«Injerencias del pasado»

Así ha calificado la líder podemita del País Vasco y reciente candidata a Lehendakari, las detenciones de tres expresos de ETA por parte de la Guardia Civil. Lo relevante es el argumento utilizado para criticar esa operación: «Están fuera de tiempo, son una injerencia del pasado y no aportan nada positivo». Escuchar decir esto desde las filas de quienes mantienen una fijación política con la Guerra Civil y el franquismo, y la necesidad de hacer justicia y reparación a las víctimas de esos hechos es un ejemplo de la hipocresía y cinismo político que informa esta política memorialista del tándem Sánchez-Iglesias. Los delitos y las víctimas son de diferentes categorías según los actores sean de «los suyos» o de «la derecha». Largo Caballero –el Lenin español– merece reconocimiento público, mientras sus víctimas deben ser condenadas. Queda retratado su concepto de la «justicia, reparación y perdón» cuando añade que «no deben de aplicarse de este modo». Nos queda la incógnita de cómo deben aplicarse a ellos mismos, porque a «los otros» ya lo sabemos: mediante la «Memoria» de Calvo, que es tan democrática que viene acompañada de adoctrinamiento escolar, censura de opinión y expresión y fiscalía de Sala del Tribunal Supremo para los desobedientes.

No es infrecuente en la vida que para que las cosas empiecen a arreglarse tengan que estropearse del todo: el despropósito de esas políticas memorialistas les está volviendo a su cara como un bumerán. De tanto mirar atrás, se está conociendo bien su nada ejemplar pasado histórico.