Historia

Estos son 8 de los impuestos más absurdos y extraños de la historia

Muchos gobiernos a lo largo de la historia han demostrado ser realmente creativos a la hora de llenar las arcas del Estado

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Muchos gobiernos a lo largo de la historia han demostrado ser realmente creativos a la hora de llenar las arcas del Estado | Fuente: GESTHA - ARCHIVO FOTO: GESTHA - ARCHIVO

Para buscar el origen de la idea de que un gobernante cualquiera está legitimado para imponer un tributo a sus súbditos a cambio de algún tipo de servicio “público”, tenemos que retrotraernos hasta los tiempos del Antiguo Egipto. Ahora, unos 5.000 años después, seguimos sin aclararnos sobre la moralidad y legitimidad del cobro de impuestos, pero los impuestos son ya un hecho tan cierto e ineludible como la muerte (en palabras de Benjamin Franklin).

Con el paso del tiempo, gobernantes de todo el mundo han desplegado toda su creatividad para imponer nuevos tipos impositivos de lo más variopinto, con los que financiar de esta forma unas estructuras oficiales cada vez más grandes. En España, por ejemplo, somos víctimas de una presión fiscal que muchos podrían calificar de “draconiana” y que se ha levantado mediante una infinidad de figuras impositivas que se han ido añadiendo a lo largo de los años. Y algunos de estos tributos graban cosas de lo más extraño:

En La Rioja, por ejemplo, hay un impuesto que castiga la contaminación visual que provocan los postes telefónicos y los postes eléctricos. En Asturias, Murcia y Baleares, los gobiernos autonómicos se quedan con el 10% de cada premio obtenido en el bingo. Y en Cataluña se ha llegado a establecer un impuesto de hasta 5 euros al día para las personas que se alojen en un hotel… la mejor receta para incentivar el turismo.

Ayuso elimina los impuestos propios de la Comunidad de Madrid
Ayuso elimina los impuestos propios de la Comunidad de Madrid FOTO: Teresa Gallardo

A pesar de que estos impuestos puedan parecer realmente absurdos, la verdad es que no son nada comparados con algunas figuras impositivas que aplican o que han aplicado en otros momentos de la historia de nuestra especie:

1. Al reciclaje de aceite

Ya hemos hablado del Antiguo Egipto. Lo que no hemos dicho, es que no pagar religiosamente tus impuestos en aquel momento podía suponer la tortura o la muerte (o las dos cosas). Para vigilar que nadie se escapaba de sus obligaciones, los egipcios se dotaron de un extenso cuerpo de escribas, es decir, de recaudadores de impuestos. En aquel momento, los impuestos no eran directos y no aplicaban sobre personas físicas o jurídicas, sino que aplicaban sobre el consumo. Y una de las tasas a productos más llamativas, es la que aplicaba sobre el aceite (que era -legalmente- un monopolio del faraón).

Los egipcios no solo tenían que pagar una tasa para poder usar el aceite del faraón, sino que también tenían que pagarlo por reutilizar un aceite que ya era de su propiedad. En caso de ser descubiertos reciclando aceite, el escriba les condenaba a pagar la correspondiente tasa. Y en el caso de no pagar esa tasa... la pena podía llevarles a la tumba.

2. A la orina

El amoniaco obtenido de la orina era materia prima esencial en varias manufacturas del Imperio Romano. Sobre todo se utilizaba en el sector de los textiles, aunque también tenía otros usos, como para el blanqueamiento dental. Viendo el enorme negocio que se escondía tras la reventa de la orina recogida en las letrinas públicas, el emperador Vespasiano decidió que era buena idea arancelarlo. De esta forma, comenzaba a aplicar el Vectigal urinae.

Se dice que Tito (el hijo de Vespasiano) le recriminó a su padre cobrar un impuesto por algo tan frívolo. El emperador -por su parte- extrajo una moneda de una bolsa y se la puso a Tito en la mano. Y le pregunto si aquello le creaba algún tipo de disgusto. A lo que él contestó que no. Y su padre le respondió: Pecvnia non olet”, es decir, “el dinero no huele”.

3. A la soltería

Sucedió cuando Augusto tomó las riendas de la República. Parece que en aquel momento, la sociedad romana se estaba frivolizando a un ritmo alarmante. Así que, el emperador se propuso el regreso de la familia tradicional como institución básica de la estructura social de Roma. Y para conseguirlo, impuso una serie de leyes que castigaban los “estilos de vida alternativos”.

«Romanos en la decadencia», pintura moralizante de Thomas Couture (1815-1879) que trataba de criticar la depravación y los excesos en la antigua Roma
«Romanos en la decadencia», pintura moralizante de Thomas Couture (1815-1879) que trataba de criticar la depravación y los excesos en la antigua Roma

Una de ellas fue el Aex Uxorium, un tributo que grababa la soltería. El impuesto era anual y suponía el 1% de la riqueza total declarada. Evidentemente, solo aplicaba a los varones y sólo podían librarse de él cuando contraían nupcias. Es más, si se casaban con la viuda de algún soldado, les podía salir incluso rentable... porque recibían una gratificación por parte de las instituciones romanas.

