España

Chaves y Griñán, hundidos: “No tenemos un duro”

Chaves y Griñan están «hundidos» según su entorno, que defiende que viven «con absoluta austeridad». Los ex presidentes se sienten abandonados por el partido

«Hundidos, son muy malos momentos para nosotros». Así se expresaba Iván, uno de los dos hijos de Manuel Chaves, a algunos dirigentes del socialismo andaluz una vez conocida la sentencia del «caso ERE», la mayor trama de corrupción que se recuerda en esa Comunidad Autónoma. Hace tiempo que Manolo Chaves y José Antonio Griñán, los dos ex todopoderosos presidentes de la Junta de Andalucía, vivían casi en clandestinidad.

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«Mi padre no sale ni para beber agua», comentaban Iván y Paula Chaves a algunos amigos íntimos, como prueba del calvario a que estaban sometidos por el juicio de los ERE. Lo mismo sucedía con su sucesor en el cargo, José Antonio Griñán, quien además ha soportado en estos meses varios episodios de mala salud y era visto cabizbajo por los pasillos de un hospital de Sevilla.

En las últimas semanas ante la inminente sentencia, ambos insistían en su inocencia: «No hemos robado, no tenemos un duro». Era la frase que acuñaban ante todos aquellos que les escuchaban y lo único que dijeron al conocer el texto del fallo judicial. «Hay un antes y un después en el socialismo andaluz». Es la clara conclusión de todos los dirigentes en el que ha sido el gran cortijo histórico de los socialistas, que revela ahora una dura batalla entre la vieja guardia del partido y el nuevo PSOE.

Felipe González, Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Pepote de la Borbolla dieron en estos meses su apoyo a los ahora condenados. No así el nuevo PSOE, el «sanchismo», y ni siquiera la sultana, ahora destronada, que les debe todo, en especial a Griñán: Susana Díaz. En el entorno de los dos ex presidentes no le perdonan su tibieza, que califican de «cobardía traicionera». La lideresa andaluza lo fue todo gracias a José Antonio Griñán, que la hizo su auténtica «delfina» y mano derecha. Ahora muchos ven en esta sentencia la ocasión final para que Pedro Sánchez, a quien tampoco le tiembla el pulso, acometa la guadaña definitiva contra la mujer que fue su rival y ahora está en las horas más bajas de su vida política.

En la familia de los dos ex presidentes se insiste en un tema monográfico: ellos nunca robaron, viven con absoluta austeridad y no tienen fortuna personal. Otra cosa es, admiten algunos, la pésima gestión que de esos incalculables fondos hicieron algunos cargos intermedios. ¿Lo sabían y lo permitieron? ¿Lo desconocían y no se enteraban? Son las preguntas que hoy se hacen en los cuadros del socialismo andaluz, la Federación más poderosa del partido. Pero lo que todos afirman en su entorno es que Chaves y Griñán no se han enriquecido, al contrario, que han vivido un auténtico calvario «con las gotas contadas», en palabras de un familiar muy cercano. En Sevilla pasaron de ser héroes de un poder absoluto a verdaderos proscritos. «Están muy fastidiados», aseguran algunos íntimos que les han frecuentado en los últimos meses. A Chaves se le ha podido ver en su casa gaditana paseando en soledad, mientras Griñán acudía a un hospital hispalense por problemas de salud. «Los dos están mal», aseguran dirigentes de la vieja guardia muy dolidos con la actitud del nuevo PSOE «sanchista» que, en su opnión, mira para otro lado.

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Hubo un tiempo en que Manolo era un líder absoluto, mimado por Felipe González y, después también por Rodríguez Zapatero. Miembro de aquel histórico «Clan de la tortilla», era amigo incondicional de Felipe, Alfonso, Carmen Romero, Luis Yáñez, Carmeli Hermosín, Pepote Borbolla, Rafa Escuredo y tantos otros que cimentaron el cortijo andaluz. Lleg a pisar La Moncloa como vicepresidente del Gobierno y el Ministerio de Trabajo, y nadie sabe cuándo el tema se le empezó a ir de las manos. Su sucesor, José Antonio Griñan, menos enraizado en las tripas ancestrales del partido, pasó igualmente por ese ministerio y se consolidó como presidente de la Junta andaluza. Eran intocables, admirados e imbatibles. Pero el destino les ha llevado hoy al ostracismo más absoluto, a una condena humillante. «De perfumados a apestados», lamenta con dureza un dirigente andaluz de la vieja guardia, muy crítica con Pedro Sánchez y la propia Susana Díaz.

Algunos destacan la ironía del Tribunal juzgador, la Audiencia de Sevilla, y que una de las magistradas, Pilar Llorente, sea prima hermana del actual presidente socialista extremeño, Guillermo Fernández Vara. Cosas de la vida. A Manolo Chaves esta inhabilitación «le duele a rabiar», porque la ve injusta, según sus allegados. Y a José Antonio Griñán, los seis años de cárcel, «le pesan como una losa destructiva». Todos en su entorno aseguran que jamás se han llevado un duro, que nunca se enriquecieron y que la trama fue obra de unos subalternos desalmados. Otros opinan que esto es algo muy difícil de entender cuando se ha tenido el poder durante casi treinta años. Sus defensas, desde luego, preparan ya los recursos pertinentes ante el Tribunal Supremo. En el plano político, nadie duda de que esta sentencia supone un punto y final a una época en el socialismo andaluz.

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Dolidos y, en cierto modo, con una vieja guardia socialista algo vengativa, Manolo Chaves y José Antonio Griñán encarnan hoy el ocaso de los dioses. La mujer de Chaves, Antonia Iborra, hace días que paseaba por Sevilla su infinita tristeza. La familia de Griñán ha sufrido algunos duros avatares de salud y no dudan en lanzar sus dardos contra la tibieza de otra lideresas como Susana Díaz, Carmen Calvo o María Jesús Montero. «Se han visto muy solos», admiten estas fuentes, aunque sí destacan el apoyo de los históricos guardianes. Nadie duda que ahora, con esta sentencia, el llamado «susanismo» puede ya tener los días contados.

Manuel Chaves fue presidente de la Junta de Andalucía casi veinte años y un hombre clave en el PSOE. Hoy, al conocer la sentencia, que ni siquiera les fue notificada por los magistrados del Tribunal sino por un funcionario de la Audiencia, aparecía envejecido, con la mirada distante. José Antonio Griñán, también con el pelo canoso y barba de varios días. Ambos son la imagen del poder que lo tuvo todo y se esfumó por la escuadra. «Vivimos como cartujos», susurraban a los suyos. Tal vez su error fue la ignorancia o la desidia. Pero el cruel destino les deja ahora como condenados bajo la frase de un alto dirigente andaluz: «Les han hundido algunos que mucho les debían». Dicho queda.