Los barones presionan a Casado para que vote «no» en la moción de Vox

El mensaje a la dirección popular es que la abstención sería «un regalo» para Abascal

La dirección del Partido Popular no ha querido hacer oficial hasta ahora el sentido de su voto en la moción de censura que Vox ha presentado contra el Gobierno de coalición, y que se debatirá esta semana en el Congreso de los Diputados. Es prácticamente el único partido que no ha confirmado qué hará en la votación, como si el secreto formara parte de una jugada estratégica de alto nivel. Pero no hay táctica detrás, sino las dudas de Génova sobre la posición a fijar en la moción que defenderá Santiago Abascal.

Los «barones» autonómicos piden mayoritariamente un «no» a Vox, que no quiere decir un «sí» a Pedro Sánchez. Ésta es la postura mayoritaria dentro del partido. Pero el debate en la cúpula es que se pueda interpretar mal ese «no» y el uso que Vox haga del mismo para movilizar al electorado más a la derecha. Es un juego en el que Génova sabe que no tiene nada que ganar, y desde la posición centralista, desde la España que solo se identifica con Madrid, lo más cómodo sería la abstención. No avalar al Gobierno de coalición ni votar con la mayoría de investidura de Sánchez, pero tampoco hacerlo con Vox. Ciudadanos sí anunció desde el primer momento sin complejos su «no» a la moción de censura, por considerar que no es el momento, en plena pandemia, y que solo tiene un sentido instrumentalista, al servicio de los intereses electorales de Vox.

Mientras, a la dirección del PP le están advirtiendo desde su partido que la abstención es asumir una «posición subordinada» a la formación de Santiago Abascal. «No podemos hacerle ese regalo a Vox». Vox ha conseguido agitar el debate dentro del PP y la discusión sobre la estrategia para contener la expansión electoral de su competidor. En la dirección del partido están muy pendientes de la evolución electoral de Vox. Y en el PP avisan: esta «obsesión» es contraproducente porque lamina la capacidad de «marcar una estrategia propia».

Pero los gurús demoscópicos no dejan de pronosticar que la crisis económica y la pandemia, la situación de excepcionalidad a la que se enfrenta España, rema a favor de los populismos, y que, en esta ocasión, con Podemos en el Gobierno, es Vox, sin ninguna responsabilidad institucional, quien tiene más margen para crecer y subir a costa del drama económico y social al que se enfrenta el país y a costa de los déficits de la gestión de la mayoría de las administraciones. En Génova creen que pueden manejar con más soltura a Ciudadanos y a las alianzas con los naranjas, pero un Vox fuerte es una «pesadilla» que quita el sueño a la cúpula del partido.

La moción es solo un instrumento más con el que Santiago Abascal pretende canalizar el descontento de la población y reforzar a Vox como lastre para el Partido Popular. Y, por otra parte, Casado sabe que está obligado a conseguir una mayoría que le permita alcanzar La Moncloa en las próximas elecciones generales si quiere mantenerse como líder del PP, después de haber tenido que gestionar los peores resultados de la historia del partido. La ex portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, ha querido marcar también en este debate el camino al PP, con su apuesta pública por una abstención para la moción de censura. A sabiendas de que sus pronunciamientos y la agitación de sus apoyos mediáticos dificulta a Casado la toma de decisión.

Pero diga lo que diga Álvarez de Toledo, si Casado escucha al PP, la voz mayoritaria se inclina a favor del «no» y de dejar solo a Vox en el Parlamento. «La soledad es una suma más para los extremos», sostiene el argumentario inverso al de los defensores del «no». El debate parlamentario ofrece al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la oportunidad de escenificar un blindaje de su mayoría de investidura, que todavía está por ver si se mantendrá en el debate presupuestario y que hizo aguas durante el estado de alarma. El líder popular se enfrenta al reto de encontrar su espacio para marcar una posición propia como jefe de la oposición, pero el contexto se lo pone muy difícil. En Génova le quitan importancia, y advierten de que el debate «es flor de un día». «Nadie se acordará de ello dentro de una semana. La moción será arrollada por la realidad política y por la realidad del país», aseguran.

Ahora bien, la izquierda, y Pedro Sánchez a la cabeza, harán todo lo que esté en su mano para conseguir precisamente que el debate de esta semana tenga la mayor repercusión posible porque coinciden en su análisis con las declaraciones de este pasado domingo de la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Arrimadas, en una entrevista en este periódico, defendió que la moción es útil a Sánchez porque le permite agitar el discurso de la amenaza de la ultraderecha para tapar sus errores y debilidades y movilizar a su electorado. Sánchez ve en Vox la vía para acentuar la polarización de la sociedad bajo la presión de la imagen de un PP en competencia con Vox y cada vez más alejado del centro.

Por ello, Sánchez quiere darla la mayor proyección posible a este debate parlamentario que dirá que le enfrenta a la «extrema derecha», a la «foto de Colón», e intervendrá en el mismo, aunque no esté obligado. Si por Casado fuera, la moción se debatiría y se votaría en el mismo día y se trataría como una cuestión de mero trámite. El objetivo de Sánchez es presentar a Abascal como el líder en la práctica de la oposición, con Casado subordinado a su estrategia. La moción de Vox será, en todo caso, la que menos apoyo consiga de todas las que se han votado en democracia.