
Tomás Gómez
Las razones de Sánchez
¿Por qué Sánchez resiste contra viento y marea? Solo caben dos respuestas: o ansía desmedida de poder o el mantener un estatus personal

Todo apunta a que el Gobierno tampoco podrá aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el 2025. Dos años sin política fiscal es equivalente a la mitad de la legislatura sin gobernar.
Siempre cabe la posibilidad de que los independentistas saquen otra buena rebanada y terminen por dar el apoyo a Sánchez para que saque adelante las cuentas. Claro está que, en esas condiciones, tampoco gobierna el Ejecutivo, sino que ERC y Junts serían virtualmente los directores de orquesta.
El coste para el PSOE en todas las comunidades, excepto Cataluña, es tremendo, no solo ha perdido la mayoría de los gobiernos autonómicos y municipales, sino que en algunas regiones roza la marginalidad. La pregunta obvia, después de este análisis, es sobre cuáles son las razones que tiene Sánchez para no convocar elecciones. Desde el punto de vista político, no hay ninguna. Prolongar una situación de ingobernabilidad, con chantajes de la minoría independentista y con una clara descomposición de su socio de gobierno, es una irresponsabilidad para el país.
Tampoco es previsible una recuperación de voto para el PSOE. Ni hay revulsivos que puedan parar la tendencia, por lo que el camino que queda por delante se dibuja como una lenta agonía. En esas condiciones, ¿por qué Sánchez resiste contra viento y marea? Solo caben dos respuestas: o un ansía desmedida de agarrarse al poder o el mantener un estatus personal que venga acompañado de una buena vida.
Tal vez, sean las dos cuestiones las que operan a un mismo tiempo. Los intentos de control parlamentario y, sobre todo judicial, apuntan en esa dirección, que es la de permitir el ejercicio del poder desde un corto margen de maniobra que es el que tendría siendo leal a la Constitución de 1978.
Habrá que esperar a la instrucción de los casos investigados de la esposa y hermano del presidente, pero aunque no se deriven responsabilidades de tipo penal, la conducta no responde a la ética exigible a un presidente, es más, a un presidente socialista. A la política se llega a servir, no a servirse.
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