4. A los barbudos

Aunque pueda parecer disparatado cobrar un impuesto especial a la gente con barba, la verdad es que se decretó en dos ocasiones. La primera de ellas fue el infame Enrique VIII de Inglaterra, que quería preservar la barba como una señal de distinción de las clases altas. De esta forma, se vería a simple vista quién tenía la riqueza suficiente como para sufragar este impuesto y quién no.

El segundo que decretó este impuesto fue Pedro I de Rusia... solo que 200 años después. Su objetivo no era elevar la categoría del barbudo, sino todo lo contrario. El zar pretendía que sus súbditos cambiasen sus hábitos capilares para que estos se acercasen más a los usos occidentales.

5. A las ventanas y a los sombreros

Lo de “cobrar impuestos a los ricos” que tanto se estila en algunas cuerdas políticas actuales... viene sugiriéndose desde hace ya mucho tiempo. Sin embargo, a veces hay que ser creativos para que el expolio no resulte tan obvio. Es lo que hizo el gobierno británico en el año 1696, que encontró una curiosa forma de llevarlo a cabo: empezaron a aplicar un impuesto al número de ventanas.

La lógica era que las personas más adineradas tenían casas más grandes y -por lo tanto- más ventanas. Pero como suele suceder con demasiada frecuencia, al gobierno le salió el tiro por la culata: los británicos empezaron a tapiar masivamente sus ventanas. Lo que empeoró notablemente la ventilación y la salubridad de muchas viviendas, provocando -a su vez- un inusitado desarrollo de enfermedades como el tifus o el cólera.

En vez de derogar de inmediato el impuesto, en el año 1784 se decretó un segundo impuesto a los ladrillos... si el ladrillo era caro, menos personas tapiarían sus ventanas con ellos. ¿Cuál fue la solución? Fabricar ladrillos más grandes y construir con madera, en vez de con ladrillo. Aunque la absurda política fiscal se derogó en 1851, hoy todavía es posible encontrar muchas casas antiguas con las ventanas selladas con ladrillos.

Ilustración publicada tras la derogación del impuesto a las ventanas | Dominio Público
Ilustración publicada tras la derogación del impuesto a las ventanas | Dominio Público FOTO: La Razón (Custom Credit)

Poco después, el gobierno británico impuso otra de estas absurdas medidas fiscales diseñadas para “que paguen los ricos”: se empezó a cobrar un impuesto especial por comprar sombreros... y se empezó a colocar un sello en la parte interior de la prenda.

6. Al celibato

Esta “interesante” política fiscal fue decretada por Ceaucescu en Rumanía para combatir la baja natalidad que se había generado tras la legalización del aborto. El control era tan abusivo, que los funcionarios estaban autorizados a entrar sin previo aviso en los hogares y obligar a las mujeres rumanas a realizarse pruebas de embarazo. Si una mujer de menos de cuatro hijos en edad fértil no se quedaba embarazada cada cierto tiempo, estaba obligada a abonar “el impuesto al celibato”. Evidentemente, esta medida no aplicaba para las mujeres que integraban las filas del Partido Comunista Rumano.

7. A la brujería

Sucedió también en Rumanía. En el año 2011 se sugirió que las personas dedicadas a la adivinación o a la brujería debían engrosar las arcas públicas con el 16% de sus ganancias. Como respuesta ante la propuesta, todas las brujas de Bucarest (capital de Rumanía) se reunieron a las puertas de la sede del Gobierno para lanzarles maldiciones y hechizos a los altos cargos que habían apoyado esta figura fiscal. Tristemente, el mal de ojo no debió surtir efecto... porque el impuesto llegó a decretarse y hoy día está vigente.

Las artes de adivinación y hechicería son muy típicas en Rumanía
Las artes de adivinación y hechicería son muy típicas en Rumanía FOTO: La Razón La Razón

8. A la belleza

Esta medida se quedó en el terreno de lo anecdótico porque nunca llegó a imponerse. Sucedió en Japón, donde el prestigioso economista Takuro Morinaga, propuso que todos los varones solteros y físicamente atractivos pagasen un impuesto especial.

Evidentemente, esta figura fiscal era algo más que absurda. Pero el economista que la propuso no estaba bromeando. La pregunta lógica que se hicieron los japoneses era: ¿Y quién decide quién es guapo y quién no lo es?. Pues para eso Morinaga también tenía una propuesta. Habría que establecer un consejo de cinco mujeres (pagadas con dinero público, claro) que se pasarían el día escudriñando fotografías de los ciudadanos, para decidir quién debía pagar este impuesto y quién no.