Toni Bolaño

Error o trampa saducea

Decir que Ramón Tamames está mejor para sopitas que para buen vino es una evidencia

Ramón Tamames
Ramón TamamesRTVERTVE

«Las estrategias no se explican, se aplican». Esta es una de las piedras filosofales de la ciencia política. Junto a ella, otra máxima: «Vales más por lo que callas, que por lo que cuentas». Teniendo en cuenta este binomio, sorprende el anuncio de la moción de censura de Vox con todo lujo de detalles. El candidato no hablará de aborto, violencia de género, feminismo y modelo autonómico porque, según se ha publicado, tiene discrepancias con la formación de Santiago Abascal. Toda una declaración de intenciones que lejos de poner sombras sobre estos temas enciende todos los focos. A simple vista, un error, porque se está hablando más de lo que se calla y se está explicando la estrategia, dando supuestamente una munición sorprendente a los adversarios, que no son pocos.

¿Esto es así? ¿Es tan burda la estrategia? ¿Es un farol para jugar al despiste? Si es un error, solo se puede calificar de garrafal, pero la duda salta cuando piensas: ¿y si no lo es? Los partidos han acogido la presentación de la moción con prudencia. Y todos hablan de respeto hacia el candidato. Decir que Ramón Tamames está mejor para sopitas que para buen vino es una evidencia, pero quién se mofe de la edad del candidato puede cometer un error de alto standing. Tratarlo con menosprecio también puede ser un arma de ida y vuelta. Por tanto, todos los partidos han evitado el ataque en las formas.

El fondo, lo que diga el candidato, es el siguiente escollo. Además de buscar los puntos débiles de Tamames por sus diferencias con Vox, que el señor candidato tendrá preparadas puntuales y esmeradas respuestas –eso espero–, el debate es, redundando con su permiso, el debate de quién polemiza con el candidato, más allá del mitin previo que nos ofrecerá Santiago Abascal en papel de telonero, pidiendo que Sánchez se vaya, que hunde España, que es un traidor porque rompe España, que pacta con independentistas y terroristas, que el Gobierno es ilegítimo y la sarta de veleidades habituales.

Los partidos estudian su estrategia frente a Vox. Sabe que no ganará la moción pero puede arañar votos, y el principal damnificado será el PP si las cosas les salen bien. Juegan los de Vox con lo que parece una ventaja: Feijóo será un simple convidado de piedra y los de Tamames se encargarán de poner el dedo en la llaga del liderazgo de los populares. El PP, por su parte, utilizará la ausencia de Feijóo para bajar el nivel del debate y de su impacto. La izquierda estudia no intervenir para no dar pábulo, y minutos de televisión, a los ultras. El problema de esta no intervención puede tener efectos contraproducentes. Delante no tienen al lenguaraz Abascal, tendrán a un señor entrañable que más que una intervención política nos ofrecerá una clase magistral, en las formas y en el fondo. ¡Cuidado con despreciar al oponente! Porque ahora el oponente puede ser un lobo, que lo es para prestarse a esta pseudo moción de censura, pero solo enseñanza su piel de cordero.

Encontrar el tono no será fácil para los contrarios a la moción. O sea, todos menos Vox. Ante esta dificultad, ¿por qué Vox enseña las cartas con sus puntos débiles? Es la gran incógnita y acusarles de mediocres es todo un error. A Kiko Méndez Monasterio se le puede decir de todo, menos mediocre. Desconozco la estrategia, pero ahora el siguiente movimiento no les corresponde. Les toca esperar y a la mayoría demócrata del Parlamento dibujar bien su estrategia, que puede no ser coincidente porque todos tienen aristas que preservar ante las elecciones municipales y autonómicas. Se han podido equivocar los de Vox señalando sus debilidades, pero también pueden acertar en el movimiento con una trama saducea, porque no hay peor enemigo político que uno mismo cuando se considera superior y con autoridad moral. Lo que está claro es que no es una moción inocua, porque las mociones las carga el diablo.