Mujeres militares: el reto de superar el techo del 13%

Pese a que España está por encima de la media de la OTAN, la cifra lleva 15 años prácticamente estancada

Fuerzas Armadas
Fuerzas Armadas FOTO: Antonio Cruz

Hace unos meses, la teniente Elena Gutiérrez fue noticia al convertirse en la primera mujer piloto de Eurofighter del Ejército del Aire. En una conversación con LA RAZÓN, animaba a todas las mujeres a cumplir sus sueños aunque se tratase de un sueño militar, apuntando que «no hay ningún techo de cristal que romper». Lo mismo que anteriormente habían dicho las dos primeras en ascender a general: Patricia Ortega y Begoña Aramendía. Y antes de ellas, muchas otras: la primera piloto de la «Patrulla Águila», la primera en asumir el mando de una unidad, la primera boina verde...

Hoy, casi 34 años después de que las primeras 25 mujeres ingresaran en las Fuerzas Armadas, su presencia sigue creciendo, aunque desde hace 15 años lo hace más despacio y no logra superar una barrera que se le resiste: el porcentaje que representan dentro de los Ejércitos y la Armada, el cual desde 2006 no logra pasar del 12%. A día de hoy hay 16.022 (12,9%), solo 976 más que hace 15 años, cuando se contabilizaban 15.046 (12,02%).

Es lo que reflejan las estadísticas anuales que publica el Ministerio de Defensa a través del Observatorio Militar para la Igualdad entre Mujeres y Hombres en las Fuerzas Armadas, que muestran como del fuerte crecimiento de los primeros años se ha pasado a ese estancamiento. Así, por ejemplo, entre 1999 y 2006 la cifra de mujeres aumentó en 10.281; entre 2006 y 2011, en 337, y en los últimos diez años, en apenas 639. Eso sí, desde 2019 se ha dado un empujón desde el departamento que dirige Margarita Robles y el crecimiento ha sido de 569, destacando en estos años el ascenso a general de brigada de las dos primeras mujeres militares. Pero sigue costando cruzar la barrera del 13% del total.

Superior a la media de los aliados

Un porcentaje, el actual 12,9, que, sin embargo, es superior a la media de miembros de la OTAN (12%), organización en la que España se sitúa en el puesto 13. Incluso en cifras absolutas superan a la Policía (10.399 mujeres, un 15%) o a la Guardia Civil (6.163, un 8%).

Y es esa comparativa internacional la que destaca la subsecretaria de Defensa, Amparo Valcarce, quien apunta a este periódico que «el mérito de España es haber alcanzado en un tiempo relativamente corto un porcentaje superior al de otros países de la OTAN» (el crecimiento en los últimos 20 años ha sido de un 9,4% en España y del 6% en la OTAN). Al mismo tiempo, reconoce esa «estabilización en el crecimiento, con ligera tendencia al alza, que se observa en España desde 2006», la cual «es idéntica a la que se percibe en los países OTAN».

Además, la subsecretaria también hace hincapié en el porcentaje de mujeres que participan en misiones en el exterior (España permitió su despliegue en zonas de guerra en 1999). En concreto, suponen un 8% del total, un punto menos que Francia, pero por encima de Alemania (7%) Portugal (5%) o Italia (4%).

Mujeres en las Fuerzas Armadas
Mujeres en las Fuerzas Armadas FOTO: Antonio Cruz

De hecho, Defensa destaca que estos números se deben a que el español es un «modelo avanzado y un referente internacional en cuanto a legislación de igualdad, especialmente en el ámbito de la conciliación». Y entre los pasos dados por el Ejecutivo en este ámbito está, por ejemplo, el aumento del número de guarderías y de plazas en las bases.

Entonces, ¿por qué no se ha conseguido aumentar aún más la presencia femenina en las Fuerzas Armadas pese a las numerosas medidas que se han llevado a cabo para impulsarla? Son varios los motivos, aunque principalmente pasan por una falta de cultura de defensa, de conocimiento ciudadano de la realidad de los ejércitos y, al mismo tiempo, por esos estereotipos que aún quedan y que sitúan a la milicia como una profesión de hombres.

Es lo que opina la diputada y portavoz del PSOE en la Comisión de Defensa del Congreso, la exmilitar Zaida Cantera, quien resume en tono de humor que «algunos se creen todavía que están en la época de las ‘’Historias de la puta mili’'».

