No hay más ciego que el que se cree tuerto

Acto público de campaña electoral del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez,
Acto público de campaña electoral del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, FOTO: ÁLVARO CABRERA EFE

L a encuesta del CIS da pábulo a la esperanza que se ha instalado en Ferraz. Que la derrota, fuerte derrota cabría decir, en Andalucía no tendrá una repercusión directa en las elecciones generales. Así, el doctor Tezanos nos deleita con unas encuestas plagadas de horquillas interminables y sin extrapolación de escaños que auguran un sonoro batacazo socialista, junto con una encuesta en la que Pedro Sánchez salva los muebles con la metáfora de fondo de que el efecto Feijóo hace aguas. Tezanos ciertamente hace bueno el dicho de no se conforma el que no quiere. A pesar del CIS, la realidad es tozuda y para el PSOE sombría. Tratar de poner al pairo Andalucía, como si sus resultados no fueran extrapolables en unas generales resulta incluso grotesco. No hay más ciego que el que se cree que es el tuerto.

El margen para la sorpresa es más bien escaso. Juan Espadas, que está en un buen sitio en el peor momento, no parece que tenga conejos que sacarse de la chistera para movilizar a una izquierda que se muestra anodina en esta campaña. Quizá, que la única manera de parar a Vox sea Juan Manuel Moreno Bonilla no ayuda para mover al electorado, e incluso algunos de los fieles del PSOE pueden votar al PP como voto útil. La disyuntiva para el exalcalde de Sevilla es endiablada. Se sitúa entre lo malo y lo peor. Lo malo, repetir los resultados de la muy denostada Susana Díaz y quedarse con 33 diputados. Eso se leería en Ferraz como un éxito, aunque ya hace tiempo que en Ferraz ni leen, ni estudian, ni tienen ni argumentos, ni estrategias ni alternativas. Lo peor, bajar de los 30 diputados, lo que sería tanto como un tsunami en el PSOE y que pondría a los susanistas, y al conjunto de barones, en pie de guerra exigiendo movimientos por parte de Sánchez. Recuerden, que solo se hace camino al andar. Necesariamente para adelante.

Hace un año, el presidente hizo una crisis de Gobierno para relanzar la legislatura. Lo único que ha conseguido es un conformar un equipo amorfo en el que la mayoría de los ministros han pasado sin pena ni gloria, e incluso algunos con mucha pena. Un mal resultado implicaría tener que volver a hacer movimientos y esta vez el revulsivo tiene que afectar a todo el ejecutivo, es decir, también a los ministros de Podemos. Aquí, el placet de Yolanda Díaz es necesario, pero quién sabe si suficiente. Y lo más importante, saber que en política, los experimentos ni con gaseosa.

Los continuos charcos en los que retozan socialistas y podemitas no ayudan a que los electores de la izquierda se movilicen, y en Andalucía la división también pasará su factura, tan alta como la de la luz o el gas. La izquierda si quiere revalidar el poder lo tiene que hacer bajo la fórmula de la coalición. Solo así podrá mantener La Moncloa. En Andalucía, esta opción se ha perdido y solo el PP suma más que las tres fuerzas de izquierda. Quizás la razón hay que buscarla en los puntos fuertes del presidente Moreno Bonilla, pero sobre todo hay que buscarla en las deficiencias de la izquierda en sus políticas y en sus relaciones. Y estas malas relaciones, junto con los graves errores en las políticas, llevan a que la frustración se imponga entre los votantes de las izquierdas por la miopía de sus dirigentes, mientras que sus adversarios saben lo que tienen que hacer y saben lo que tienen que votar. Solo una bala de plata podría ayudar a dar un revulsivo a Juan Espadas. Si la tiene, tarda en utilizarla. Y ya no vale agitar el espantajo de Vox. La alerta antifascista no tiene incidencia en un electorado hastiado y sometido a temperaturas de tórrido verano en el mes de junio. Y a todo esto hay quién se piensa que es el tuerto en el país de los ciegos.