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El "sorpasso" a Puigdemont

ERC y JxCat se juegan el liderazgo del movimiento secesionista en Cataluña y la hoja de ruta de su relación con Moncloa.

  • El ex presidente autonómico catalán, Carles Puigdemont
    El ex presidente autonómico catalán, Carles Puigdemont /

    Efe

Tiempo de lectura 4 min.

19 de abril de 2019. 20:25h

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Toni Bolaño 19/4/2019

Cataluña inicia con las generales una larga campaña que culminará no el 28 de abril, sino el 26 de mayo. Además de medir las fuerzas de las diferentes fuerzas políticas, en Cataluña se juega quién será de entre los partidos independentistas el que marque la hoja de ruta y cuál de los constitucionalistas el que fije los criterios de relación con los separatistas. No sólo se juega quién tendrá más representantes sino si en Cataluña y España se impone el diálogo o la confrontación.

Oriol Junqueras abrió la campaña electoral con una carta a la militancia republicana desde la cárcel en la que ha puesto su línea de actuación: negociar con el PSOE sin ningún cheque en blanco. Los presos de Junts per Catalunya se sumaron a esta petición y Puigdemont tuvo que salir a poner orden: nada de apoyo a Sánchez y bloqueo de la situación porque cuánto peor mejor. Las encuestas vaticinan un gran triunfo de los republicanos en las generales. El Centro de Investigaciones Sociológicas les da incluso 18 diputados, una victoria que jamás un partido nacionalista ha logrado en unos comicios generales. Otras encuestas apuntan que serán los socialistas los que ganen las generales. No lo han hecho desde 2008, con Carme Chacón al frente.

Junts per Catalunya ha configurado una lista en la que ha barrido a la vieja guardia de la vieja Convergència. Los purgados esperan agazapados los resultados para plantar cara a Puigdemont fundando un nuevo partido o rendirse definitivamente a su liderazgo. De momento, la lista de Puigdemont puede tener el peor resultado de la historia del espacio convergente. La mejor encuesta los sitúa en 6 diputados. Quizás por estos augurios, las huestes de Puigdemont guardan toda la artillería, dando por perdidas de antemano las generales, para las elecciones europeas dónde se producirá un esperado mano a mano: Junqueras contra Puigdemont.

Quien gane en todo este proceso, y sobre todo en el enfrentamiento directo entre los dos líderes, será el que marcará la hoja de ruta del independentismo. Junqueras aboga por negociar con el PSOE, deseando que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, y evitar un tripartito de derechas. Para los republicanos, mientras se negocia con el gobierno del Estado hay que gobernar en Cataluña, algo que Puigdemont y Torra consideran una cesión y encaminan todos sus esfuerzos a lograr la quimérica República Catalana y no a gobernar una autonomía. Y otro detalle, en Esquerra esperan ampliar su base social porque son conscientes de que es necesario aumentar el apoyo al independentismo porque, según explican, no es posible imponer una idea a la mitad de los catalanes que están en contra. Torra, sin embargo, quiere romper de forma inmediata y plantear una declaración unilateral, incluso sin un nuevo referéndum, porque según los neoconvergentes el Estado no está por la negociación.

Además de generales y europeas, la batalla independentista se va a librar en las municipales. Tampoco en este punto pinta nada bien para las fuerzas del ex presidente fugado a Bélgica. Las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona le niegan una victoria, y se tendrá que contentar con el control de ayuntamientos, menos poblados, de la Cataluña interior, aunque sacará pecho porqué en número de consistorios puede ganar la contienda. En esta batalla, la Asamblea Nacional Catalana ha tomado partido, descaradamente, por Puigdemont frente a Junqueras al que acusan de blando. En un comunicado, la ANC aseguró que sólo dará apoyo a las candidaturas municipales genuinamente independentistas porque no vale sólo con declararse independentista: «No es tiempo de voluntades, sino de trabajo». Es más, la ANC está promoviendo iniciativas para evitar pactos con los partidos constitucionalistas, PSC y Comunes, para bloquear así a ERC, que ve con buenos ojos esta posibilidad.

En el mundo constitucionalista, los cambios que se vislumbran auguran cambios radicales en la situación política. Los socialistas, que hace dos años estaban prácticamente desahuciados, pueden ser la primera fuerza constitucionalista, aupados por el empuje de Pedro Sánchez. Inés Arrimadas apenas podrá capitalizar su victoria de hace dos años en las autonómicas repitiendo resultados y los grandes derrotados serán los Comunes de Colau, que pierden la mitad de los escaños, y los populares encabezados por Cayetana Álvarez de Toledo, que lucha a la desesperada por conseguir representación. Un PP catalán fuera del Congreso tendría un importante impacto en la acción política de Pablo Casado.

Las previsiones de todas las encuestas apuntan que ERC y PSC, los partidarios de dar aire a una negociación, que ambos apuntan larga y compleja, ganarán las elecciones en detrimento de los partidarios del enfrentamiento y de mantener la tensión social y política –PP, VOX, que puede obtener diputados por Barcelona, y Ciudadanos, por un lado, y JxC por otro–, dejando también en fuera de juego a los Comunes que pagarán en estos comicios sus vaivenes y veleidades. En este Juego de Tronos catalán, Colau se la juega todo a una carta: si no mantiene la alcaldía de Barcelona su partido puede sumirse en una seria crisis. De hecho, en más de 20 importantes ciudades catalanas los Comunes concurren ante las urnas con varias listas.

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