Así suenan los cañonazos del Imperio español 300 años después

El buque escuela “Juan Sebastián de Elcano” visita al Museo de la Real Fábrica de Artillería de la Cavada, en Cantabria, durante su estancia en Santander.

Imagen del cañón
Imagen del cañón FOTO: La Razón (Custom Credit)

Los mares y territorios del imperio español se defendieron con cañones forjados en Las Montañas de Cantabria. Para entender esta parte esencial de la historia naval española, un grupo de guardiamarinas del Juan Sebastián de Elcano, acompañados por dos oficiales artilleros, visitaron el pasado viernes el museo de la Real Fábrica de Artillería de la Cavada, durante la estancia del buque-escuela en Santander.

El museo está situado en lo que era la antigua escuela del pueblo de Riotuerto, un edificio rectangular que rodean unos cañones del siglo XVII y XVIII. En el portillo de entrada nos espera Ángel Sebastián Cuadrado Carrera, presidente de la Asociación de Amigos del museo, que gestiona el espacio y las piezas. En el interior encontramos varias maquetas de navíos de guerra españoles, armaduras de infantería y una maqueta de todas las instalaciones que albergaba la fábrica de artillería. En una sala contigua sorprende al visitante la excepcional recreación de la estructura a escala real de una batería de línea, con tres cañones ubicados en la cubierta inferior de un navío en línea.

Los guardiamarinas de Elcano visitando el museo dedicado a la Real Fábrica de Artillería cántabra
Los guardiamarinas de Elcano visitando el museo dedicado a la Real Fábrica de Artillería cántabra FOTO: La Razón (Custom Credit)

No hace falta imaginarse cómo sonaban aquellos dragones de fuego y hierro en las batallas navales. Pudimos sentirlo de primera mano durante la visita. Fuera, frente al museo nos esperaba Ángel, pintor y voluntario de la Asociación – vestido con el traje de sargento español del siglo XVII – junto a un cañón inmenso. Los guardiamarinas formaron a unos metros detrás de la pieza de artillería y uno de los oficiales de Elcano dio la orden de hacer fuego. El ‘’sargento’' Ángel fue el encargado de encender la mecha. Al instante, un fortísimo fogonazo salió escupiendo fuego y humo.

Dos de los cañones que se pueden ven en el museo
Dos de los cañones que se pueden ven en el museo FOTO: La Razón (Custom Credit)

El cañón que se disparó era de 48 libras, un tamaño inmenso del que solo se realizaron cien unidades. Hoy solo quedan cinco, el Arsenal de Ferrol custodia cuatro y el quinto permanece vigilante frente al museo de La Cavada. La Real Fábrica de Artillería realizó 26.000 cañones útiles en toda su historia (1622 – 1834), que sirvieron para defender el comercio marítimo y las plazas fortificadas de todo el Imperio, desde Santoña a Cartagena de Indias, pasando por el Castillo del Morro de la Habana y las líneas defensivas de Acapulco y Malaca.

De la fundición solo quedan algunos edificios y la puerta de acceso, realizada en piedra, con una colada de hierro fundido en su interior para juntar las losas, que la hace prácticamente indestructible. La mandó construir Carlos III siguiendo el estilo neoclásico de los arcos triunfales que ocupaban las plazas de Madrid. Durante su reinado, el 9 de julio de 1622, se firmó una real cédula para nacionalizar la fábrica, que no solo siguió realizando armas de hierro, en sus hornos se forjaron también fuentes reales como la de los jardines de Aranjuez y San Idelfonso.

Desde un paisaje montañoso con verdes bosques, las aguas del río Miera impulsaron las máquinas de los hornos que trasformaron el hierro proveniente de las minas de Somorrostro y Cabárceno en armamento para defender un territorio donde nunca se ponía el sol.