Andalucía

Susana Díaz, la sultana rebelde

Las heridas entre la ex presidenta andaluza y Sánchez nunca cicatrizaron. Tras cuatro años de relación muy fría, afronta una batalla política que puede ser el inicio de la caída de su eterno adversario

FOTO: Platón La Razón

La política da sorpresas, sorpresas da la política. Cuatro años después de aquellas primarias en las que fue derrotada por Pedro Sánchez, la lideresa andaluza Susana Díaz compite de nuevo contra el secretario general del PSOE. Durante todo este tiempo la distancia entre ambos ha sido enorme, máxime cuando el candidato del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, arrebató a los socialistas su feudo histórico.

Ahora, el «tsunami» del 4-M, con la aplastante victoria de Isabel Díaz Ayuso, ha puesto de nuevo patas arriba el socialismo andaluz. En una jugada rápida, Susana se adelantó a convocar unas primarias sobre las que estaba en contra, pero que la dirección federal le pensaba imponer por la fuerza. Así, el 13 de junio se medirá con el protegido de Sánchez, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, en una batalla decisiva para el presidente del Gobierno, ahora muy tocado por la derrota madrileña. Si en marzo de 2017 Sánchez invocó un militante, un voto, frente al todopoderoso aparato del partido que arropaba a Susana, es ahora ella quien reclama el poder de la militancia frente a las maniobras de La Moncloa y el cuartel general de Ferraz.

«El resurgir de la sultana». Así definen ya sus leales esta nueva batalla de Susana Díaz frente a su eterno enemigo. Cuatro años de una relación fría, con versiones contrapuestas. Desde Moncloa insisten en que Sánchez la recibió al perder la Junta y le ofreció de todo, la presidencia del Senado, un ministerio y hasta la presidencia de una gran empresa pública, que ella rechazó. Por el contrario, los «susanistas” cuentan que el presidente siempre ha sido muy distante y que desde Madrid nunca han cesado las zancadillas. De hecho, Díaz se enteró de la intención de la Ejecutiva Federal del PSOE de convocar primarias por la prensa, por lo que anticipó la jugada y confió en un proceso «limpio y sin empujones».

Pero el socialismo andaluz está que arde, profundamente dividido, mucho más al estar desalojados del palacio de San Telmo. Todos los sectores vaticinan una campaña «a cara de perro», de difícil pronóstico. Cuando la militancia se mueve, se produce aquello que un día dijo Alfonso Guerra: «A las primarias las carga el diablo».

Esto bien lo saben Pedro y Susana. El primero, derrotado por su propio partido, sin escaño en el Congreso, cogió su coche, viajó por toda España y ganó. La segunda, arropada por todo el aparato y líderes históricos como Felipe González, perdió. Ahora, las tornas pueden cambiar el signo de los protagonistas. La sultana conoce las tripas del gobierno andaluz, tiene aún mucho gancho en importantes municipios y se ha pateado en estos años a la militancia.

«Es pasional, lleva el partido en la sangre», dicen los suyos. El alcalde sevillano, Juan Espadas, está más aferrado al feudo hispalense, aunque parte con todo el apoyo de Sánchez y la maquinaria de Ferraz. «Es racional y buen gestor», aseguran en su entorno. La ministra de Hacienda, la también sevillana María Jesús Montero, en un principio la candidata del secretario general, y la cordobesa Carmen Calvo, aterrizaron ya para respaldar a Espadas y en los próximos días Moncloa y Ferraz se volcarán en esta gran batalla del Sur. Perdida Cataluña, con una derrota sin precedentes en Madrid, si Pedro Sánchez también pierde su apuesta en Andalucía será el principio del fin del caudillo socialista.

Desde aquellas primarias hace cuatro años, las heridas entre Pedro y Susana nunca cicatrizaron. Cuando, a pesar de ganar las elecciones, Susana Díaz fue desalojada de la Junta por el pacto del PP con Ciudadanos y Vox, la rivalidad se incrementó. La andaluza se mantuvo callada, en un discreto segundo plano en la oposición, pero Sánchez nunca ocultó su intención de relevarla. Entre los «susanistas» denuncian multitud de maniobras desde Madrid para desgastarla, mientras en Moncloa y Ferraz opinan que es necesaria una renovación ante la estrepitosa derrota en Madrid.

«Susana está quemada y ella lo sabe», argumentan en la dirección federal del PSOE. «Hay mucho juego sucio», advierten los fieles a Díaz, quien todavía ostenta la secretaria general del partido en Andalucía, la federación más poderosa con 46.000 afiliados. Si Sánchez gana esta batalla, saldrá reforzado, podrá taponar algo el fracaso madrileño y tendrá manos libres para acabar con Susana. Si, por contra, ella se impone, la autoridad del presidente quedará seriamente tocada y la sultana habrá consumado su eterna rebelión contra el «sanchismo». Las espadas, nunca mejor dicho por el apellido de su rival, están en alto.

Susana Díaz Pacheco nació en Triana, donde siempre ha vivido. Allí sus padres, José, fontanero, y Rosa, ama de casa, la llevaban al estadio del Benito Villamarín para ver jugar al Betis. Susana se define bética, taurina y costalera. Fervorosa de la Semana Santa, es devota de varios Pasos, entre ellos los de la Esperanza de Triana y el Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Tras varios años logró licenciarse en Derecho, pero toda su vida ha estado ligada al partido desde que ingresó con 17 años en las Juventudes Socialistas.

Forjada a la sombra de Manuel Chaves, y sobre todo de Juan Antonio Griñán, su gran salto se produce cuando éste la nombra consejera de Presidencia de la Junta, lo que la llevaría después a ser elegida presidenta del gobierno andaluz, que ejerció durante seis años hasta ser desalojada por Moreno Bonilla, algo que nunca digirió y la colocó en desventaja frente a Pedro Sánchez. Ahora, en estas envenenadas primarias, la sultana rebelde puede cobrarse su revancha.

Casada en la capilla de la Esperanza de Triana con José María Moriche, «El Mori», un mileurista que ha conocido el paro y de quien un día ella afirmó «me casé con un tieso», es madre de dos hijos, Josemari y Rocío. Su marido, un consorte puro en segundo plano, ayuda en las tareas del hogar y algunos recuerdan cómo siendo presidenta la telefoneaba a San Telmo: «Susi, la cena está servida». Ahora, afronta su batalla política definitiva y puede ser el inicio de la caída de su eterno adversario. Todo está por ver y puede suceder bajo puñales en este cruento duelo al Sur.