó. ¿Más fácil para el número uno en el cuarto set? Khachanov dijo que no. Todavía quedaba otro rato largo de juego espectacular. Nadal tuvo 5-4 y saque. Perdió el juego en blanco. Se llegó a otro «tie break» y ahí ya sí se le notó el cansancio al ruso.

Fue un homenaje al tenis. No es que el partido del zurdo fuera sólo un ejercicio de resistencia. Cierto que durante un tramo largo tuvo que ser demasiado defensivo, obligado por Khachanov, pero cuando pudo se metió en el encuentro a base de derechazos. Su «drive» paralelo voló ayer. Nadie en el circuito ejecuta ese golpe como él. Tras perder el primer set, el español iba también con un «break» abajo en el segundo y con la mente en la rodilla. Recuperó esa ruptura y su cabeza hizo «click». Hubo un parón porque empezó a llover y tuvieron que poner el techo. Jugar a cubierto en teoría favorece al ruso, pero ya era otro Nadal, ése que combina a la perfección la capacidad para sufrir y la agresividad.

Tuvo el partido momentos memorables, puntos largos, porque Khachanov, que a sus 22 años sólo tiene como pero su falta de regularidad, dio un paso ayer para ser mejor tenista. Resistió. Se movió bien pese a sus 198 centímetros, jugó duro de derecha y de revés. Pero enfrente estaba el número uno. Palabras mayores.

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