Ayuso gana el pulso a Génova

No tiene rival para liderar el PP de Madrid, salvo que se amañe en los despachos. Los barones la respaldan

Acto de investidura y juramento de su cargo de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid en la sede de esta en la Puerta del Sol junto al líder del PP, Pablo Casado
Acto de investidura y juramento de su cargo de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid en la sede de esta en la Puerta del Sol junto al líder del PP, Pablo CasadoJesús G. FeriaLa Razon

Isabel Díaz Ayuso no tiene rival para ser elegida presidenta del PP de Madrid el año que viene, si se cumple el calendario que manejan dentro de su partido. La fotografía de la ceremonia de su toma de posesión como presidenta de la Comunidad de Madrid, con todo el poder del PP rindiéndole pleitesía, está llena de claves en las que no todo es lo que parece. Tras la imagen de unidad, está también el retrato de los barones, incluidos los más críticos con la línea oficial del partido, dejando claro a Génova que están con Ayuso porque tampoco quieren injerencias en su ámbito de decisión sobre los nombramientos o listas electorales. El PP de Madrid tiene pendiente resolver su liderazgo en un congreso regional, previsto para el año que viene.

Hace menos de un año, a principios del pasado otoño, en la dirección del PP hablaban de Ayuso como un problema porque creían que sus arriesgadas apuestas en la gestión de la pandemia arrastraban con ella a Pablo Casado. Hoy se ha dado la vuelta al argumento, y aquellas arriesgadas apuestas son el motor que dan impulso a Casado para acercarse a La Moncloa.

La relación de Ayuso con Casado es «formalmente» buena. Aunque, como se escuchaba ayer decir entre los barones que asistieron a su toma de posesión, «ella ya vuela sola y marca sus propios objetivos».

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, asiste a la toma de posesión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. En la imagen los presidentes de las Comunidades autonómicas presididas por el PP y el presidente del PP Pablo Casado
El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, asiste a la toma de posesión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. En la imagen los presidentes de las Comunidades autonómicas presididas por el PP y el presidente del PP Pablo CasadoJuan Lázaro/IcalAgencia ICAL

Antes y durante la campaña, salvo en los momentos en los que Ayuso se ha visto más presionada por la crisis sanitaria, desde Génova siempre se ha insistido en esa idea de que ella es lo que es, y está donde está, gracias a la decisión de Pablo Casado. Fue una apuesta personal del líder del PP, por descarte, porque habían fallado otras opciones. Pero esto es tan cierto como que hoy Ayuso tiene perfil propio, quiere tenerlo, y, como dicen los más veteranos dentro del partido, y que han visto pasar varios liderazgos por el PP de Madrid, está en condiciones de traspasar las líneas que sean necesarias para mantener ese perfil propio. Ante esto, Casado debería sentirse seguro en su estrategia y templado en sus actuaciones, porque, si hay algo evidente para el PP, es que con el sistema actual de primarias Ayuso no tiene rival como presidenta del PP de Madrid. «Otra cosa es que en los despachos negocien». Ayuso ha mantenido y reforzado a los consejeros más cercanos a Génova en su nuevo Gobierno, y ha conseguido que dentro del partido asuman que en estos momentos «ni Almeida puede toserla». La resaca de la renovación territorial le ha ayudado a ganar adhesiones en el poder territorial para que se respete su autonomía en el liderazgo de la organización regional madrileña. Y Génova tiene que rectificar su intención de seguir el modelo ya usado en el pasado, el de la bicefalia, es decir, establecer la excepción de que en Madrid, a diferencia del resto de direcciones regionales, quien esté al frente de la comunidad no sea al mismo tiempo el líder del partido.

El sentido de esta excepción no es otro que mantener un mayor control desde Génova. Pero esa aspiración del poder central ha saltado por los aires por la evolución del liderazgo de Ayuso, y así lo reconocen en las baronías más moderadas del partido. «Hoy Ayuso es incontestable en Madrid , aunque no sea mi modelo, ni sea exportable fuera de Madrid».

Un partido «no es un banco, donde se ponen y se quitan directores», comentan en el poder territorial, después de que han visto cómo Génova gestionaba los congresos provinciales. En todo proceso congresual hay choques, en este caso Génova ha aprendido de algunos de sus errores, e incluso ha intentado recomponer algún daño colateral, y mejorar relaciones, al constatar que las encuestas van hacia arriba y que Casado necesita de la unidad interna para aprovechar el aire a favor.

En la línea más oficial se ajustan a la directriz que apunta que el objetivo es que Casado sea presidente. «No hablamos de congresos regionales ni de postulaciones. Todo se queda pequeño frente a la posibilidad, cada vez más cercana, de que Pablo gane la Moncloa. Cada línea que se habla de un congreso regional, como si fuera lo más importante del partido, es una línea que perdemos en no hablar del desgobierno de Sánchez».

En el equipo de Casado no quieren entrar en polémicas con Ayuso ni en clave interna, e insisten en que con las encuestas dándoles «más de 130 diputados, nadie está pensando en otra cosa».

Rivalidad entre equipos

«Quien siga con este tema, haciendo declaraciones o filtraciones, es que no quiere a Pablo ni al partido porque hace que gastemos espacio en hablar de nuestro ombligo en vez de hablar de lo que realmente importa a los españoles». Casado necesita a Ayuso para llegar a La Moncloa, y el análisis que hacen en su partido es que se equivocará si se deja llevar al terreno de exhibir que sostiene el pulso con ella por culpa de los entornos. Las rivalidades entre los equipos de Casado y Ayuso existen, y muchas veces son más responsables ellos, que los propios líderes políticos, de la imagen de tirantez y conflicto que llega a la opinión pública. La segunda investidura de Ayuso viene de un duro encontronazo en la noche electoral, precisamente entre Génova y su círculo por ver cómo se dibujaba la foto del balcón de la victoria. Colón volvió a tensar la cuerda con la excusa de las declaraciones de la presidenta sobre el Rey y los indultos. Desde Génova airearon en «fuentes» su malestar, y en Sol han tomado nota. Pero, «formalmente», la relación es buena.