Moncloa: «Ahora sí es una reforma laboral de todo el Gobierno»

Sánchez no habló con Díaz para pactar la nueva «metodología», en la que se diluye su influencia con la entrada de Calviño

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso de los DiputadosEmilio NaranjoEFE

El Gobierno lleva días enredado en la polémica por el abordaje de la reforma laboral. Un conflicto de «contenido» revestido de «metodología» que está generando un importante desgaste interno al Ejecutivo. Un Ejecutivo que se ha convertido de facto en su propio enemigo, inmune como es a los ataques de la oposición. Conscientes de la erosión que les genera, en Moncloa decidieron ayer saldar la cuestión con un principio de acuerdo. Y es solo un principio, porque todavía no se vislumbra cercano el final de una negociación en la que se quieren hacer conjugables –nada menos que– los intereses de las dos almas del Gobierno, sindicatos y empresarios. Fuentes gubernamentales insisten en que se trata de un tema de «coordinación» y no de «contenidos», porque lo importante ahora es crear una interlocución eficaz para que, si surgieran estas divergencias en los contenidos en el futuro, se puedan resolver en un espacio de coordinación.

El acuerdo que ayer se escenificó no se ha cocinado al más alto nivel. Pedro Sánchez y Yolanda Díaz no han tratado el asunto, según señalan fuentes de Moncloa, sino que han sido contactos a varias bandas entre el ala socialista (Félix Bolaños y María Jesús Montero) y el ala morada (Yolanda Díaz, Ione Belarra e Irene Montero). Hubo una reunión antes del Consejo de Ministros de este martes y ayer por la mañana siguieron perfilando los pormenores del acuerdo que se anunciaría posteriormente. Un pacto con el que todos dicen «estar contentos», pero que ha supuesto una primera victoria para Sánchez, que impone sus tesis y da entrada a Nadia Calviño en la negociación. En la parte morada, creen, por el contrario, que quien gana es Díaz, porque ya se ha impuesto el marco de que, aunque tutelada, la reforma laboral lleva su sello.

En el Ejecutivo aseguran que «no es un problema de liderazgo», sino que se trata de «fortalecer la posición del Gobierno en el diálogo social». Rechazan que despierte suspicacias el protagonismo y la proyección que está adquiriendo la ministra de Trabajo y aseguran que las reticencias vienen, porque la hoja de ruta de Díaz para la negociación no era compartida. «Ahora sí es una reforma laboral de todo el Gobierno», se felicitan en la parte socialista del Ejecutivo, por haber dado entrada a su cuota en la mesa de diálogo social.

Dentro de esa cuota destaca la influencia de Nadia Calviño, tal como quería Sánchez, para controlar el avance de los contactos. Revestido por el liderazgo de Trabajo en la negociación, se materializa el tutelaje sobre Yolanda Díaz, con la entrada de los ministerios de Economía e Inclusión en la mesa de diálogo social. De hecho, el presidente del Gobierno quiso escenificar que tomaba el mando con la convocatoria de una reunión el próximo martes en la que estarán presentes las vicepresidentas primera, Nadia Calviño, y segunda, Yolanda Díaz; y los ministerios de Hacienda, de Seguridad Social y Educación.

El objetivo, dicen en Moncloa, es «fijar la posición del Gobierno en la mesa de diálogo social», en los términos del acuerdo de Gobierno de coalición. Una posición sobre la que desde el ala socialista se sostenía que no había conflicto, en contraposición a lo que aseguraban los morados, que veían en esta «injerencia» un problema en los «contenidos» de la nueva legislación laboral. Sánchez no quiere que los empresarios queden descolgados de la reforma, porque necesita vender un acuerdo global en Bruselas. Y esto no era una prioridad para Díaz, que estaba salvaguardando los intereses de los sindicatos. En el núcleo de las fricciones se sitúa la prevalencia de los convenios de sector sobre el de empresa, la ultraactividad o las medidas para paliar la temporalidad.

¿“Coordinación” o tutelaje?

Además de la reunión al más alto nivel que se celebrará el martes, el acuerdo de la coalición rubricado ayer prevé la celebración de reuniones de la mesa de diálogo social para la reforma laboral cada miércoles –como hasta el momento–, que estarán encabezadas por el secretario de Estado de Empleo, pero a las que se incorporarán –como novedad ahora– un director general de la Vicepresidencia económica y otro del Ministerio de Seguridad Social. También podrán acudir otros representantes del resto de ministerios afectados, en función de los asuntos a tratar. De este modo, el ala socialista incluye a su cuota en la negociación y diluye la influencia de Díaz.

A las citas del diálogo social de los miércoles se sumarán con carácter previo y posterior otras de coordinación dentro de la coalición para preparar y analizar los encuentros. Con carácter previo, todos los martes a las cinco de la tarde se celebrará un encuentro con el objetivo de fijar la posición del Gobierno en la mesa. A esta reunión acudirán los secretarios de Estado de Economía y de Seguridad Social y Pensiones y cuando sea necesario «por la importancia o complejidad política de los asuntos» podrán producirse reuniones entre las vicepresidentas primera y segunda junto a los ministros afectados. Estos mismos se volverán a reunir los miércoles por la tarde –con carácter posterior a la mesa del diálogo social– para analizar cómo se ha desarrollado ésta y coordinar el trabajo de preparación de la siguiente. Un tutelaje en toda regla.