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Tregua de Ferraz a Díaz hasta que se materialice su fracaso

El PSOE da marcha atrás y aparca la petición de dimisión hasta que se consume la pérdida de la Junta

  • José Luis Ábalos/Foto: Luis Díaz
    José Luis Ábalos/Foto: Luis Díaz

Tiempo de lectura 4 min.

05 de diciembre de 2018. 10:19h

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Ainhoa Martínez Madrid. 4/12/2018

El PSOE asume que se anticipó el lunes al dejar abierta la puerta a la dimisión de Susana Díaz, si no conseguía mantener la Junta de Andalucía. Para que este escenario se materialice quedan todavía demasiadas pantallas, marcadas por un complicado proceso de negociación ante el que la dirección federal había dejado ya de entrada huérfana de apoyo a su candidata, a quien –para más inri– le corresponde liderar este vía crucis desde su posición de fuerza más votada. Esto, unido al incendio interno que generaron las declaraciones de José Luis Ábalos señalándole la salida «porque todo líder está subordinado al éxito de su proyecto político», han obligado a un cambio de estrategia en la dirección federal. Se aplaca, por el momento, el cisma que pareció reabrirse entre Madrid y Sevilla y se aplaza el desenlace final hasta que Díaz certifique su suerte de «rendición de Breda», entregando las llaves del palacio de San Telmo a la derecha.

El giro discursivo, casi en forma de «moonwalk» (paso de baile que hizo célebre a Michael Jackson), se perpetró –como casi siempre– despachando la culpa al mensajero. En este caso, a la «malinterpretación» de los periodistas, como apuntó la propia Díaz a primera hora de la mañana en la Ser. Pero lo cierto es que lo que ayer era una «implicación en el proceso de regeneración del proyecto de Andalucía» se tornó escasas 24 horas después en una versión edulcorada: «Acompañar» y prestar «confianza» y «apoyo» para que sea Díaz la que «lidere» la solución de gobernabilidad tras las elecciones. La dirección federal de Pedro Sánchez da un importante paso atrás, que obligó al autor de las palabras, el secretario de Organización, a volver sobre las misma para «matizar» y «aclarar» que él «no ha planteado dimisiones de nadie ni las voy a pedir». Sería «absurdo», reconocen ahora en Ferraz, abrir un frente interno en plenas negociaciones de gobierno, a pesar de ser conscientes de que estas no prosperarán en un sentido que beneficie a los socialistas. No obstante, mientras se mantenga viva la expectativa de una repetición electoral –en la que el votante socialista sí se vería espoleado por el auge que ha experimentado la extrema derecha– no quieren frustrar desde Ferraz ninguna oportunidad de mantener el Gobierno andaluz.

Ábalos, consciente del error, quiso ser posteriormente más taxativo respondiendo con un «no rotundo» a que se vaya a pedir la salida de Díaz o plantear la disolución de la federación andaluza, creando una gestora. «Ni es conveniente, ni necesario, ni justificado, ni es el estilo de esta dirección», señaló, obviando que en la primera etapa de Sánchez al frente del PSOE, su antecesor en el cargo, César Luena, sí disolvió la federación madrileña tras forzar la dimisión de Tomás Gómez. El secretario de Organización quiso desligar las cuestiones intestinas de lo que de verdad importa ahora, la gobernabilidad, para evitar caer en el ombliguismo que ha perseguido al PSOE durante el pasado. «Lo que menos nos preocupa es la cuestión interna, queremos dar solución a la expresión del electorado andaluz del pasado domingo», dijo Ábalos. En Ferraz sostienen ahora que corresponde a Díaz «gestionar los tiempos» de su salida de la política, sin que ésta sea pilotada por el PSOE federal. Sin embargo, en el momento en que se certifique su imposibilidad de gobernar, la maquinaria de la «regeneración» comenzará a funcionar.

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