Opinión

Sánchez tiene un plan

La ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
La ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez FOTO: Javier Lizón EFE

Se aprobaba este martes el Plan de Choque de Respuesta a la Guerra y, al más puro estilo Sánchez, lo hacía irritando a todos los agentes: críticas del Banco de España, malestar de patronal y sindicatos, reproches de casi todos los grupos parlamentarios… Hay que tener un talento especial para no ser capaz de contentar nunca a nadie. Ni siquiera a los propios socios de gobierno aunque, en esta ocasión y tras los desencuentros de hace unos días (unos más), han salido los de Podemos a apuntarse el tanto con la autopalmadita en la espalda de presentarse como «garantía del desarrollo de políticas sociales». Y es que, claro, si no te lo dice nadie, te lo tendrás que decir tú.

Así, eran los de la formación morada los únicos en mostrarse satisfechos con el plan presentado por el Gobierno. Mientras el Banco de España defendía que las ayudas fuesen selectivas y dirigidas especialmente a los consumidores más vulnerables, el Ejecutivo se felicitaba por bonificar con veinte céntimos el precio por litro de los carburantes a todos los usuarios, independientemente de su renta. «Beneficia a las clases medias», afirmaba la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. Y no puede uno dejar de acordarse de aquel funambulismo dialéctico de Zapatero en 2008, cuando la famosa deducción de los 400 euros por cabeza, que para justificar que fuese para todos y no en función de la renta, sostenía sin sonrojo que era la medida «más democrática» del mundo, porque 400 euros suponían un porcentaje de la renta más alto para los más desfavorecidos y un porcentaje muy bajo para los más ricos. Voy a dejar una línea en blanco, como los poetas modernos, para que les dé tiempo de procesarlo. Porque tiene tela.

Tampoco estaban muy contentos la patronal y los sindicatos con el paquete de medidas, ya que ninguna de ellas había sido acordada con los agentes sociales. Esta falta de diálogo, tan del gusto de Sánchez este tensar la cuerda imprudentemente confiando en que sean los demás los que cedan por responsabilidad de Estado, hace peligrar el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva. Unos y otros, insatisfechos, reclaman contundencia al Gobierno ante la crisis, medidas efectivas con la máxima urgencia y un plan de choque más ambicioso y negociado. A Sánchez, plin. Lo que sí ha conseguido con la presentación de su Plan este Gobierno de coalición es unir a todos los grupos de la oposición en la crítica: la mayoría de los grupos parlamentarios coincidían en calificarlo de insuficiente. Y si a Ciudadanos le parecía inconcreto, al PP le parecía una pérdida de tiempo y a Vox, directamente, un bluf. El Gobierno, claro, los mira condescendientes y asiente con la cabecita, media sonrisa, con la desgana con la que una madre agotada les diría a sus hijos que sí, que claro que se va a pensar si finalmente cenan pizza si se van lavando las manos sin rechistar, aún sabiendo que el brócoli está ya listo. Y se lo van a tragar.