El PP rompe el cordón sanitario que Sánchez logró en época de Rajoy

Génova se acerca a regionalistas y otras minorías como alternativa a Vox. Feijóo concreta la bajada del IVA a los alimentos básicos

Alberto Núñez Feijóo se decanta por una estrategia de acercamiento a los partidos regionalistas y a otras minorías con representación en el Congreso para crear una red de posibles alianzas ante las elecciones del próximo mayo que limite la influencia de Vox en la formación de gobiernos del PP.

Con la excepción de Bildu, y los partidos independentistas catalanes, la dirección popular se desprende de condicionamientos del pasado y se abre al pacto y al diálogo con todos, con la intención de romper el cordón sanitario –dicen– que el PSOE consiguió construir a su alrededor en la última etapa de Mariano Rajoy, utilizando como justificación los casos de corrupción que afectaban al partido. El PP estaba «mal visto» y sus siglas tenían un coste reputacional que alejaba cualquier posibilidad de negociación y entendimiento.

En Génova creen que las circunstancias se han dado la vuelta. Y que el relevo en la cúpula ayuda a dar un salto que no pudo hacerse en la etapa de Pablo Casado porque aquel equipo «no fue capaz» de superar el peso de la competencia directa con el partido de Santiago Abascal.

Ahora, los populares se lanzan a las elecciones de mayo dispuestos a utilizarlas como campo de experimento para demostrar que puede haber otras alternativas al acuerdo con Vox, aunque den por descontado que habrá ayuntamientos que dependerán de pactar con este partido. El objetivo es que sean «el menor número posible» de ellos.

Así, este PP no cree que la «meta volante» del próximo mayo deba servir como laboratorio de la coalición PP-Vox, para allanar el camino a Feijóo a La Moncloa y normalizar esos pactos, como sí valoraron en algún momento en el equipo de Casado.

Los socialistas han tomado ya nota de los movimientos en clave de alianzas postelectorales del PP y se han puesto en guardia para evitar tentaciones de sus potenciales socios. Pero el clima ha cambiado por el desgaste que implica la gestión del Gobierno de crisis como la pandemia o la energética, y estas fuerzas minoritarias han pasado de pantalla ante la perspectiva de que pueda cambiar el color de La Moncloa en las próximas elecciones generales.

Mientras, en clave nacional el PP sigue instalado en la ofensiva para vincular su marca con el lema de la bajada de impuestos a las clases medias y trabajadoras. Y en el lado contrario, el Gobierno se vuelca en la campaña dirigida a consolidar la imagen de que está comprometido con una política confiscatoria de los beneficios de la riqueza.

El líder del PP insistió ayer en la deflactación del IRPF y reiteró el discurso que acusa al Gobierno de quedarse con el dinero que los españoles pagan de más por la inflación para utilizarlo con fines electoralistas.

Tras presidir el Comité Ejecutivo, Feijóo dio una vuelta de tuerca a este mensaje y anunció una nueva medida que exige al Gobierno de coalición. Si no deflactan el IRPF, pide que se rebaje el IVA de una cesta de productos básicos del 10 al 4 por ciento.

Esta rebaja debe afectar a la carne, el pescado, la pasta seca, los aceites y las conservas. Según detalló, la rebaja supondría dejar de ingresar unos 970 millones de euros, que se compensarían con los más de 1.000 millones de euros «extra» recaudados a cuenta del incremento de los precios de la cesta de la compra. El Gobierno ya ha implementado varias propuestas de los populares, como la rebaja del IVA de la luz y del gas.

Mientras el jefe del Ejecutivo se presenta como el que ataca a los grandes patrimonios, Feijóo le hace competencia con el eslogan de que él no quiere acabar con los ricos, sino que lo que quiere «es que no haya pobres». El político gallego busca, además, poner sordina a la campaña de la izquierda que le acusa de beneficiar a las grandes fortunas por suprimir o bonificar parcialmente el impuesto de patrimonio.

La negociación de los Presupuestos obliga al Gobierno a recuperar la idea de la subida de impuestos, de la que aseguran que dejarán fuera a «la clase media y trabajadora». Entre los gravámenes que pueden ser revisados al alza está el IRPF en las rentas del ahorro, además del anunciado impuesto a las grandes fortunas.

Esta subida selectiva de impuestos había sido aparcada, junto con el informe del comité de sabios, pero Moncloa la ha puesto de nuevo encima de la mesa para contraatacar a la presión del PP.