El Papa y Pedro Sánchez: 35 minutos juntos con el estado alarma de fondo

El presidente del Gobierno y Francisco abordaron en su primer encuentro personal el avance de la segunda oleada de la pandemia

Alrededor de media hora. No más de 35 minutos. Es el tiempo que duró la audiencia concedida por el Papa Francisco al presidente Pedro Sánchez. Una media habitual para los jefes de Estado y de Gobierno que visitan al Pontífice. Se trata del primer encuentro mantenido entre el líder socialista y el Obispo de Roma, que tuvo lugar en la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano, el espacio habilitado para estos encuentros. De la misma manera, es la primera vez que un presidente español visita el Vaticano en siete años.

La reunión tuvo lugar cuando Sánchez ultima declarar a lo largo del fin de semana el estado de alarma en un Consejo de Ministros Extraordinario. Ya antes de la cita, desde Moncloa se adelantó a través de la cuenta de Twitter que ambos dialogarían “sobre la situación provocada por la pandemia y la necesidad de unidad, fraternidad y cooperación ante sus efectos sociales y económicos”. Todas estas cuestiones también estaban recogidas en la carta que Sánchez envió a Francisco a principios de octubre para solicitar el encuentro y que hoy desvela LA RAZÓN en exclusiva.

Pedro Sánchez también invitó formalmente al Papa a visitar España, consciente, como el propio presidente explicó hace uno días, que se podría dar cuando “buenamente sea posible”. Este viaje estaría amparado tanto por el Año Santo Compostelano, así como por el Jubileo Ignaciano.

Después de esa media hora larga a puerta cerrada entre ambos, tuvo lugar el tradicional intercambio de regalos, en presencia de toda la delegación española, entre los que se encontraban la esposa del presidente, Begoña Gómez, la embajadora cerca de la Santa Sede, Carmen de la Peña, y parte del equipo de Presidencia del Gobierno.

Sánchez entregó al pontífice argentino un facsímil del Libro de Horas del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Por su parte, el Santo Padre le ofreció a Sánchez un bajorrelieve en bronce dedicado al tema de la misericordia, la acogida y la fraternidad en la que en segundo plano están representados una mujer con un niño en brazos entrando en la plaza de San Pedro y de fondo una barca con migrantes y en primer plano unas manos que se entrelazan. Además, le regaló una copia de sus siete encíclicas y exhortaciones.

Tras la cita con el Papa, Sánchez mantuvo una reunión con el secretario para las Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher, o lo que es lo mismo, el ‘ministro’ de Exteriores de la Santa Sede. Dos horas después de pisar territorio vaticano, concluía la visita y regresaba de inmediato a Madrid para analizar la declaración del estado de alarma en un Consejo de Ministros Extrarodinario.

El presidente Sánchez, acompañado de su esposa, llegó antes de los previsto al patio de San Dámaso en un coche cedido por el Gobierno vaticano. Poco después de las nueve de la mañana -en concreto, a las 9:11-, con la lluvia como cómplice, fueron recibidos por Leonardo Sapienza, el regente de la prefectura de la Casa Pontificia, que sustituye al prefecto George Gänswein, conocido por ser también el secretario personal de Benedicto XVI y actualmente en ‘excedencia’ de este primer cargo.

Tanto Sánchez como su mujer acudieron de luto riguroso, cumpliendo así con la etiqueta protocolaria vaticana. Máxima sobriedad solo rota por la corbata azul del líder socialista y por el detalle de Gómez de prescindir de la tradicional mantilla negra sobre la cabeza.