Moncloa reconoce “errores” en la gestión del giro de Marruecos

Desde el Gobierno y el PSOE se quejan de falta de comunicación y mensajes contradictorios

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa FOTO: EUROPA PRESS/I.Infantes. POOL Europa Press

El Gobierno trata de aferrarse al “éxito” europeo y al Plan Nacional de respuesta a las consecuencias de la guerra para superar su momento más crítico. Una semana “horribilis”, la pasada, en la que tuvo que lidiar con el paro de los transportistas y las secuelas del giro en la relación con Rabat. Con toda su energía centrada en el trascendente Consejo Europeo que finalizó el viernes en Bruselas para tratar de atajar la crisis energética, Pedro Sánchez se vio obligado a diversificar sobre la marcha sus esfuerzos para tratar de sofocar los conatos de incendio que amenazaban con cercar al Gobierno. La filtración el pasado viernes 18 por la tarde por parte de Marruecos de una carta remitida por el presidente Sánchez, en la que apostaba por la propuesta alauita de regionalización del Sáhara como la “más seria, creíble y realista” abrió un nuevo frente al PSOE. Dentro y fuera de la coalición. Dentro y fuera del propio partido. Desde Podemos hasta el PP, pasando por los socios de investidura asistían como convidados de piedra a un giro de 180 grados en política internacional. Hoy, el presidente del Gobierno deberá rendir cuentas ante el Congreso.

Incluso sectores socialistas mostraron su sorpresa e indignación por un cambio “que nos va a costar explicar a los nuestros”. Es más, el partido se vio obligado a reaccionar. Primero, distribuyendo un argumentario de urgencia entre sus cargos para cargarles de razones ante la opinión pública y, sobre todo, ante una militancia muy sensibilizada con la causa saharaui. Por otro lado, la dirección nacional movilizó a toda su estructura territorial para promover mociones y proposiciones no de ley en ayuntamientos y parlamentos autonómicos en apoyo del Sáhara Occidental, pero sin mencionar el cambio de postura de España, como consecuencia del acercamiento a las tesis de Marruecos.

En este contexto y ante la falta de explicaciones por parte del núcleo duro de Pedro Sánchez, que fue quien tomó la decisión, en el Ejecutivo y en el PSOE se quejan de la falta de comunicación y reconocen que han existido “errores” y “mensajes contradictorios”, cuestionando la “idoneidad” del momento en que se ha hecho pública la decisión. En fondo y forma. En el fondo, porque se intentaba hacer compatible que el “paso” que abría una “nueva etapa” y buscaba “cerrar una crisis” no suponía ningún movimiento, ningún cambio en la neutralidad que hasta ahora venía ocupando España respecto a la posición de Marruecos sobre el Sáhara, con la que ahora se alinea. También porque primero se defendió que Argelia era conocedor de los pormenores del acuerdo, después se puso en duda y finalmente el propio presidente asumía que la relación con su socio gasístico se había visto “alterada”. A esto, se suman las formas, con filtraciones por parte de Marruecos, primero, y en un medio de comunicación después, sobre cuestiones de relevancia en una política de Estado, que el presidente del Gobierno no explicará hasta este miércoles.

Fuentes socialistas excusan su tardanza en los trámites parlamentarios que lleva aparejada la comparecencia. Estas mismas fuentes justifican el paso dado por un interés de “estabilizar la zona” en una estrategia coordinada en más vertientes: europea -Alemania, Francia e Italia- e internacional -con EE UU-. En el PSOE ven arriesgado el paso al frente de España, pero “algo había que hacer para solucionar la situación”, una situación que, entre otras cuestiones, lleva aparejada el drama humanitario y migratorio que se cobra la vida de miles de personas que intentan llegar a nuestro país. En el Gobierno califican a Marruecos de “socio”, aunque en ocasiones su fiabilidad esté en cuestión, pero entienden que Rabat se juega mucho más que su relación con España, también lo hace con la Unión Europea y eso sería letal para los intereses de un país en el que crece el malestar social.

Tampoco consideran que Argelia vaya a romper el flujo de gas con España. Si bien en un primer momento aseguraron que estaba al tanto del giro con Marruecos, tras las airadas críticas de la diplomacia argelina, en el Gobierno rectificaron y se mostraron mucho menos taxativos, refiriéndose únicamente a los cambios en la relación bilateral con Marruecos. Días después, Sánchez aseguró que habría que reconducir la relación, pero tal como asegura el ex embajador español en Marruecos, Jorge Dezcallar, “a Argelia el gas le corre por las venas y no está dispuesto a cortárselas”.

Tras cumplir los objetivos en Bruselas, el Gobierno encara esta semana con mejores perspectivas. Tras aprobar el Consejo de Ministros el “potente” Plan Nacional de respuesta a las consecuencias de la guerra y a modo de salvoconducto, el presidente comparecerá hoy ante el Congreso de los Diputados, donde sacará pecho por los resultados del Consejo Europeo y se tendrá que enfrentar a las críticas unánimes de la oposición por el giro en la posición neutral de España sobre la autonomía del Sáhara.