La “temible” República

A los seis meses escasos de vida de la Segunda República, las Cortes Constituyentes aprobaron sin apenas debate, la «Ley de Defensa de la República», un régimen de excepción que estableció una dictadura absoluta en España durante dos años. Azaña lo expresó claramente el 14 octubre de 1931 en su presentación a las Cortes: «La República tiene derecho a ser respetada, y, si no lo es, la hará temible». Vaya si lo hizo: en manos del Gobierno quedó el secuestro de todo tipo de publicaciones y la suspensión de reuniones o manifestaciones que el ministro de la Gobernación considerara un riesgo para la República. Incluso suspendió de empleo y sueldo a un juez por acordar la libertad condicional de un procesado, y estableció destierros masivos de personas y sanciones, sin capacidad en ningún caso, de recurso ante instancia judicial alguna. No es de extrañar que dos años después hablaran los españoles por las urnas y dieran a las derechas el Gobierno, lo que motivó en octubre de 1934 un golpe de Estado revolucionario de las izquierdas contra el legítimo Gobierno de la República.

Esta experiencia viva de esa «modélica» etapa de nuestra Historia, es a la que cada vez con menor disimulo, nos quiere llevar el actual Gobierno socialcomunista, nítido sucesor de aquel Frente Popular que –mediante pucherazo electoral– asumió el poder en 1936. Ahora pretenden hacer la defensa de esa República mediante una ley que obligue a tener una Memoria que nos persuada de que aquello fue ejemplarmente democrático y debe ser reinstaurado. Calvo dixit.