La madre de Elche que asesinó a su hijo en 2018: «Era muy trasto, se me subía a la chepa»

La Audiencia de Alicante juzga desde mañana la muerte del niño Aarón Gálvez, asesinado por su madre y su nuevo novio en septiembre de hace dos años. La Fiscalía pide para la pareja 28 años de prisión pero el padre biológico peleará por la prisión permanente revisable

Cristina apenas llevaba un par de meses viviendo en el segundo piso de la calle Manuel Ruiz Magro, 10 de Elche y ya la conocía todo el vecindario. La joven madrileña, hoy de 29 años, no se cortaba en ponerse a fumar marihuana a todas horas apoyada en la barandilla del balcón de su nueva vivienda. Se había mudado allí con un nuevo novio y su hijo Aarón, de solo dos años, fruto de una relación anterior que dejó tras haber conocido a este chico por internet, mientras jugaban a la Play Station. Entre el olor de los porros a cualquier hora y los frecuentes llantos del niño, la pareja se había hecho notar en el barrio. Porque los lloros del pequeño Aarón no eran normales. Una testigo explicó posteriormente que eran «como de dolor, como si le estuvieran haciendo algo y luego paraba de repente de forma brusca, como con una arcada». Algún día también escucharon golpes. Aun así, nadie tuvo a bien llamar un día a la Policía, por si acaso. Al final, todo esto salió a la luz cuando ya no se podía hacer nada por ayudar al niño.

Aarón Gálvez nació el 26 de abril de 2016 en San Sebastián de los Reyes (Madrid). Sus padres, Cristina y Félix, tenían entonces 25 y 19 años respectivamente, y habían iniciado una relación cuatro años antes, hasta que ella se quedó embarazada en verano de 2015. Pero tuvieron al bebé y comenzaron los problemas con la crianza. Aunque la abuela paterna les ayudaba no se terminaban de apañar con el niño. Cristina estaba más a otras cosas que al cuidado de un bebé: fumaba porros y se pasaba las horas jugando a la Play Station de forma online. De esta forma puedes conocer a otros jugadores y entablar conversación con ellos. Y así fue como llegó José Antonio a su vida. El chico, dos años menor que ella y residente en Elche (Alicante), parecía compartir las mismas aficiones y se encaprichó de él. En marzo de 2018, solo medio año antes de que el menor falleciera, dejó a Félix y se escapó con José Antonio. El padre de Aarón primero pensó que solo se estaban dando un tiempo pero cuando se dio cuenta de que tenía intención de irse con el niño de forma definitiva tuvieron una discusión por la que ella le denunció y acabó obteniendo una orden de alejamiento de Félix. Ella se mudó con el menor a Elche y se instaló allí con José Antonio. Ninguno de los dos estudiaba ni tenía trabajo estable e iban tirando de una herencia de 50.000 euros que la abuela de Cristina le había dejado. Pasaban las horas jugando a la consola y consumiendo marihuana y cocaína prácticamente a diario. Desde luego el pequeño Aarón, a pesar de su corta edad, no era el centro de sus atenciones y, de hecho, les molestaba sobremanera que no se mantuviera callado. Ella explicaría más tarde que, como se había criado sin padres, «no sabía educar» y que era su nueva pareja la que asumía ese papel. Y José Antonio perdía los nervios con frecuencia. Los golpes al pequeño Aarón eran algo habitual en esa casa: porque lloraba, porque se hacía pis, porque no hacía caso... Hasta que un día, según explican ellos, «se le fue la mano» a José Antonio.

«Una punta de cocaína»

Era 13 de septiembre de 2018. El niño no paraba de llorar en su cama y su nuevo «padrastro», que confesó que había fumado unos porros y se había «hecho una puntita de cocaína», no estaba para contemplar a ningún bebé. Tras zarandearle con violencia por el brazo, le dio un puñetazo en la cabeza que le estampó contra la pared y el niño quedó medio inconsciente. No contento con eso, según relata la Fiscalía en su escrito de acusación, al que ha tenido acceso este periódico, «le agarraron por el cuello oprimiéndole con tal fuerza que provocaron la asfixia del niño». Cuando vieron que no respiraba se debieron asustar y decidieron llevarlo al hospital. Ya era por al mañana y les llevó una vecina (a ella le dijeron que el niño se había despertado así) al hospital de Vinalopó. Según el informe médico, el menor entró inconsciente, con palidez cutánea, politrauma y un gran hematoma en la zona parietal izquierda temporal hasta la mejilla. Aunque ambos llevaban preparada una versión, acabaron dando tres diferentes. A los médicos les explicaron que se les había resbalado en la bañera. Pero también que unos niños le habían pegado en el parque unos días atrás para dar explicación a los hematomas que tenía en las costillas, brazos y piernas. Los facultativos sospecharon desde el principio y activaron el protocolo habitual de dar aviso a la Policía ante un posible comportamiento violento.

