Economía

Presupuestos: otro suspenso en septiembre

El Gobierno promete presentar las cuentas del Estado, pero aunque lo consiga, es casi imposible que logre aprobarlas, lo que no implica que Sánchez llame a las urnas

Pedro Sánchez y María Jesús Montero durante un pleno del Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez y María Jesús Montero durante un pleno del Congreso de los Diputados. Alberto R. RoldánLa Razón

Ramón María Narváez (1799-1868), el llamado «Espadón del Loja», liberal y siete veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Isabel II (1830-1904), decía –y estaba sobrado de experiencia–que «gobernar es resistir».

Pedro Sánchez, doctorado, en este caso con todos lo honores, en resistencia, no está claro que sea un experto en el siglo XIX español. Irene Lozano, la autora real del «Manual de resistencia» firmado por el inquilino de la Moncloa, quizá se inspiró en el político y militar decimonónico.

El líder del PSOE, que ha terminado sus vacaciones con una estancia de unos días en un hotel de Soldeu (Andorra) –nada que objetar–, como adelantó este diario a principios de agosto, insiste en aferrarse a la poltrona contra viento y marea.

Desde hace tiempo preside el Gobierno, pero apenas gobierna, salvo en el sentido que decía Narváez. Ahora, todo indica, que por tercer año consecutivo, Sánchez y su vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, volverán a suspender la reválida de septiembre que es la presentación, primero, y luego aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

La Constitución establece que deben presentarse antes de que finalice septiembre y eso, por supuesto, está descartado. Hacerlo fuera de plazo, por mucho que incumpla la normativa, sería toda una hazaña. La aprobación de esas cuentas, que todavía no existen, es en estos momentos una quimera.

José Luis Escrivá, ex ministro y ahora gobernador del Banco de España, ya explicó que es posible «gobernar» sin presupuestos. Sánchez, sin embargo, querría poder sacarlos adelante por razones de imagen política. Dos años sin presupuestos –2024 y 2025– son un baldón para cualquier Gobierno.

Si ahora son tres, el ridículo es enorme, pero eso no impide que el presidente insista en terminar la legislatura. Todo, no obstante, tiene su truco, el que ha permitido y permite que el país, mal que bien y a trancas y barrancas siga adelante, y que el Gobierno se mantenga ahí.

El secreto está en los fondos europeos Next Generation, creados tras la pandemia de la Covid, para ayudar a la recuperación económica. Para Sánchez han sido una auténtica bendición y una especie de presupuestos por la puerta de atrás.

Hasta este mes de agosto que termina hoy, España ha recibido, desde 2023, un total de unos 84.000 millones de euros, ya sea en transferencias –es decir, dinero que no hay que devolver– o en préstamos avalados por la Unión Europea.

Esas cantidades representan algo así como un 2% anual del PIB y también explican, junto con el aumento de la población –sobre todo emigrante, el mayor crecimiento de la economía española. Nunca un Gobierno tuvo tantas facilidades para disponer de dinero en esas cantidades y en unas condiciones inmejorables. Por eso, en los últimos años, aunque sea un bochorno político, ha sido posible que todo siga adelante sin presupuestos.

María Jesús Montero, que tiene la papeleta de ser candidata andaluza de un PSOE que necesita el apoyo de los "indepes" Junqueras y Puigdemont, se ha comprometido a presentar –que no a aprobar– los presupuestos.

Puede hacerlo, aunque su colega la portavoz Pilar Alegría, decía el año pasado que era mejor no presentarlos si no se podían aprobar. Nada es imposible, por supuesto, pero Podemos ya ha puesto encima de la mesa sus condiciones y sus cuatro votos son imprescindibles.

Ione Belarra, como portavoz y negociadora de su grupo, con Pablo Iglesias detrás –claro–, reclama ruptura oficial con Israel, bajada del precio de los alquileres y rechazo a cualquier aumento del gasto militar. Imposible no ya de cumplir, sino ni tan siquiera de prometer incluso para Pedro Sánchez.

Eso no significa, no obstante, que Podemos, aunque parece desear elecciones cuanto antes para ajustar cuentas con Yolanda Díaz, haga caer al Gobierno, pero no le ofrecerá la baza presupuestaria.

Por otra parte, los "indepes" catalanes pedirán «el oro y el moro» y financiación singular y el PNV de Aitor Esteban, tampoco se andará con chiquitas. Pueden apoyar o no los presupuestos, pero en ningún caso tumbarán al Gobierno y en la Moncloa también lo saben.

Por último, el que siga sin haber cuentas del Estado, aunque resulte paradójico, puede tener alguna ventaja. Impide, en cierta medida, solo en cierta medida, que se consolide el incremento desaforado del gasto público, lo que no significa que sea más fácil controlarlo en el futuro en un país acostumbrado ya al dopaje recibido de los fondos Next Generation.

En cualquier caso, todo indica que el gobierno volverá a suspender la convocatoria presupuestaria de septiembre y que Sánchez seguirá aferrado a que «gobernar es resistir», como decía Narváez.