Falta cultura de Defensa

Cantera apunta varios motivos por los que esa cifra no crece aún más y cree que uno de los principales hándicaps es esa «falta de cultura de seguridad y defensa de la sociedad», porque «ningún Gobierno ha conseguido normalizar que en escuelas, institutos o universidades se enseñe el servicio a la ciudadanía de las Fuerzas Armadas, es decir, enseñar seguridad y defensa». Y eso contribuiría a atajar, desde la base, esos estereotipos de que el Ejército es una profesión de hombres, algo que a día de hoy «se sigue percibiendo así», apunta, añadiendo que, «cuando una mujer entra muchos aún piensan que es un marimacho».

Y pese a que cada vez ganan en relevancia las militares que van rompiendo techos, como esas dos primeras generales o la piloto de Eurofighter, Cantera señala que aún «faltan referentes femeninos» para hacer atractiva la profesión militar a las mujeres, lo que no ayuda a «normalizar que forme parte de las Fuerzas Armadas». Al respecto, la subsecretaria de Defensa destaca que en 2021, los ingresos en las academias militares se incrementaron un 6,5% y que, a día de hoy, hay 746 alumnas.

Estos son los principales problemas que ella ve para el ingreso, pero también se centra en los que se encuentran las mujeres una vez dentro de un cuartel, sobre todo lo que se refiere a conciliación en una profesión muy demandante: «Las mujeres son las primeras en egresar de las Fuerzas Armadas, porque a pesar de las medidas que se han implementado, que son muchas, aún no hay las suficientes medidas de conciliación». De hecho, muchas optan por no ingresar al pensar que es difícil conciliar.

“Por necesidades del servicio”

Y aquí, marca una «coletilla» que considera «hay que erradicar» de las normativas y órdenes que regulan los permisos, vacaciones o reducciones de jornada: la frase «salvo por necesidades del servicio». En este sentido, considera que aún «hay quienes piensan que si un hombre o una mujer coge el permiso de paternidad o maternidad es que se está escaqueando del trabajo, lo ven como una lacra para la unidad».

Por ello, también considera más que necesario un relevo generacional, sobre todo en los altos mandos, pues en las Fuerzas Armadas coinciden y «chocan dos culturas: una digital, moderna y democrática, y otra anclada a una época pasada, con unos sesgos y con una mentalidad muy diferente», la cual «sigue a la cabeza tomando decisiones» pese a tener una visión muy distinta de la realidad. «Somos uno de los ejércitos con los cuadros de mando más envejecidos», explica.

Distribución por empleos
Distribución por empleos FOTO: Antonio Cruz

Y, por último, señala que aún quedan «algunas discriminaciones» en las pruebas y condiciones de acceso: «Ningún puesto debería ser vetado a mujeres. Para ser militares no necesitamos ser ni Superman ni Superwoman, pero la percepción que sigue habiendo es la de que has de ser una especie de Madelman. Y es un error». Unos «hándicaps» todos estos que, «sumados, nos anclan en ese 13% que no conseguimos superar», sentencia la exuniformada.

Control de las Cortes

Pero el impulso a la presencia femenina en las Fuerzas Armadas también pasa por las Cortes y las comisiones de Defensa, que desde hace años han tratado de impulsar iniciativas para lograrlo. Sin embargo, muchas veces se quedan en un cajón y otras chocan con otros aspectos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el Observatorio de la Vida Militar, órgano que desde 2014 vela por los derechos de los uniformados. El mandato de sus miembros concluyó en 2019 y hasta el pasado verano no se renovó, quedando pendientes diferentes actuaciones sobre las mujeres y las Fuerzas Armadas. Por un lado, en 2018, la Comisión de Defensa del Senado instó al Gobierno a que el Observatorio «elabore un informe sobre las causas por las que no se incrementa la participación de la mujer en las Fuerzas Armadas», el cual nunca se acabó y deberían retomar sus nuevos miembros. Podrían plantearlo en la solicitud de comparecencia del nuevo presidente en el Congreso que en diciembre presentó el PP.

Además, ese mismo mes se aprobó una proposición no de Ley para actualizar el protocolo frente al acoso laboral, sexual y por razón de sexo en las Fuerzas Armadas siguiendo las recomendaciones del Observatorio, que en su última Memoria ya pedía «identificar las causas por la que la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas ha permanecido estable desde el año 2013».