Y ahí empezaron los cambios de versión. De la bañera y las caídas del parque pasaron a una historia rocambolesca. Cristina aseguró a los agentes que, en realidad, los golpes del niño se deben a un motivo que no se había atrevido a contar «por miedo». «El otro día nos secuestraron a mi hijo y a mi unos tipos que iban encapuchados. Nos metieron en un coche, nos golpearon y luego nos dejaron tirados en una cuneta», les vino a decir.

José Antonio, por otro lado, lo mismo: que el niño se había desmayado mientras su madre lo bañaba y que los niños en el parque el otro día. Hasta que se acabó rompiendo. «Cristina dice que no sabe educar y delega en mí. Yo mi forma de educar es dando cachetes». «No le doy a diario, solo cuando se porta mal, es la primera vez que lo golpeo de esa manera». Así, José Antonio acabó confesando que ese día Aarón se estaba «portando muy mal» y que él le dio un cachete en el culo, un tortazo y luego un puñetazo en la cabeza (hizo haciendo el gesto de un boxeador). Eso sí, del estrangulamiento, la causa de la muerte del niño, ni mu.

Mientras José Antonio contaba esto, visiblemente nervioso, Cristina estaba más pendiente de él que de la evolución del menor, aún en estado muy grave. De hecho, a uno de los agentes que declarará como testigo, le sorprendió que después de que el chico contara lo del puñetazo, ella se acercó a él, se sentó a su lado, le cogió la mano y le dio un beso. Ella estaba muy preocupada de que él no quedara «como un maltratador»: «Aarón es un niño muy trasto y se cae mucho. A mi se me sube a la chepa y la manera de educarlo de José es darle algún cachete o cogerlo del brazo pero es incapaz de hacerle daño, le quiere mucho, ese día se le fue la mano», dijo justificando a su nuevo novio. «Nos sorprendió su frialdad», declaró el agente durante la instrucción del procedimiento, dirigida desde el Juzgado de Instrucción número 4 de Elche. El niño fue trasladado a la UCI pediátrica del Hospital General de Alicante, donde le hicieron una resonancia magnética encefálica, que reveló «signos compatibles con la encefalopatía hipóxico isquémica severa». La noche del 13 al 14 de septiembre el niño sufrió un grave empeoramiento neurológico que le acabó provocando la muerte tres días después. El pequeño Aaarón murió a las 19:10 horas del 17 de septiembre de 2018.

Su autopsia reveló que la causa de a muerte había sido el estrangulamiento pero también sacó a la luz golpes anteriores a su muerte: el menor había sido agredido con violencia durante bastante tiempo y así lo mostraban diferentes lesiones provocadas semanas atrás. No fue un día, fueron varios, según los análisis forenses.

José Antonio y Cristina ingresaron en prisión el 15 de septiembre de 2018. Tras ser evaluados por los forenses del Instituto de Medicina Legal de Alicante, los profesionales no encontraron «alteraciones mentales en sus capacidades intelectivas ni volitivas» en el momento de los hechos. Mañana se sentarán en el banquillo de la Audiencia Provincial de Alicante con sede en Elche, lugar donde ocurrió todo. La Fiscalía pide para ellos 28 años de prisión y una indemnización de 70.000 euros por el fallecimiento del niño y 5.000 euros por los daños morales para su progenitor. Éste, Félix Gálvez, representado por letrado Marcos García Montes, pide para la pareja prisión permanente revisable (PPR) por tratarse del asesinato de un menor. En su escrito de calificación tipifica un asesinato consumado con alevosía por desvalimiento (artículo 139.1 del Código Penal) y malos tratos habituales (173.2). Por ello solicita la aplicación de la PPR (140.1 del Código Penal).