Casado no se pondrá tras la pancarta de Vox

El PP centrará su crítica a los indultos al ámbito institucional con respuesta parlamentaria e iniciativas de rechazo

Los líderes de Vox, Santiago Abascal; del PP, Pablo Casado; y de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la manifestación del pasado domingo en la Plaza de Colón
Los líderes de Vox, Santiago Abascal; del PP, Pablo Casado; y de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la manifestación del pasado domingo en la Plaza de Colón

Los indultos a los líderes independentistas pueden ser el nuevo Estatut en la estrategia de la oposición. Esto quiere decir que vienen mesas de dura ofensiva contra esta decisión del Gobierno, además de que el PP confía en que el Tribunal Supremo pueda llegar a enmendar la plana al Gobierno en su decisión cuando estudie su recurso. También lo ha anunciado Vox.

Pero, justo, Vox es el nuevo agente político que entra en juego en esta batalla y que no participó en toda la contienda política que acompañó a la reforma estatutaria que el Tribunal Constitucional tumbó en 2010. En el PP creen que deben someter su respuesta a los indultos a la consideración de valorar qué hicieron bien y qué hicieron mal durante el debate del Estatut. Pero, al mismo tiempo, Vox condiciona la respuesta que el centro derecha pueda dar a la decisión del Gobierno y aquí hay debate en la organización popular sobre hasta dónde deben llegar y sobre hasta qué punto esta confrontación no puede acabar rentabilizándola Vox en lugar del PP.

El PP convertirá los indultos en eje de su política de oposición. Con respuesta parlamentaria, y hasta iniciativas de rechazo, que pretenden trasladar a nivel territorial. Pero su intención es primar el ámbito institucional. La otra pata es Bruselas. El Gobierno argumenta que en Europa no se entiende la situación en la que se encuentran los líderes del «procés». De la misma manera, en el PP consideran que los indultos tumban la estrategia del Estado para reclamar que Carles Puigdemont comparezca ante nuestra Justicia, y por ahí también atacarán a Sánchez.

La discusión dentro del PP está en medir hasta dónde deben llegar para que la bronca política no redunde más en beneficio de Vox que de ellos. Las elecciones catalanas están ahí, y confirmaron que Abascal rentabiliza los escenarios de dura confrontación.

El debate en el PP es dónde fijan el límite de su posición una vez que el PP puede apoyar las movilizaciones en la calle si no están dirigida por Vox. Podría incluso mandar representación. Pero si el director de orquesta es su principal competidor en el centro derecha, la decisión no es tan sencilla. «Casado no puede ponerse detrás de una pancarta montada por Vox, otra cosa es que nos sumemos a movilizaciones organizadas por otras instancias o que seamos nosotros los que lideremos la protesta, pero con Vox siempre un paso más a la derecha va a ser muy difícil que seamos nosotros los que capitalicemos la iniciativa».

Los barones del PP frenan el ímpetu de Génova con los indultos y creen que, desde la firme oposición, el partido no debe perder de vista la máxima de que cuanto más se tensa la política y el debate, más se beneficia Vox. En el poder territorial del PP también plantean que deben valorar y medir bien la respuesta sin quedarse en la superficie «de lo que se ve». Están convencidos de que en Moncloa han hecho cálculos sobre el beneficio electoral en Cataluña y el coste en el resto de España de los indultos, «y si solo estuviera en juego la estabilidad, es posible que Sánchez no arriesgase tanto porque puede seguir gobernando sin llevar decisiones al Parlamento. No sería el primer Gobierno que aguanta todo lo que haga falta en una situación de inestabilidad. Los fondos europeos pueden servirle de Presupuestos y este año no habrá unas nuevas cuentas», sentencian. Por tanto, entre los dirigentes territoriales del PP más curtidos hay cierto consenso en que el PP debe estar atento a las «trampas» que haya en el camino de un problema que Sánchez ha colocado intencionadamente en estos momentos en la mitad del camino.

Casado tiene una oportunidad, y la aprovechará, pero desde su partido piden prudencia y no caer en los mismos errores que cuando plantaron cara a la reforma estatutaria que se aprobó con el Gobierno de Zapatero.