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Presidente economista
No. Sánchez no es Draghi, ni siquiera Monti. Ninguno sufragraría los 451 millones que cuesta el Ministerio llamado de Igualdad
Javier Morillas

«¡Una materia fácil en la que pocos destacan! Esa paradoja quizá pueda explicarse por el hecho de que el gran economista debe poseer una rara combinación de dotes. Tiene que llegar a mucho en diversas direcciones, y debe combinar facultades naturales que no siempre se encuentran reunidas en un mismo individuo. Debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y, sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político». Estas palabras de Keynes están lejos de corresponder a quien, no obstante, es nuestro teórico primer “doctor economista”, presidente de Gobierno. Del país de la UE que saldrá más dañado económicamente de la pandemia, tras caer su PIB en 2020 más del 11%. Y con un déficit y una deuda pública que este año estimamos no bajarán del 9,5% y del 122% respectivamente.

Al que ahora se le ocurre introducir cambios en la ley de alquileres. Con alteraciones legislativas que devalúan la seguridad jurídica y la imagen del país. Que penalizan el ahorro de quienes -personas físicas o jurídicas- están llamadas a dinamizar la inversión tanto exterior como interior en esta crisis. Cambios que enturbian y encarecen nuestro sistema judicial. En un país con 18.692.279 hogares, donde 4.829.600 son unipersonales y donde en todo caso podrían generarse incentivos que paliaran esta situación y al tiempo contribuyeran a liberar presión y abaratar la vivienda y las propias habitaciones en alquiler, para estudiantes y otros colectivos. En vez de desincentivarla, retraer la inversión en construcción de obra nueva y remodelaciones de antiguas, y crear un cuello de botella que acabará reduciendo la oferta y encareciendo los arrendamientos. Lo que si hace es dejar más espacio a los defraudadores y encubrir la oKupación. Que siempre “violenta” a quien la padece. Otro efecto llamada, complemento para la industria de la inmigración ilegal. Cóctel explosivo.

Mientras en Italia, sólo el anuncio del nombramiento de Dragui ha llevado la prima de riesgo a mínimos de 2016. Y el interés exigido a su deuda a diez años cayó al 0,55%, la mayor relajación entre los bonos europeos. También la bolsa de Milán subió cerca del 3%, influyendo favorablemente en las otras bolsas europeas. No. Sánchez no es Mario Draghi, ni siquiera Monti. Ninguno sufragaría tampoco los 451 millones que cuesta el Ministerio llamado de Igualdad.