Motor

El sector del automóvil se desangra

Tras un 2020 «horribilis» con desplomes de ventas de entre el 21% (Renault) y el 15% (Volkswagen), se prepara para una travesía del desierto de dos años

Trabajadores en la planta de Seat en Barcelona
Trabajadores en la planta de Seat en BarcelonaALBERT GEAREUTERS

Fabricantes, redes comerciales, industria auxiliar... todo el sector del automóvil, menos los talleres de reparación, afronta el nuevo año en negativo. Las previsiones más optimistas hablan de que el mercado de automóviles nuevos podría situarse en torno a un 15% por debajo de las cifras alcanzadas en 2019, similares a las de 2020 teniendo en cuenta que ayer Renault (-21,3%) y Volkswagen (-15,1%) anunciaron grandes descalabros en sus ventas a nivel mundial en el año recién acabado. Y eso suponiendo que la pandemia remita y se reactive la demanda en el segundo semestre. El primero se da casi por perdido tras las últimas decisiones del Gobierno, un jarro de agua fría para la recuperación a corto plazo y que alejan el restablecimiento total del sector hasta 2023.

Pese a las reiteradas peticiones de todos los empresarios relacionados con la industria del motor, el Gobierno ha tomado dos decisiones que, según los analistas, lastrarán las matriculaciones de coches nuevos en, al menos, 120.000 unidades. La primera ha sido no establecer moratorias para la aplicación de la norma europea de medición de emisiones WLTP, como han hecho otros países como Francia o Portugal. La consecuencia de ello ha sido una elevación del impuesto de matriculación que encarece la factura final de los coches entre un 4,5 y un 17,5% a casi la mitad de los coches que se venden en España.

Planes de ayuda fallidos

La segunda ha sido la no renovación de las ayudas para el achatarramiento de automóviles viejos. El Plan Moves diseñado el verano pasado fue mal diseñado por la Administración y resultó un fracaso, hasta el punto de que, de los 250 millones de euros presupuestados, sólo se cubrieron la quinta parte. La propuesta del sector era la de aprovechar esos 200 millones no utilizados en otro plan de achatarramiento mejor diseñado y con más fondos. La respuesta del Ejecutivo ha sido negativa, con lo cual no hay ayudas y el parque automovilístico sigue envejeciendo cada año y ya se sitúa en 13 años como media.

La consecuencia de ello es que el mercado de segunda mano, aunque no ha crecido por culpa de la crisis, ha tenido descensos menos acusados que el nuevo, con una caída en 2020 del 19%. Y crecen especialmente los coches usados de más de diez años. Ante el miedo a utilizar transportes públicos, el comprador se inclina por el medio de transporte personal más barato. Una circunstancia que está favoreciendo a los talleres independientes, que se llenan de coches viejos que necesitan reparaciones. Por otra parte, mientras el turismo no despegue, las ventas de coches de «rent-a-car» son casi nulas. Un canal que podría suponer en un año normal casi un 30% de las ventas totales.

Los primeros que sufrirán esta crisis de ventas serán las redes comerciales. Las cifras de ventas de diciembre han estado falseadas por la necesidad de matricular coches antes de que llegara el nuevo impuesto y para «maquillar» el cierre de ejercicio. Pero en los primeros días de enero las ventas han caído más de la mitad si las comparamos con las del año pasado. La consecuencia de ello es que los ERTE en los concesionarios se convertirán en despidos en el momento en que se termine el plazo legal, dejando en la calle a cerca de 40.000 trabajadores.