Las empleadas de José Luis Moreno le delatan: “Pasaban facturas de personal que no existía”

En una conversación interceptada explican cómo estafaba al empresario que le financiaba la serie

José Luis Moreno saliendo de los juzgados acompañado de su abogada, a 4 de agosto de 2021
José Luis Moreno saliendo de los juzgados acompañado de su abogada, a 4 de agosto de 2021 FOTO: Europa Press Europa Press

Llevaban tiempo trampeando las cuentas y sabían que en cualquier momento la cosa podía explotar, como así acabó sucediendo. Las empleadas que José Luis Moreno tenía en la empresa Dreamlight International Produtions S. L. hablaban a menudo de ello. En una ocasión, ya con los teléfonos intervenidos bajo orden del Juzgado Central de Instrucción número 2, Beatriz Sánchez y María Rosa Santamaría, también implicadas en la denominada «operación Titella», comentaban la carta que el empresario Alejandro Roemmers había enviado a Moreno quejándose de que aún no había recibido ningún capítulo de la serie que supuestamente estaba financiando y para la que ya había desembolsado 32 millones de euros. En esta conversación telefónica entre las empleadas producida a las 13:17 horas del pasado 8 de enero, admiten que todo era una pantomima: que solo se simulaba una producción que no se estaba desarrollando y elaboraban facturación falsa para ello.

“Son 2 millones solo en viajes privados”

Las trabajadoras de Dreamlight están de acuerdo en que no podrían «aguantar» una auditoría porque «solamente con los viajes privados eran 2 millones de euros». Además, reconocen que en caso de que les hicieran una, «perjudicaría» los 16 millones que Moreno se ha quedado de los 32 que dio Roemmers. Durante esta conversación incorporada en el sumario de la causa, al que ha tenido acceso este diario, Rosa le comenta a Beatriz que «en una auditoría se verían todos esos viajes privados y todo el primer año que no empezaron a grabar todas esas “gilipolleces” de estudios históricos de peluquería y vestuario, estudios de 20 o 30.000 euros pero lo gordo es cuando empezaron a pasar facturas de personal que no existía, que eran como si trabajaran 100 personas y solamente estaban Natalia (empleada y sobrina) y ella (Rosa)».

Se trata de la serie que estaba financiando el empresario argentino Alejandro Roemmers, quien ya comenzaba a impacientarse al ver que el productor televisivo no respondía. De hecho en la misma conversación telefónica, Beatriz le lee a Rosa el mensaje que Roemmers envió a Moreno la noche anterior y que solo sabían tres personas. En el mismo, además de preguntarle cuándo entregaría los primeros capítulos de la serie totalmente terminados como había prometido, le advierte de que según lo que le responda decidirá si le sigue apoyando o «dejo que los abogados tomen el control de la situación porque no has hecho nada de lo que te pedí, ni has aportado dinero fresco a la sociedad (…) Es lamentable después de haber aportado dinero durante más de dos años, que esté pidiendo un primer capítulo y lidiando con abogados y con una insolvencia».

“Estoy dispuesto a todo”

Roemmers le dice a Moreno que, como ya le había anunciado con anterioridad, «estoy dispuesto a todo si me siento engañado y no recibo al menos algunos capítulos a la mayor brevedad posible, sin más aportes de ningún tipo ni concesiones de prestamistas usureros. Si no está acabando el tiempo y el dinero y yo no voy a aceptar que esto se quede así». El empresario que financiaba una serie que nunca existió le recuerda que ya lleva invertidos 32 millones «a cambio de nada salvo un guión inconcluso y tráiler que según los expertos que he consultado carecen de la calidad y la intensidad y espectacularidad que tú me has dicho para vender una serie a más de 3 millones por capítulo que requiere no es cierto dicho por todos los que la han visto».

De hecho la empleada de Moreno recuerda que no eran 32 sino 35 millones los que el empresario argentino llevaba invertidos en la producción audiovisual.

Platós completamente vacíos

En la misma conversación Rosa le comenta a Beatriz –abogada laboralista que trabajaba para Moreno desde 2004–, si recuerda «esas facturas que se pasaban de 20 y 30.000 euros de catering de gente que no existía» y que fue «durante meses». Rosa le dice que se ponían platós en alquiler a 20 y 30.000 euros al mes estando los platós completamente vacíos y construcciones de decorados que no existían. De hecho son las propias empleadas de Moreno, conocedoras de todos sus chanchullos, quienes pronostican su futuro. En esa misma conversación telefónica Beatriz le dice a Rosa: «Unos ya intentaron abrirle la cabeza una vez y ahora otros le intentarán meter en la cárcel». No fue así gracias a que el empresario logró depositar la fianza requerida por el juzgado.