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26-M, la cita decisiva: El mapa territorial, en manos de las alianzas

El PSOE se impondrá en votos según la extrapolación del resultado de las elecciones, pero la clave para gobernar serán los pactos.

  • Los partidos esperan los resultados del 26-M para arrancar los pactos de investidura
    Los partidos esperan los resultados del 26-M para arrancar los pactos de investidura

Tiempo de lectura 4 min.

25 de mayo de 2019. 02:59h

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Carmen Morodo Madrid. 25/5/2019

El puzzle electoral del domingo tiene demasiadas piezas como para adelantar con rigor las predicciones generales. La batalla en votos está entre el PSOE y el Partido Popular por implantación territorial, y la inercia apunta a que la movilización del voto de izquiaerdas sigue estando muy alta, pero los populares confían en recuperar papeletas que se les fueron a Vox. Ayer las cifras confirmaban que el voto por correo ha bajado un 30 por ciento, pero no se sabe si esa abstención es de la izquierda, híper movilizada en las generales, o de la derecha desencantada tras el resultado de abril. En el cuartel general del Partido Popular advierten de que cualquier teoría al respecto es «pura especulación» lo que confirma la incertidumbre con la que una vez más se plantean estos comicios. La participación se estima en un 68 o 69 por ciento. Cuando en 2015 fue del 64,9 por ciento.

En el bloque de izquierdas Podemos se juega su fuerza real para afrontar la negociación de su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez porque esa negociación será global, teniendo en cuenta las posibles alianzas territoriales que pueda interesarles conformar según queden repartidas todas las «cartas». En el bloque de derechas el PP es el que, sin duda, arriesga más. Después del desastre electoral de las generales, aunque Génova haya acuñado el lema de que el lunes comienza la «era Casado» lo cierto es que la estabilidad de la dirección nacional del partido depende del resultado de estos comicios del domingo. Si el PP pierde la Comunidad de Madrid o no mantiene en líneas generales su poder actual, Casado tendrá un problema por mucho que sea cierto que heredó un partido con un desgaste acumulado muy grande por decisiones y hechos «del pasado».

La gran batalla se juega en Madrid. Pero no sólo. La conversión a votos de los resultados de las elecciones generales anticipa, según NC Report, un reparto en estas autonómicas y municipales en el que el PSOE se impondría con casi el 30 por ciento. Mientras que el PP se quedaría en segunda posición con el 22,5 por ciento. No habría sorpasso de Ciudadanos al Partido Popular, y, de hecho, los de Pablo Casado conseguirían tanto votos como la suma de Ciudadanos y Vox. No obstante, aunque tradicionalmente siempre se ha medido el resultado de estos comicios con la referencia del cómputo global de votos, en esta ocasión la lupa también estará puesta en hasta qué punto una nueva política de alianzas altera el equilibrio territorial de 2015.

En principio, el cruce de sondeos señala que el PP tiene altas probabilidades de conservar la Comunidad de Madrid y Murcia. Pero hay dudas en feudos muy relevantes y que ya sólo se resolverán el domingo. Por ejemplo, en Castilla y León el bloque de la derecha parece que se impone al de las izquierdas, pero podría llegar a ser viable el Gobierno del Partido Socialista y Ciudadanos, porque según los datos de campaña también suman.

En Castilla-La Mancha también hay mucha igualdad entre el bloque de izquierdas y derechas. Y existe esa tercera alternativa que sería la suma del PSOE y Ciudadanos. La incertidumbre electoral marcará además la jornada de reflexión en Baleares, donde las fuerzas están muy equilibradas, pero con una ligera ventaja hacia las izquierdas y los nacionalistas. El resultado es incierto y el PI puede ser el decante el Gobierno de un lado o de otro.

El PSOE sí parece que puede conservar con claridad Asturias, Aragón y Extremadura, según datos que comparten además los cuarteles generales de los populares y de los socialistas. En Asturias pactando con Podemos e IU, pero en las otras dos puede tener margen para elegir entre Podemos e Izquierda Unida o bien a Ciudadanos.

Para mantener La Rioja, el bloque de la derecha supera en escaños al de la izquierda, pero si como parece no llega a la mayoría, entonces el Partido Riojano será quién confirme o quite el gobierno regional al PP. Para Génova, perder La Rioja sería un golpe importante, porque es uno de sus feudos que tradicionalmente le han permitido exhibir músculo electoral.

En Canarias la partida también está totalmente abierta. Las urnas pueden inclinar la balanza del lado de permitir un Gobierno de izquierdas, liderado por el PSOE, y que integre hasta a cuatro partidos diferentes. O bien uno de centro derecha, con Coalición Canaria al frente y sustentado por PP y Ciudadanos. Ojo porque el voto de Ana Oramas, por Coalición Canaria, también puede ser determinante en el Congreso para la investidura de Sánchez, y Oramas advierte desde hace tiempo que no dará su apoyo a un Gobierno del que forme parte Podemos.

Por último, el caso de Navarra, donde parece que hay un mapa que puede estar sometido a las alianzas que se puedan tejer a nivel nacional. El PSOE tiene la llave del nuevo Gobierno. O se alía con los batasunos, independentistas, Podemos e Izquierda Unida, o pacta con Suma Navarra y, entonces, sí podría formarse un Gobierno constitucionalista en la comunidad foral, con la importancia simbólica de este hecho ante las tensiones rupturistas que llegan de Cataluña y la ambivalencia del PNV bajo la presión batasuna. Pero las necesidades de Sánchez en La Moncloa condicionarán, sin duda, los otros repartos autonómicos y municipales.

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